Los viñedos patagónicos ganan calidad y Bariloche asoma como nuevo polo vitivinícola
En ese contexto, Darío González Maldonado, ingeniero agrónomo, enólogo y secretario de Desarrollo Económico del municipio de El Hoyo, destacó en diálogo con Crónica el crecimiento sostenido del sector y la proyección que empieza a tomar toda la franja andina.
“La actividad se viene consolidando todos los años. No hay viñedos nuevos en nuestra zona inmediata, pero ya empiezan a aparecer inversiones en San Carlos de Bariloche. A la región la pensamos como un corredor de Los Andes”, señaló.
Según el funcionario, Bariloche podría transformarse en uno de los nuevos protagonistas del mapa vitivinícola patagónico.

“Bariloche va a empezar a posicionarse porque hay mucho interés en desarrollar proyectos hermosísimos, muy ambiciosos, vinculados a la actividad vitivinícola y al enoturismo”, remarcó González Maldonado.
Más allá de las nuevas inversiones, la mayor transformación se observa en la calidad de los vinos. Con el paso del tiempo y la madurez de las plantas, las bodegas patagónicas comienzan a mostrar resultados cada vez más refinados.
“Año a año, con la madurez de los viñedos, la calidad de los vinos es cada vez mejor. Si uno hiciera una cata vertical de diez años podría notar cambios sorprendentes”, explicó el enólogo.
La mejora, detalló, responde a procesos naturales de la planta. “Tiene que ver con la capacidad de exploración de las raíces y con que la planta llega a su punto de máxima expresión en cuanto a la calidad de cada varietal”.
En paralelo, los vinos patagónicos comienzan a ganar identidad territorial. Hoy conviven en el mercado los vinos de la cordillera, los de la meseta y también los provenientes de zonas costeras como el Valle Inferior del Río Chubut, donde ya se producen etiquetas destacadas tanto en tintos como en blancos.
“La meseta está sorprendiendo con excelentes torrontés, muy buenos chardonnay, malbec muy ricos y pinot noir deliciosos”, enumeró González Maldonado.
Estas características, explicó a Crónica, coinciden con lo que hoy demanda el mercado internacional. “El mercado mundial busca vinos con muy buena acidez natural, un poco menos alcohólicos o con el alcohol muy bien ensamblado con la acidez. Hay una presencia muy fuerte de vinos blancos y espumantes a nivel global”.
En ese sentido, el especialista aseguró que la provincia reúne condiciones excepcionales para ese tipo de producción. “Chubut tiene las condiciones perfectas para hacer grandes espumantes y excelentes blancos, además de buenos tintos”.

El fenómeno vitivinícola no solo se consolida en los valles ya conocidos. Nuevas zonas comienzan a plantar sus primeras hectáreas de vid.
En la provincia de Río Negro, por ejemplo, se están desarrollando pequeños viñedos en el corredor de la Ruta Nacional 23, especialmente en Valcheta.
“En tres o cuatro años esos viñedos van a dar que hablar cuando empiecen a producir”, anticipó.
Pero la noticia más reciente llega desde el extremo austral del país. Según González Maldonado, la ciudad de Ushuaia ya está habilitada para plantar nuevas variedades de vid.
“Eso hace que ya no tengamos una frontera del vino en Argentina. Hoy se están plantando viñedos desde San Salvador de Jujuy hasta Ushuaia”, destacó.
Y concluyó con una mirada optimista sobre el futuro del sector: “Es algo muy positivo y prometedor para la vitivinicultura argentina”.
Entre montañas, mesetas y costas frías, el sur comienza así a consolidar un nuevo capítulo en la historia del vino nacional, donde la Patagonia ya no es promesa sino presente en la copa.