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Semana de la Lactancia "Su importancia desde la Fonoaudiología"

martes 08 de agosto de 2023
Semana de la Lactancia "Su importancia desde la Fonoaudiología"

En el marco de esta semana mencionada, recordamos su importancia, incidiendo desde la maduración de los órganos fonoarticulatorios, de los movimientos oro-faríngeos y hasta el desarrollo del lenguaje.

La Secretaría de Gobierno, mediante una reciente encuesta, indicó que la mayoría de los niños, el 97%, inician lactancia materna. Este porcentaje va disminuyendo hacia los dos años de vida (con un 45%), que suele ser la edad recomendada para el destete por los pediatras (aunque existen diferentes corrientes que no mencionan una edad tope).

A fines de los '90, no llegaban al 30 % las madres que amamantaban a sus hijos durante el primer año de vida, indicando que su importancia transmitida por los neonatólogos, el crecimiento de la puericultura y las campanas masivas, han dado buenos frutos.

Desde lo fonoaudiológico, las estadísticas indican que los niños que han tomado poco o nada del pecho materno, presentan más alteraciones en los movimientos deglutorios, articulatorios, respiratorios, etc. y una maduración más lenta en la musculatura orofacial (desde ya esto no se da en la totalidad de los casos).

He aquí algunas explicaciones: los labios del bebé rodean perfectamente el pezón de su mamá y con el movimiento natural del chupeteo se alimenta, obteniendo la leche. Esta actividad va desarrollando su musculatura labial y entrenando patrones de prensión y aprehensión que le serán útiles para funciones más complejas que llegarán después. Los músculos de la mandíbula y la lengua también se disponen fisiológicamente para este ejercicio, provocando una real coordinación entre ambas y con otras.

Con la mamadera, el movimiento labial es succional, no de chupeteo, anulando la propulsión en los maxilares, alterando el crecimiento de los mismos. Y como las tetinas intentan pero no pueden reproducir la forma exacta del pezón, el lactante adosa sus labios a un plano redondeado, pudiendo tragar sin el correcto movimiento de los labios, que no se ven obligados a trabajar en ese momento. Por otro lado, la lengua contacta directamente con el paladar y disminuye el juego bucal al tragar. Si las tetinas además son largas, la leche pasará al tracto digestivo sin una adecuada preparación.

En la lactancia materna el alimento se desplaza independientemente de la gravedad, porque las mismas contracciones mamarias son las que proyectan la leche, según la demanda del bebé. Este, a su vez, puede regular la cantidad que desea, porque es quien está comprimiendo y descomprimiendo el pezón provocando esas contracciones. Cuando esto no pasa así, debido a cambiar pezón por tetina, el bebé puede verse obligado a realizar movimientos linguales anormales para controlar cantidades. Esta lengua sorprendida por la corriente láctea puede efectuar adelantamientos e interponerse, convirtiéndose en un buen entrenamiento para un futuro deglutor atípico.

Y por último, cuando un bebé toma la teta establece un lazo indiscutido con su mamá. Todas las sensaciones van dejando huellas en la corteza cerebral (sensaciones cutáneas, olfativas, visuales, vestibulares, auditivas). Con la mamadera el cerebro resulta menos estimulado y el desarrollo psicoafectivo menos intenso. La zona oral es el primer centro de comunicación que el ser humano posee y todo lo que en este ámbito suceda, estará influenciado por el tono emocional con el que se dio y tendrá relación con los diferentes nexos en el futuro de esa persona tan pequeña.

Con respecto al lenguaje, con la lactancia natural el niño realiza movimientos fisiológicos para tomar la leche, que activan la llegada de sangre al cerebro favoreciendo la interconexión neuronal (indispensable en los dos primeros años de vida), además la calidad de la leche materna previene enfermedades, evitando problemas intelectuales, de aprendizaje y ligado a esto, quizás del lenguaje.

Si bien muchos niños que han crecido sin tomar leche materna lo hicieron sin presentar inconvenientes, un gran porcentaje demuestra repercusiones en varios aspectos relacionados con la falta de desarrollo, armonía y coordinación bucofaríngea desencadenando cuadros como respiración bucal, deglución atípica, otitis, maloclusiones y trastornos en la articulación del habla.

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