HISTORIAS DE PIONEROS
La gesta de Salomón Páez: el hombre que trajo el oeste catamarqueño a Comodoro para trabajar en "Don YPF"
El descubrimiento del petróleo el 13 de diciembre de 1907 marcó un antes y un después en la configuración demográfica de la Patagonia. En los años subsiguientes, la población de la región registraba un componente predominantemente extranjero: los informes de la época estimaban que más del 93% de los habitantes provenían de otros países, principalmente de Europa. En Comodoro Rivadavia había un total de 1.720 obreros petroleros y solamente el 3,3% eran de origen argentino.
Ante este escenario, el gobierno nacional impulsó un plan estratégico con un objetivo claro: argentinizar el territorio mediante el traslado de nativos de otras provincias.
Los habitantes del oeste de la provincia de Catamarca, quienes hasta entonces subsistían bajo el régimen de conchabo en la zafra de Tucumán, Salta y Jujuy, fueron los elegidos para cambiar el rumbo de la migración interna del país. Dejaron las plantaciones del Norte para asentarse en una geografía inhóspita, signada por vientos hostiles y un lenguaje laboral desconocido, dictado por capataces europeos. Aquella gesta provincial, fundamental para la soberanía del país, encuentra en la figura de Salomón Páez a uno de sus pioneros más notables.
La planificación estatal y el rol de YPF
El proceso de nacionalización de la mano de obra se articuló formalmente a partir de 1916. Para coordinar el poblamiento, el gobierno nacional designó al médico catamarqueño Rafael Robín Escalante como gobernador del Territorio Nacional de Chubut, quien asumió el 2 de febrero de 1918. El funcionario armó sus equipos de Salud y Educación con profesionales de su misma provincia para que los migrantes encontraran su propia tonada al llegar.

Con la creación de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF) en 1922, bajo la gestión de Enrique Mosconi y el respaldo de la presidencia de Hipólito Yrigoyen, el traslado de familias se intensificó. La empresa estatal implementó un modelo que incluía viviendas, escuelas, proveedurías y servicios sanitarios. Tal como reflejan registros históricos que se conocieron en una publiacación de Revista Express de El Ancasti, titulado "Recordando a don Salomón Páez", el interés central de la compañía petrolera radicaba en nacionalizar la fuerza de trabajo, promoviendo el arribo masivo de riojanos, salteños y, especialmente, catamarqueños.
En ese contexto emergió la labor comunitaria de Salomón Páez, oriundo de Copacabana, Tinogasta. Tras afianzarse en la actividad, Páez fue seleccionado para retornar periódicamente al Norte argentino con la misión de reclutar a jóvenes dispuestos a radicarse en la Patagonia. Su legado técnico fue tal que, según recuerdan antiguos pobladores, se convirtió en un especialista en perforación con la experiencia suficiente para orientar a los ingenieros recién egresados que arribaban a los yacimientos.
Raíces, arraigo y transformación del paisaje comodorense
A diferencia de otros contingentes que abandonaban la zona debido al clima, las familias del Norte se adquerenciaron y transformaron los campamentos desérticos. En las viviendas otorgadas por YPF, los pioneros catamarqueños instalaron criaderos de animales y plantaron frutales como damascos, duraznos y vides, modificando la fisonomía del entorno sureño.

La descendencia de estas familias continuó ligada al desarrollo local. En el caso de Páez, cuatro generaciones de su núcleo familiar mantuvieron el vínculo laboral con YPF. Su nieta, Lucía Chanampa, recuerda que el pionero también volcó su actividad al ámbito institucional: integró el Sindicato Unido de Petroleros del Estado y participó de la fundación del Centro Catamarqueño, Mutual y Cultural “Juan René Alaniz” de Comodoro Rivadavia en 1946, donde ejerció como vocal y vicepresidente.
El impacto de este flujo migratorio, que inicialmente respondió a una política demográfica y patriótica del Estado, definió la identidad de la comunidad comodorense, consolidando un puente cultural y social entre el Oeste catamarqueño y las costas del golfo San Jorge.
Cómo los agricultores de Tinogasta se convirtieron en petroleros clave
Para muchos comodorenses, la masiva presencia de familias oriundas de Tinogasta en la región fue durante décadas una incógnita cotidiana, como para Omar Quinteros. Sin embargo, detrás de ese arraigo existió una planificación social y patriótica promovida por el Estado nacional para poblar Comodoro.

Omar Quinteros, hijo de aquellos pioneros norteños, llegó hasta la redacción de Crónica sorprendido con el artículo periodistico en la mano, en el que se reconstruía la historia de la migración que transformó la identidad de la ciudad.
"Toda la vida me pregunté por qué había tantos, y todos de Tinogasta prácticamente", reflexiona Quinteros, cuyo padre llegó desde la localidad de San Roque, mientras que su madre provenía de El Puesto, un pueblo del cual migró gran parte de sus habitantes hacia Comodoro.
El paso de una matriz netamente agrícola a la actividad hidrocarburífera representó un cambio rotundo para las familias. "Siempre admiré la procedencia de agricultores de uvas y olivos, a cómo lograron ser petroleros de primer nivel", destacó Quinteros.
La adaptación fue exitosa al punto de que los operarios del Norte alcanzaron puestos destacados por su idoneidad técnica en los yacimientos. Aunque también historiadores locales plantean que ello era parte del plan, sacar de lugares estrategicos a trabajadores extranjeros con fuerte impronta sindical y ocupar esos lugares con trabajadores del norte argentino.
El padre de Omar, según contó, también siguió un camino de especialización, llegando a desempeñarse como jefe de equipo.
Arraigo urbano y convivencia multicultural
El impacto de la comunidad catamarqueña no se limitó al ámbito laboral, sino que modificó las costumbres y la geografía urbana de los antiguos campamentos. Frente al clima hostil, los migrantes demostraron una notable capacidad de adquerenciarse. Las viviendas otorgadas por la empresa estatal comenzaron a poblarse de animales de granja y huertas con damascos, duraznos y vides, introduciendo una tradición verde en medio del paisaje desértico de la Patagonia. "Casi transformaron un poco la mentalidad del sureño, porque los demás venían, trabajaban un tiempo, no soportaban y se iban", recuerda Quinteros.

Petrona, una vecina de la zona norte también oriunda de Catamarca recuerda ante este diario que su madre tejía algunas mantas para "Don YPF" en forma de regalo, para que su hermano lleve desde Tinogasta al sur de Chubut. Resulta que "Don YPF", era la empresa que los cobijaba en Comodoro.
La integración social con las corrientes migratorias de ultramar fue otra de las características de este proceso. Omar rememora que en su infancia convivían estrechamente con vecinos de origen yugoslavo, al punto de generar lazos de parentesco e integración religiosa. Asimismo, la necesidad de contención espiritual y asistencial llevó a la fundación del Centro Catamarqueño, una institución histórica de Comodoro Rivadavia que en la actualidad continúa prestando servicios comunitarios y de salud.
Para Quinteros, rescatar estos hechos resulta indispensable para que las nuevas generaciones comprendan que la conformación demográfica local no fue una casualidad fortuita de familiares que se traían unos a otros, sino una verdadera gesta institucional destinada a asegurar la soberanía. El legado permanece vigente en los hijos y nietos de aquellos trabajadores que decidieron quedarse y echar raíces definitivas en el golfo San Jorge, cuando ya la empresa YPF se retiró casi por completo de los yacimientos de la región.