lunes 5 de diciembre de 2022
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El Hospital Regional, un lento Elefante Blanco

viernes 29 de julio de 2022
El Hospital Regional, un lento Elefante Blanco
El 28 de diciembre de 1974 el Hospital Regional pierde su autonomía con el traspaso al ámbito del gobierno de la provincia. Foto: Ives Pecile de Vera
El 28 de diciembre de 1974 el Hospital Regional pierde su autonomía con el traspaso al ámbito del gobierno de la provincia. Foto: Ives Pecile de Vera

“Durante su larga espera el Elefante Blanco ha sido causa de constantes acciones demagógicas, muchas de ellas hasta el presente (...) la noticia vuelve a repetirse como hace varios meses”(1).

Después de tantos pedidos, romerías y bailes a beneficio, después de tantas frustraciones y tropiezos, Comodoro Rivadavia tiene al fin el hospital soñado. El gran edificio que los vecinos ya le dicen Elefante Blanco se inaugura con bombos y platillos, autoridades nacionales, provinciales y vecinos asisten a su estreno el 1° de agosto de 1968, aunque “tuvo varias inauguraciones, se habilitaba un consultorio con todas las pompas y se lo daba por inaugurado, pero un hospital comienza a funcionar cuando recibe su primer internado, y eso fue el 1º de agosto de 1968”(2).

La construcción del Hospital Regional se había iniciado, sobre tierras ganadas al mar, en tiempos de la Gobernación Militar. La obra, que se suspende con la caída del gobierno peronista, avanzará lentamente más por exigencia de los vecinos y autoridades municipales que por un plan del gobierno nacional.

En 1958, el doctor Galina, gobernador de la provincia, tiene la intención de pedirle al presidente Arturo Frondizi que haga el traspaso de la obra a la provincia, pero no alcanza a expresársela. Cuando Roque González ocupa la gobernación provincial, los comodorenses esperan que un gobernador nacido en esta ciudad avance con la obra, pero nada ocurre. Recién en la gestión de Pío Rasso, en 1965 y en pocos meses, se avanza con el equipamiento técnico para ofrecer algunos servicios asistenciales.

Único en el país

“Esta obra ha sido estudiada, planificada y hecha realidad con sentido de futuro, ya cuenta con todos los elementos necesarios, esta obra es de la comunidad y para la comunidad”, dice el subsecretario de Salud Pública de la Provincia en el discurso del 1° de agosto del 68 y aclara que “se inaugura en esta única oportunidad”.

El hospital tiene capacidad, por ahora, para 100 internos y con la incorporación de recursos humanos y técnicos aspira a fortalecerse como un caso ‘piloto’ hasta que, “en poco tiempo pase a depender de la comunidad, por ahora es gratis hasta para las provincias vecinas”, insiste el funcionario. Está pensado que la institución pueda manejar su propio presupuesto, contrate personal médico, técnicos, cubra los cargos de enfermería y los de servicio, lo que “rompe con las estructuras existentes en el país en materia de asistencia médica”, dice el Secretario de la Nación, Ezequiel Dago Hollemberg, también presente en el gran acto.

Para eso hay que organizar el concejo de administración, nuclear a los centros sanitarios de los campamentos petrolíferos y trabajar en la prevención de enfermedades con centros en los barrios. El plan es muy ambicioso y posible, por lo menos lo demuestran una vez que superan las trabas de organización.

Por ahora se trasladan los enfermos, aunque los ‘crónicos’ tienen que esperar en el viejo hospital vecinal hasta que el nuevo cuente con servicio para atenderlos, tampoco hay lugar para los viejitos que, por suerte, en poco tiempo se terminará la construcción del Hogar de Ancianos en El Trébol.

El hospital es tan nuevito y prolijito que los enfermos también tienen que tener esas características, tal vez por eso aún estudian el traslado de los enfermos con patologías contagiosas. Al final... ¿para qué tanto hospital nuevo?.

Tomar las propias decisiones

Una vez que se van las autoridades, después del acto, los que quedan deben organizar el Sistema Asistencial Médico Integral de la Comunidad –SAMIC- cuyo consejo se integra con un representante de las uniones vecinales, municipalidad, gremios y sindicatos, cámara de comercio, gobierno provincial y Nación. Al frente del directorio, en 1970, está el padre Juan Corti.

Esta organización no es una idea original, “le corresponde al sistema yanqui y es una sugerencia del Banco Interamericano de Desarrollo que financia la obra. Este proyecto también se ejecuta en el hospital Clínicas de Buenos Aires, los dos únicos en el país que integran el plan piloto”(3).

Esta estructura organizativa le permite actuar con autonomía y manejar su propio presupuesto. Los aportes provienen del gobierno de la provincia y cubre la asistencia de la comunidad en general; el aporte de Y.P.F. para los gastos que ocasionen sus trabajadores, también recibe dinero del gobierno nacional y de las obras sociales.

 

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Con dedicación exclusiva

El hospital pretende brindar un servicio de excelencia, por lo tanto excelentes deben ser los profesionales y técnicos. En todo el país se difunde la convocatoria para participar en los concursos, “aparte de presentar el currículo había que rendir, el examen se hizo en Buenos Aires, en la Casa del Chubut, eran teóricos - prácticos y duró varios días”, recordará el licenciado en enfermería Gustavo Fernández varios años después.

La selección es estricta y así llegan médicos de primer nivel, “se pudo conseguir para las jefaturas de todos los servicios médicos a profesionales de la talla de Juan J. Justo, Dalvó que después fue director del hospital Garrahan; en ginecología estaba el doctor Fuleston, Silva, José María Sanguinetti, que fue presidente de la Asociación de Traumatología en Argentina, una eminencia en el país... no sólo se concursan las jefaturas también los subjefes, los técnicos, todos los directores que, en ese tiempo estuvieron en el hospital eran médicos sanitaristas especializados en administración hospitalaria”(4).

Se les exige excelencia y a cambio reciben muy buen salario, casa, comida y hasta la ropa de cama, para evitar conflictos de intereses, cada profesional tenía la obligación de la dedicación exclusiva. Nadie podía repartir el tiempo con el consultorio particular... que tengo un parto aquí, una operación allá... todos trabajan sin horario.

El clima de trabajo es tan satisfactorio que los equipos interdisciplinarios se reúnen después de la cena para hacer el balance del día o para planificar la tarea, los que viven fuera del hospital regresan para sumarse a las reuniones, “porque cuando trabajás en un ambiente tan agradable es como estar en el club, si te gusta tu profesión y la podés llevar a cabo con nivel, hacer proyectos, realizarlos, ver los resultados y encima estás bien pagado... trabajás con mucho gusto”(5).

Hospital Escuela

Los médicos a cargo de las jefaturas son tan destacados y tan grande es la fama que tiene el hospital por la capacitación que otorga, el territorio que cubre y la gran diversidad de patologías que atiende, que los estudiantes de medicina a punto de recibirse quieren hacer su residencia aquí, “ellos también tenían que concursar porque había más aspirantes que vacantes,
vinieron médicos salteños, correntinos, cordobeses... de todo el país, volvían a sus lugares de origen con un prestigio importante porque habían estado en el hospital de Comodoro Rivadavia”.

El departamento de enfermería

El encargado de organizar el departamento de enfermería es el licenciado Gustavo Fernández, concursado en Buenos Aires.

Está feliz porque tiene que organizar el equipo de enfermería e implementar todo lo que aprendió en los hospitales de Buenos Aires y en Estados Unidos, él dice que “a las enfermeras se les pedía cualquier cosa, desde traer papeles que un médico se olvidaba en el auto hasta la realización de trámites personales para cualquiera, las cosas no son así, lo primero que exigí fue autovaloración, respeto, cumplir horarios y trato con el paciente”.

El hospital tiene clínica médica, pediatría, traumatología, anestesistas, ginecología, odontología... todas las áreas están cubiertas por los mejores profesionales del país.

Algunos tropiezos

Hasta 1972 el hospital marcha con viento a favor, a fines de ese año, comienzan a demorar los envíos del aporte que le corresponde a Nación, hasta Buenos Aires viajan el petiso Fernández y el Cura Corti, presidente del consejo de administración, “el ministro mandaba a decir que no nos podía atender, el cura se acomodaba en los sillones para dormir y amenazaba que lo saquen a la fuerza”.

Otras ‘peregrinaciones’ son hasta Rawson para conseguir los aportes del gobierno provincial que también tienen su demora, “pero a la corta siempre la conseguíamos”.

Aún así las ganas de organizar no faltan, con el doctor Webb a la cabeza se organizan los centros periféricos, se inaugura la Central de Oxígeno líquido, y las ambulancias tienen equipo de radio. Más de 500 consultas diarias a la mañana y a la tarde. Se crean consultorios en cada barrio.

El plan es prevenir, evitar que la gente se enferme, atenderla antes que llegue al hospital, “vinieron delegaciones de Canadá para ver cómo se trabajaba acá porque los índices fabulosos de control de enfermedades infecciosas eran realmente extraordinario, el control materno infantil y el plan de vacunación terminó con la TBC, y se logró el mejor nivel del país en medicina preventiva”(6).

El hospital tiene un equipamiento tecnológico que le permite ofrecer el mejor servicio que se conoce.

 

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Que la inocencia les valga

El 28 de diciembre de 1974, el Día de los Santos Inocentes, se firma un decreto que establece el traspaso del Hospital Regional al ámbito administrativo del gobierno provincial y el Sistema Asistencial Médico Integral de la Comunidad –SAMIC-, desaparece.

El gobierno de la provincia no está preparado para administrar una institución de tal magnitud y, “empezó la declinación... algunos la pudimos pelear para mantener, en esa época empezaron a poner gente sin concurso, todo a dedo, bajaron los salarios, no cumplieron jamás con el pacto de la carrera sanitaria y se produce la renuncia en masa. Se prostituyó el sistema, se acabó la disciplina, cada uno entraba a la hora que se le cantaba”, recordará con amargura el licenciado Fernández en el año 2000.

Algunos resisten el cambio e intentan por todos los medios sostener el proyecto inicial.

En enero de 1975 comienza un lento pero continuo deterioro, “fue muy triste porque se fue gente que amaba el hospital, gente del nivel de Simoncini, Regina Gaska, Guillermo Díaz, Lanzani, Vivas... y no lo hicieron sólo porque había bajado el salario... cuando el clima de trabajo no es agradable, cuando ves que las cosas no funcionan como deberían y encima no te escuchan... te vas”.

El deterioro no sólo se produce por la falta de presupuesto, sino también por el mal manejo de los fondos, “este hospital tenía mucho prestigio y eso le inflaba la vena al valle, si había que quitar algo de presupuesto era a éste, las vacantes que se producían las derivaron a Madryn, Rawson, Trelew... y fueron quedando los agujeros”.
Así y todo el hospital seguirá sosteniéndose por el esfuerzo de las personas que allí trabajan.

Hospital de Guerra

En 1978, el conflicto por el canal de Beagle y las amenazas de enfrentamiento bélico con Chile ponen a prueba al hospital, aún nadie sospecha que, efectivamente, les tocará desempeñar un rol activo en una guerra que no está lejos, pero esa es otra parte de la historia de un hospital.

 

Extraído del libro "Crónicas del Centenario" editado por Diario Crónica en febrero de 2001.

Referencias

Crónica. 2 de agosto de 1968.

2 Lic. Gustavo Fernández. Crónica 27 de mayo de 1998.

3 Gustavo Fernández. Entrevista de Crónica, diciembre de 2000.

4 Gustavo Fernández. Entrevista de Crónica, diciembre de 2000.

5 Gustavo Fernández. Entrevista de Crónica, diciembre de 2000.

6 Gustavo Fernández.

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