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Reseñas: “El Viento Gris” de Orly Mayorga

lunes 13 de septiembre de 2021
Reseñas: “El Viento Gris” de Orly Mayorga

Es posible afirmar que el conjunto de la obra resulta apasionante, entretenida, atrapante y misteriosa. Le caben varios calificativos más pero, lo dicho, es suficiente para despertar la curiosidad del lector.

Lo más interesante, a mi juicio, es que moviliza a la reflexión sobre el vivir y el morir que se orienta hacia pensar formas alternativas de imaginar la finitud que resulten diferentes, o al menos alteradas, respecto de las explicaciones sobre la muerte que proponen las religiones tradicionalmente aceptadas (cristianismo, judaísmo, islamismo, etc.)

Un adulto, un gato y un niño entrelazan sus historias para proporcionarnos los escenarios en dónde se despliegan las dudas, temores y creencias desde donde se parte para caracterizar un submundo desconocido pero que tiene su propia dinámica y sombras. En apariencia, en ese submundo hay reminiscencias de la caverna de Platón en la búsqueda del significado de las sombras pero, además, contiene alguna similitud con la obra “El Infierno” de Sandro Botticcelli (1480-1495), sin embargo, la descripción nos orienta a imaginar un espacio con su propia estética y una singular vida. Quizás de esto se trata: si como humanos nuestra vida se estructura en torno a lo material del mundo, poco espacio dejamos para pensar o tan siquiera imaginar el lugar de lo espiritual, el alma, la esencia brillante de cada persona.

Una muerte es dolorosa siempre, aún en el mundo de la imaginación y, por ello, también se encuentra presente en la novela como punto de partida desde dónde el drama de la pérdida se convierte en acciones que mueven esta historia. No hay aquí el eludir o evitar la muerte sino que se nos presenta la voluntad de comprender de lo que se trata cuando nos encontramos ante sus circunstancias.

Esto es toda una novedad cuando vivimos tiempos que alardean juventud real, estirada, demorada, operada o fingida como formas de alejar la muerte o sus vestigios, aún a sabiendas de que todos llegaremos allí, sin duda, algún día.

Hay otro elemento significativo: los personajes centrales tienen una preocupación por el otro, incluso si ello pudiera llevar a la muerte propia o su transformación. Hay un vivir por sí y por el otro amado, querido, fraterno, aún cuando Aristide elabore planes desde la soledad, o desde la penumbra en caso del niño o en el huir de las sombras en el gato. De este modo, el otro es también el enlace con la vida y por ello se la preserva. Quien dijo que todo esté perdido, evocando a Mercedes Sosa, si otro viene a ofrecer su corazón envuelto en recuerdos, razonamientos y sensibilidades.

Hay una intensidad profunda en la novela que se construye lentamente para llevarnos a pensar en la muerte no como un fin sino como un pasaje que conecta nuestra realidad con otra que desconocemos. Tal vez se trate sólo de vivir una vida bien vivida hasta llegar a la última estación y disponernos, con el mismo ánimo curioso y menos temores, a lo que venga después, si lo hubiere.

Por último, el libro incluye a modo de “bonus”, el relato “La noche en ruta oscura” que conecta con su primer libro “Larkharim”. Para el lector, quedará en claro el cambio de estilo de lenguaje del cuento en relación a la novela que lo contiene y es conveniente que así sea porque el cuento nos lleva a ser testigos de la experiencia de un remisero que transporta un extraño pasajero hacia las afueras de la ciudad. Vamos hacia un poco de terror y fascinación final.

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