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“Aquí hay una carta para todo el mundo. Ábrela. Dice: Vive”

lunes 30 de enero de 2023
“Aquí hay una carta para todo el mundo. Ábrela. Dice: Vive”

El “nuevo año” ya está aquí, deslizando sus días junto a su invitación para recorrerlo con pisadas nuevas, con ánimos predispuestos, con proyectos significativos, y convicciones fuertes.

Lo novedoso de cada día es su condición de nuevo, de exclusivo, de inicial, de inaugural… Ofreciéndose para ser estrenado como un renglón sin escribir, un sendero sin pisar, un atajo esperando ser descubierto, una historia para construir, un encuentro para celebrar, una idea para desarrollar, una emoción para estrenar, un perdón para ofrecer, un “gracias” constante y renovado que conlleve a la celebración de la vida y, por lo tanto, a cuidarla, protegerla, valorarla y respetarla…

Nuevos comportamientos deberán ser la materia prima con que se construya el nuevo día, caso contrario, éste se transforma en la repetición del anterior, reiterando las mismas quejas y reclamos, insistiendo con los mismos errores, reincidiendo en estructuras de pensamientos obsoletas, reanudando las eternas y desvitalizadas confrontaciones que nos transforman en los hacedores de nuestra sociedad de más de lo mismo… Y van desbordando el interior de cada uno con tantos sentimientos y emociones que entorpecen el camino, dificultan el andar, y estrujan el alma impidiendo su vuelo.

Tantos desechos interiores que son arrojados, inevitablemente, en el seno de la misma sociedad que los produce.

Así, “seguimos pasando por este mundo como turistas desorientados” al decir de Enrique Mariscal y la realidad se constituye en el argumento inexcusable que requiere cambios drásticos, decisiones categóricas, frenos rotundos a todos los procederes que, atentando contra ella misma, se transforman en el germen de la destrucción social.

Se torna imperativo cultivar el territorio mental por donde broten los pensamientos que luego den vida a las acciones, urdiendo la trama individual que sume y potencie en el tejido comunitario que nos una a todos, en el logro de proyectos comunes y compartidos…

Que el sentido común luzca como el atuendo especial de cualquier ocasión… que el espacio comunitario brille con la nobleza de corazones generosos que opaquen a tantos otros, sumidos en la oscuridad y la mezquindad… Que podamos desplegar la sensatez como el mapa de un tesoro que todos queremos obtener y nos desesperemos por encontrarlo…

Debemos evitar esa flacidez vital que nos atraviesa, esa pérdida de firmeza en las convicciones profundas que serían motor y fundamento en el avance progresivo y sostenido social…

Qué lástima que el tiempo siga transcurriendo sin que podamos coincidir en el punto de encuentro comunitario que frene el derrumbe constante, y tampoco podamos coincidir mayoritariamente con el pensamiento de Chamalú cuando afirmaba: “¡Vivir es un viaje inevitable rumbo a la cascada donde todo desaparece. No podemos cambiar el rumbo ni detener la marcha, sólo vivir el trayecto de manera tan espectacular que el final no nos preocupe!”.

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