El séptimo arte
Día Mundial del Cine: Un recorrido desde la primera película hasta las palomitas de maíz
El Día Mundial del Cine no tiene una fecha propia asignada; sin embargo, se celebra anualmente cada segundo sábado de febrero, que en 2025 es el día 8 de este mes.
En un homenaje al séptimo arte, la fecha celebra mucho más que la existencia de otro tipo de entretenimiento: es una experiencia inspiradora que nos emociona y nos traslada a rincones espacio temporales que pueden estar fuera de nuestro alcance en la vida real.
Tanto es así que los propios involucrados en la producción cinematográfica suelen describir este proceso con gran pasión e ilusión, como es el caso del productor y director estadounidense Francis Ford Coppola, quien lo definía con la famosa frase "A mí del cine me atrajo su componente mágico, yo quería crear en ese mundo".
Pero, ¿de dónde viene esta magnífica costumbre de reunirnos en salas para disfrutar de una buena película y un cubo de palomitas? ¿Cómo hemos llegado a grabar y reproducir historias en una pantalla?
Tal y como puedes imaginar la evolución de la ciencia y la tecnología, junto con una buena cantidad de ingenio humano, han estado detrás de este proceso que nos ha dejado auténticas joyas, películas tan icónicas como Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960) o La Guerra de las Galaxias (George Lucas, 1977), entre tantas otras.
Los inicios del cine
No se puede hablar del nacimiento del cine sin mencionar a los hermanos Lumière, creadores de la fotografía instantánea y, más tarde, del primer cinematógrafo en 1895. Estos emprendedores franceses recibieron el legado retratista de su padre, y lo llevaron mucho más allá, construyendo un imperio propio en el sector de la imagen estática y audiovisual.
Entre tantas otras cosas, consiguieron componer una secuencia corta de fotografías para captar el movimiento, y luego proyectarla sobre una pantalla. Así, la que se considera la primera película de la historia fue registrada como un ensayo de esta nueva técnica delante de su fábrica, y tiene apenas un minuto de duración. Se trata de Salida de la fábrica Lumière, y fue todo un éxito entre el público.
Sin embargo, la aparición del cine tal y como lo conocemos a día de hoy es el resultado de varias intervenciones y avances a los que distintos individuos han contribuido. Estas primeras películas todavía no incluían montajes ni una historia, sino que reproducían escenas únicas, sin cambios de plano, y cotidianas, representando la realidad.
Poco a poco, el creciente interés del público en este medio hizo que Georges Méliès, un ilusionista francés interesado en el teatro, empezara a considerarlo una nueva forma de espectáculo e introdujera las primeras narraciones a las películas. Su contribución a este arte, además de las primeras actuaciones guiadas, es la introducción de montajes y efectos especiales.
Georges Méliès (izquierda) en su primer estudio.
Al mismo tiempo, en los Estados Unidos, Thomas Edison se apropiaba del invento de uno de sus operarios: el quinetoscopio, un dispositivo destinado a ver películas de forma individual que serviría como antecesor de los proyectores de cine. Así, se crearon salas acondicionadas para el visionado, que en el futuro pasarían a ser las primeras salas de cine con la llegada a América del cinematógrafo.
EL PRIMER LARGOMETRAJE
La primera película de larga duración, según los registros de la UNESO "Memoria del Mundo", se estrenó en 1906: The Story of the Kelly Gang, escrita y dirigida por Charles Tait. Se trata de un largometraje en blanco y negro de aproximadamente una hora de duración, basado en la vida real de Ned Kelly, un forajido australiano.
Aun así, cabe destacar que hasta entonces el cine seguía siendo mudo a falta de mejoras técnicas que permitieran registrar y emitir sonidos de calidad en las películas. El cine hablado no llegaría hasta el año 1926 de la mano de los hermanos Warner, y la primera película sonora de la historia, El cantante de Jazz de Alan Crosland se estrenaría un año más tarde.
Conocido como el séptimo arte
La costumbre de numerar las artes para otorgarles valor proviene de la Antigua Grecia, pero su jerarquía ha cambiado mucho desde entonces. De hecho, las seis artes seleccionadas desde la antigüedad no tenían una clasificación universalmente aceptada.
En su obra Manifiesto de las Siete Artes, publicada en 1911, el dramaturgo italiano Ricciotto Canuto incluía el cine en esta lista de relevantes manifestaciones artísticas, donde también encontramos la escultura, la pintura, la música o la poesía, entre otras disciplinas.
LOS PREMIOS OSCAR: UN RECONOCIMIENTO AL MEDIO DEL MOMENTO
La primera edición de los Premios de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de Estados Unidos se entregaron durante un banquete en Hollywood en el año 1929, con la idea de reconocer y destacar a los profesionales de la industria.
La actriz Janet Gaynor recibe el premio Oscar a Mejor Actriz en el año 1929, la primera edición de la gala.
Los humildes orígenes del cine justo comenzaban a quedar atrás: aparecían las primeras películas sonoras, más largas, y más pronto que tarde aparecería el cine en color. Por tanto, se puede decir sin miedo a equivocarnos que la exitosa tradición de los Oscars ha evolucionado junto con el propio cine.
Sus icónicos sobres sellados no existieron desde el inicio. Durante la primera década los resultados se entregaban a los medios, quienes debían publicarlos la misma noche de la gala mientras los invitados estaban en el evento. Sin embargo, en 1940 el periódico Los Angeles Times se adelantó, publicando los ganadores en su edición de tarde. Desde entonces, el contenido de los sobres solo se da a conocer al mundo en el mismo momento del anuncio por parte de los presentadores de la gala.
Una película y... ¿palomitas?
Hoy en día, incluso si nos ponemos una película en casa, muy probablemente nos pase por la cabeza hacer palomitas como forma de terminar de acomodarnos y disfrutar del espectáculo. Se trata de una costumbre tan afianzada que la conexión entre ambos conceptos es casi inmediata. Pero, ¿por qué?
Las palomitas de maíz ya se vendían en ferias, parques o eventos deportivos desde la década de 1890, pero por entonces los cines todavía eran salas relativamente lujosas, destinadas a un público refinado, donde no se podía entrar comida.
Con la llegada del cine sonoro las películas se volvieron más accesibles a todo aquel que no supiera leer, y su público se amplió, volviéndose una forma de entretenimiento más asequible incluso durante la década de 1930, cuando llegó a Estados Unidos una fuerte crisis financiera que pasaría a ser conocida como la Gran Depresión.
El maíz, un recurso de fácil cultivo en el país, era mucho más barato que otros alimentos, por lo que las palomitas seguían siendo una buena opción para soportar la duración de las películas, que entonces eran ya un poco más largas. El público comenzó a comprarlas a los vendedores ambulantes y entrarlas a escondidas a las salas, pero rápidamente los propietarios de estas vieron una gran oportunidad de ampliar su negocio. (Fuente: National Geographic)