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Una mirada interna

“Un error cometido dos veces es una elección”

Frase de Jean Paul Sartre
lunes 13 de febrero de 2023
“Un error cometido dos veces es una elección”

¡Qué gran trabajo nos está esperando cada día para reconstruir todo lo destruido socialmente y organizar todo lo desorganizado…! Implacable trabajo que se va haciendo mayor, y más opresivo y angustiante, en la medida que se va dilatando su inicio y que, sin duda, debe estar basado en la unión del pueblo.

Unión que cuesta tanto imaginar en un panorama donde las confrontaciones y la falta de respeto a los otros, a las leyes, y las instituciones, se ha transformado en una constante incontenible.

¿Cómo construir desde la destrucción? ¿Cómo unificar desde la fragmentación?

Éste será el desafío impostergable que anteceda a cualquier propuesta y realización para que posibilite su logro: construir las bases que reúnan a la comunidad en puntos comunes y sostenedores que amalgamen los intereses de todos, apaciguando los ánimos, llenando de luz los oscuros pozos de inconsciencia en lugar de profundizarlos más, aspirando el desgano que cubre el ánimo comunitario, cepillando las capas de frustraciones que atenazan las ganas de hacer y frenando las posibilidades de ser, sacudiendo el ánimo alicaído por la sumatoria de traspiés con que la realidad frena, una y otra vez, las ganas de avanzar y el impulso de mejorar…

Es necesario ensamblar, parte por parte, cada una de las emociones desarticuladas y sostenidas en el acontecer diario, buscando un equilibrio que permita el retorno a la cordura o, a la cantidad suficiente de ella, para iniciar la reconstrucción social.

Amado Nervo afirmaba que: “Hay algo tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de cada día. La paz sin la cual el pan es amargo”.

Esa paz que es, ni más ni menos, una construcción, un trabajo sostenido, donde se genera un equilibrio entre el hacer y decir, entre el sentir y el actuar, reconociendo, para poder comenzar a eliminarlas, la infinidad de capas con que la realidad y la cultura van envolviendo al individuo alejándolo de su esencia y transformándolo en un títere manejado con los hilos de la necesidad y la urgencia, condenándolo a vivir entre la falta de sentido y la ausencia de propósito.

Esa paz que queda relegada a un recitado común de deseo, pero sin generar las condiciones para ir a su encuentro arbitrándose, en cambio, todas las medidas para borrarla del decir, del hacer y del sentir.

Con un ovillo social de circunstancias cotidianas tan enredadas, de caminos tan bifurcados, convicciones tan adaptadas a los intereses personales y deseos particulares de cada uno, con pedidos de justicia que resuenan como una letanía en todo lugar y a toda hora, con un pueblo famélico de todos los nutrientes físicos, mentales y espirituales que lo mantendrían en su posición de bípedo y le otorgarían su condición de humano, cómo no comprender que esa ausencia de paz, de la que habla Amado Nervo, transforma efectivamente en amargo el pan de los que aún pueden acceder a él…

Será “tarea para el hogar” el trabajo individual que cada uno deberá realizar para poder asomar la nariz desde abajo de la manta de las frustraciones y reconocerse como partícipe necesario de todo lo que nos pasa, ya sea por error u omisión, para evitar continuar con la decadencia social oprobiosamente instalada con peso propio y ramificaciones en todos los niveles, conformando un día a día despoblado de luces y contaminado de tantas sombras que conducirán, inexorablemente, como afirma John Katzenbach: “a la maravillosa simplicidad del mundo cotidiano de la lagartija: encontrar algo que comer y evitar ser devorado”.

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