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Inventora de verdad

lunes 18 de abril de 2022
Inventora de verdad

Estimadísimos: renuevo la oportunidad de continuar con mi misión de consejera sentimental, con la responsabilidad y buen juicio que me definen, abriendo el mail de un nuevo consultante. Se trata esta vez del pedido de ayuda ante un dilema vital, que proviene de un alma sufriente que elige el seudónimo de “Embaucado”. El alias ya nos adelanta el conjunto de sentimientos que deben embargar a nuestro nuevo amigo. Según me relata, ha descubierto luego de ocho largos años de relación, que su novia es una consumada y alevosa mitómana. Para demostrar que él no miente, me cuenta que “Araña tejedora”, con este apodo se refiere a ella, dice mentiras a todas horas y a toda persona con la que trata. La define como una gran inventora de mentiras, a veces piadosas, pero casi siempre de las otras. Inventa farsas para salvarse, para divertirse o para tapar engaños anteriores. En fin, lo que en criollo antiguo llamaríamos mentir más que un almanaque viejo. Inmerso en un estado de confusión, “Embaucado” me pide el mejor consejo para despegarse de las enredadas telas de araña en las que se siente atrapado.

Sin justificarla, le vamos a reconocer ciertas habilidades a su novia “inventora”, teniendo en cuenta que lleva ocho años con ella y recién hoy usted se está despabilando. Pero créame que no importa cuánto tiempo le llevó, lo que cuenta es que se ha despertado. Si usted me sigue, sabrá que ”Agalina no aconseja ni orienta sino a través de relatos”, y que la ambigüedad suele ser mi mejor defecto y mi peor virtud. Sin embargo, en este caso, no voy a dar ni media vuelta para decirle que abra bien los ojos y se aliste para huir. La gente mentirosa a ese nivel que usted me cuenta, casi nunca cambia. Pero antes de escaparse, lea esto porque, ya que estoy, no voy a perder la oportunidad de relatar una historia. Inspirada en su consulta, recordé algo que leí acerca de una argentina poco conocida, y le voy a contar sobre una inventora de verdad, no de mentirita como su “Araña tejedora”.

Elisa Beatriz Bachofen fue la primera mujer recibida de ingeniera civil, tanto de Argentina como de toda América del Sur. Bachofen se diplomó en 1918 y me parece oportuno mencionar aquí que el primer varón graduado en ingeniería había sido Luis Augusto Huergo, en 1870. Teniendo en cuenta solo el dato del tiempo que tuvo que pasar para que una mujer lograra tal mérito, no es difícil imaginar las dificultades que debió enfrentar tanto en su etapa de estudiante como luego en su labor en el campo profesional. A pesar de ello, Elisa no solo se desempeñó eficientemente en la Dirección de Puentes y Caminos, y posteriormente en otras instituciones, sino que además se destacó como inventora. Presentó diversas patentes, como la del algodonímetro (que clasificaba el algodón), la de un artefacto que detectaba irregularidades en los caminos, y la de un equipo que los mejoraba. En 1944 recibió un premio junto a Stella Genovese, por la creación de un proyecto para brindar seguridad a edificios escolares en zonas sísmicas. Fue presidenta de la Comisión Técnica del Círculo de Inventores y redactó una Guía del Inventor, que fue publicada en repetidas ediciones.

Precursora en muchos ámbitos, aparte de su actividad como ingeniera y como inventora, fue socia fundadora de la Unión Feminista Nacional y compartió militancia, entre otras, con Alicia Moreau de Justo, Julieta Lanteri y Alfonsina Storni. Además, Bachofen dirigió la revista de esta organización de lucha por los derechos de las mujeres.

Es destacable también el trabajo activo de Elisa para la capacitación técnica de la mujer, para que pudiera desempeñarse en ámbitos que fueran más allá de las labores hogareñas, que en su época eran exclusivas y obligatorias debido a los mandatos culturales. Con ese objetivo, dictó diferentes cursos con contenido técnico en la Biblioteca del Consejo Nacional de Mujeres. La primera ingeniera argentina escribió en varias oportunidades artículos incentivando a más mujeres hacia la ingeniería, uno de los tantos campos en el que, todavía hoy, persisten los problemas de diversidad y la falta de perspectivas e innovación que esto ocasiona.

Espero, querido “Embaucado”, que le haya interesado la breve biografía de esta admirable mujer y que su seudónimo no me incluya.

Con el afecto de siempre, me despido, hasta la próxima.

 

Agalina 

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