Sexualidad y discapacidad de los niños, niñas y adolescentes
Al referirnos al tema de la sexualidad muchas veces es percibido por las demás personas como sinónimo de genitalidad o de sexo.
Sin embargo, podemos afirmar que la sexualidad la vivimos y sentimos diariamente, tanto hombres como mujeres, desde el momento en que somos concebidos hasta nuestra muerte; es decir, hablamos de emociones, sentimientos, placer, amor, comunicación, procreación, entre otras formas de expresión de la humanidad.
Por lo tanto, todos somos seres sexuados, experimentamos nuestra sexualidad de diversas formas: según nuestras creencias, las formas de relacionarnos con los demás dentro de la sociedad, así como la educación que hemos recibido a través de la vida.
Tenemos que comprender que la sexualidad forma parte integrante de nuestra vida con o sin discapacidad.
La sexualidad es una sola. El hecho de que alguna persona se encuentre con alguna dificultad para moverse, hablar o ver, no quiere decir que está privada de vivir su sexualidad. Es todo lo contrario, pues pueden expresar de diversas maneras sus emociones, afectos y fantasías.
En el campo de la sexualidad de las personas con discapacidad se evidencia poco avance, debido a que se ha dado más énfasis al incremento y coordinación a los servicios de atención física, psicosocial, educativa y laboral, con el propósito de que tanto niños, jóvenes y adultos con discapacidad puedan desempeñarse dentro de la sociedad en forma independiente.
¿Por qué educar en sexualidad a las personas con discapacidad? ¿Por qué tienen el derecho y qué es lo que se tiene que trabajar en este proceso?
En la educación sexual para niños, niñas y jóvenes con algún tipo de discapacidad, debe centrarse en los siguientes tópicos:
- Reconocimiento de las partes de su cuerpo, utilizando el nombre correcto de cada una de esas partes;
- Comprensión de la diferencia entre hombres y mujeres;
- Comprensión y expresión de sus cambios emocionales;
- Comprensión e importancia de la higiene personal;
- Autoestima;
- Autocontrol;
- Derechos de sí mismo y de los demás;
- Nacimiento de un bebé;
- Abuso físico y sexual;
- Infecciones de transmisión sexual;
- Afectividad.
Al educar en sexualidad a esta población debemos tener presente que cada individuo es diferente, por lo que se puede requerir de algunas adaptaciones a la hora de presentarles información.
Por ejemplo, una persona con discapacidad intelectual puede necesitar que el tema se le presente de la manera más simple, concreta y clara posible, tomando en cuenta los conceptos básicos. También es importante enseñarle cuáles serán las actividades y conductas que se pueden realizar en los ambientes públicos y privados.
Al educar en sexualidad se debe utilizar un lenguaje claro que favorezca la comunicación, de manera tal que los temas sean tratados con naturalidad, construyendo espacios agradables para que tanto los padres, madres, encargados y las personas con discapacidad puedan sentirse a gusto, respetados y valorados en este proceso.