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La Proveeduría de Y.P.F., un centro comercial que hizo historia en Comodoro

jueves 03 de noviembre de 2022
La Proveeduría de Y.P.F., un centro comercial que hizo historia en Comodoro
La Proveeduría de Y.P.F. fue un gran centro comercial que benefició a los trabajadores del yacimiento. Foto: Archivo Crónica
La Proveeduría de Y.P.F. fue un gran centro comercial que benefició a los trabajadores del yacimiento. Foto: Archivo Crónica

Menaje, bazar, tienda, zapatería, verdulería, almacén, bombonería, panadería, carnicería. Las secciones de la Proveeduría de Y.P.F. invitan a un paseo de compras amplio y económico. Claro que sólo acceden a él los empleados de la empresa petrolera, quienes para entrar presentan el carnet de la obra social. En la caja, la llave mágica es un número: el legajo del trabajador.

Desde 1946, está abierto este gran centro comercial, en General Mosconi, sobre Ruta 3. Es una gran construcción de dos plantas que reemplaza a la vieja “prove”, que estaba detrás de la Comisaría, donde unos años más tarde se instalará una de las más importantes plazas de este barrio. A pocos metros de este edificio, funcionaban la carnicería, la panadería y la verdulería.

La nueva Proveeduría tiene de todo. La “tira de pan” de la panadería de la empresa, muebles a precios de Buenos Aires, carne de faena propia en el matadero de Kilómetro 4, ropa, alimentos de la estancia que la empresa posee en El Trébol, artículos del hogar, materiales de la construcción, golosinas, útiles escolares. Todo lo que una familia necesite comprar está en estos dos pisos llenos de góndolas grandes y mostradores amplios.

Tiene dieciséis vidrieras gigantes sobre el frente y el costado que da a la Administración, aunque una década más tarde éstos serán transformados en locales individuales. Hasta su cierre, en la década del ´90, continuarán funcionando fiambrería, entrando a mano izquierda y bombonería, sobre la derecha.

 

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Para comprar, si el sueldo se hace corto, la empresa da dos posibilidades, el crédito ordinario para los alimentos, y el especial, para ropa y otros elementos. Los dos se descuentan por planilla, en cuotas en este último caso.

Si bien todos parecen beneficios para los empleados, la Proveeduría había nacido con el aporte de ellos, durante la gestión de Enrique Mosconi al frente de los Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Surge en forma de cooperativa, con el personal de la empresa como accionista. “En los primeros sueldos se les descuenta una parte para incorporarse al sistema. De a poco, se transforma en proveeduría y, alrededor de los 40, esta dependencia pasa a formar parte de un departamento en Buenos Aires”. (1)

Son cuatro las proveedurías de estas características que Y.P.F. tiene en el país, en Mendoza, Plaza Huincul, Salta y Comodoro Rivadavia. Aquí, a la casa central, se suman las sucursales, que se instalan en los campamentos y algunos barrios del personal de la empresa. En Kilómetro 5 y en barrio Ameghino funcionan dos de ellas.

Son construcciones de chapa, mucho más pequeñas que la que está al lado de la Administración, pero tienen lo necesario para sacar a las familias de cualquier necesidad urgente. También los comedores económicos dependen de la Proveeduría.

Y el comercio en general funciona a partir de este gran regulador de precios, aunque, claro está, no hay lugar más barato.

Tampoco cualquiera puede ingresar a vender a los barrios de la empresa, ya que se requiere una autorización especial de Y.P.F.

Los negocios de Kilómetro 3 son concesionarios, en un esquema que se prolonga hasta 1960 aproximadamente.

El brillo de la “prove” recién se opacará antes de la reestructuración de la empresa, sobre finales de los ochenta. Un poco antes, entre 1973 y 1976, el local batirá todos los récords de venta, y su presupuesto mensual será de cinco millones de dólares mensuales. Pero llega 1990 con la reestructuración de la petrolera. Los elementos comienzan a escasear en las góndolas, los pasillos parecen más desolados y el local, más grande en virtud del vacío que van dejando los últimos lavarropas, cocinas, pantalones y enseres en general.

Aún cuelgan de sus paredes esos grandes espejos que muestran todo el local, pero las caras de los compradores no son de alegría sino de preocupación por un futuro incierto. Aparecen las ofertas de productos de poca venta, la variedad de artículos es apenas un recuerdo.

 

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Ya no es tan estricto el control en el ingreso y algunos se animan a entrar por primera vez, aunque sea, a imaginar el movimiento que tuvo este gran supermercado unos años atrás. Quedan pocas cosas, pero los precios realmente son bajos en comparación con otros locales.

En 1991, cierra definitivamente sus puertas. Aún quedan en el recuerdo los paquetes con papel madera del azúcar y las bolsitas de carnicería o verdulería, con letras azules que identificaban a los productos de la Proveeduría de Y.P.F., que amas de casa y chicos exhibían orgullosos en sus salidas de compras.

 

Extraído del libro "Crónicas del Centenario" editado por Diario Crónica en 2001

Referencias en la nota

(1) Entrevista a Víctor Versan. Crónica. 7 de julio de 1992.

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