domingo 24 de octubre de 2021
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Una mirada interna

“En una época de locura, creerse inmunes a la locura es una forma de locura”

La frase del título pertenece a Saul Bellow
lunes 14 de junio de 2021
“En una época de locura, creerse inmunes a la locura es una forma de locura”

El escenario social, ese lugar tan complejo y caótico para transitar, parecería ubicarnos en un observatorio que no deja de sorprendernos con lo que vemos.
La realidad que creamos nos atraviesa constante e insidiosamente con el filo de antinomias de todo tipo nunca resueltas y, en cambio, reavivadas una y otra vez en un círculo infinito de necedades irremediables.
Destino inexorable el que aguarda cuando el tránsito debe realizarse sobre campos minados de desaciertos, ya perpetuados en el ADN social, y errores repetidos una y otra vez hasta el cansancio.
“La realidad, ese manojo de problemas, sobre los cuales nadie reclama derechos de autor” según Mario Benedetti, nos va acorralando en ámbitos empobrecidos de humanización, con decisiones diezmadas de criterio, y acciones vaciadas de justicia y viciadas de atropellos.
El esfuerzo comunitario por adaptarse a lo que “es”, poniendo el hombro cada día en un empeño desmedido por sostener el cuerpo en pie y el ánimo en un nivel que ayude a ese logro, resulta descomunal, desmesurado. Y cada vez son más los que caen arrollados por las circunstancias. Las disímiles situaciones adversas que se presentan parecen condenarnos a quedar enraizados a ellas, en los terrenos infértiles del infortunio.
Los quebrantos anímicos se suceden, se superponen y se esparcen en los senderos diarios. Están a la vista. Se ven, se padecen, se respiran en el intoxicado aire comunitario que aspiramos todos.
No obstante, muchos aún pueden refugiarse en el sutil ámbito donde se expresa el alma y, a través de las distintas formas del arte, canalizar la belleza de lo trascendente y la pureza de las formas inmateriales.
“El artista es el loco que, gracias a su demencia, a su incapacidad de adaptación, a su rebeldía, ha conservado los atributos más preciosos del ser humano” afirmaba Ernesto Sábato.
Ahí surge una trinchera donde poder refugiarse del bombardeo constante de los pesares cotidianos. Un espacio propio, singular, donde conectar con lo más valioso que tenemos: la unicidad, que es esa cualidad que nos otorga la calidad de únicos e irrepetibles.
Pichón Riviére sostenía que “lo único que puede salvarnos de la locura es el arte”. Sin embargo, las miserias humanas que nos atan a la rueda cotidiana de padecimientos y lamentaciones de todo tipo, nos hablan de una sociedad que potencia hasta el hartazgo “el desarrollo de las garras y los colmillos” al decir de Alfonso Reyes.
Entre la fiereza de tantos seres cuyos comportamientos asolan el paisaje comunitario, y el temor del resto buscando salvaguardarse de ellos, queda poco tiempo y espacio para desplegar el vuelo majestuoso del arte…
El refrán popular señala que “de poetas y de locos todos tenemos un poco”. Lo de locos, salta a la vista. Tal vez, si nos esmeramos en sacar a flote lo de poetas, podremos sumar colorido a los oscuros trazos que pincelan el cuadro comunitario… Para poder escribir nuevas páginas en el libro social donde florezcan nuevas miradas, con propuestas renovadas, con emociones restauradas, con visiones más sutiles y pensamientos más elevados, para comenzar a reemplazar esas páginas, siempre tan llenas de más de lo mismo, de esas repetitivas amalgamas de padecimientos sostenidos en el tiempo y tatuados en cada pliegue de nuestra historia individual y colectiva. Recordando las palabras del doctor Augusto Cury cuando afirmaba: “Solo el conocimiento de uno mismo y el amor por la especie humana libera al homo sapiens de sus locuras…”

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