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Pie de página

domingo 16 de enero de 2022
Pie de página

Estimados: nuevamente por aquí, abocada a atender vuestras consultas y orientar a las almas confundidas, perdidas en los laberínticos vericuetos de las dudas y la incertidumbre. Esta semana le responderé a Corina, que me escribe para contarme sus problemas y solicitar mis servicios de consejería. Sin mucho detalle, incluso un poco misteriosa, Corina me dice que no soporta más que en su empresa familiar las únicas opiniones tomadas en cuenta sean las que provienen de los hombres. Su padre y sus hermanos son los mandamases, mientras que su madre y ella, aunque más preparadas y con más talento, siempre parecen relegadas a un segundo plano. Corina y su madre están decididas a empoderarse, aunque no saben por dónde empezar. Han venido a buen puerto, chicas. Pero, como ya saben, los consejos de Agalina vienen en “modo relato” y hay que desentrañarlos.

Se me ocurren varias historias de mujeres que salieron adelante o hicieron su propio camino a pesar de parejas, padres o hermanos machistas. Pero hay una en particular que vino a mi memoria ahora y se las voy a contar como inspiración. Nuestra protagonista de hoy es Martha Ellis Gellhorn, periodista y escritora estadounidense. La devoción que impuso a su trabajo la convirtieron en la mujer corresponsal de guerra más importante del Siglo XX. Sin embargo, es mucho más conocida por haber sido la segunda esposa del escritor Ernest Hemingway, quien le dedicara su célebre novela Por quién doblan las campanas.

Nacida en San Luis (Misuri), en 1908, Martha Ellis tuvo ya desde su infancia el estímulo para convertirse en la periodista valiente que fue. Su madre era sufragista y la llevaba con ella a las manifestaciones. Su padre, un médico ginecólogo nada conservador, la sacó del colegio religioso al que concurría cuando descubrió que le enseñaban anatomía en un libro con imágenes censuradas de cuerpos femeninos.

Martha no llegó a finalizar sus estudios universitarios, ansiosa por dedicarse al periodismo. Uno de sus primeros trabajos consistió en recorrer Estados Unidos, investigando y retratando las consecuencias de la Gran Depresión. Sus testimonios escritos admiraron a la propia Eleanor Roosevelt, la esposa del presidente norteamericano, con quien luego trabaría una profunda amistad.

En un mundo de hombres, el de los corresponsales de guerra, Martha mantuvo sus convicciones. Cubrió la mayoría de los conflictos bélicos de su tiempo, destacándose no solo por su intrepidez sino porque al escribir dejó la objetividad de lado, para tomar partido en sus crónicas por los soldados rasos y las víctimas civiles. Al retratar con sensibilidad el sufrimiento de los más desfavorecidos marcó un estilo en el periodismo de guerra, dejó su sello en la profesión y marcó un camino a seguir.

Fíjese, Corina querida, que no solo se valió de su capacidad como periodista, sino que en más de una oportunidad acudió al ingenio, como cuando se disfrazó de camillero para documentar el desembarco de Normandía. Fue la única mujer que logró estar allí.

Sin embargo, su notoriedad parece deberse más a los cinco tormentosos años en que estuvo casada con Hemingway. Los comienzos de esa relación tuvieron como escenario a la convulsionada Madrid de la Guerra Civil Española. Aunque ya habían sido presentados antes, Martha y Ernest se reencontraron en el mismo hotel, desde donde cubrían la guerra, ambos defensores del bando republicano. Nació un romance entre ellos, en medio de los estallidos de bombas y las corridas a los sótanos para refugiarse. Y también, en las fiestas durante las treguas, en las que Hemingway ya revelaba su gusto por la bebida y las peleas. Un año después, en 1940, se casaron y en 1945 se separaron: él no soportaba que ella dedicara tanto tiempo a su trabajo y ella no lo soportaba más a él. Fue la única de las tres esposas del escritor que tuvo el valor de dejarlo. Lúcida y audaz, se negó a ser “una nota a pie de página de la vida de otra persona” como ella misma expresó cuando le preguntaron por su matrimonio fallido y las comparaciones entre ambos como profesionales.

Espero que le haya gustado, querida Corina, y que en algo haya iluminado su camino.

 

.Agalina

 

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