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Veneciafrenia: Reflexiones sobre la Turismofobia

lunes 18 de octubre de 2021
Veneciafrenia: Reflexiones sobre la Turismofobia

El director de cine español Álex de la Iglesia presentó Veneciafrenia en el Festival de Cine Fantástico de Sitges. Es la primera película de ficción que aborda la temática de la turismofobia: el temor, aversión o rechazo que sienten los habitantes de una ciudad o región hacia los turistas. La película fue filmada durante el confinamiento, en una Venecia totalmente vacía, y es una historia de suspenso y terror. La trama se centra en un grupo de jóvenes turistas españoles que intentan salvar sus vidas de las agresiones en rechazo al turismo y la llegada de grandes cruceros.

Según el director, la idea surgió luego de reconocerse a sí mismo como “culpable”, al visitar Venecia y reflexionar sobre el impacto del turismo en ella. En la película, como en la vida real, “la gente que visita las ciudades ve la realidad a través de un móvil y la convierte en una especie de representación teatral”. Veneciafrenia es su aporte al debate en un lugar icónico para abordar la temática. Otros casos representativos de turismofobia son Barcelona (España), Roma (Italia), Santorini (Grecia) y Ámsterdam (Países Bajos). En estas ciudades el turismo ha crecido de forma rápida, y en algunos casos desordenada, sin limitaciones ni una planificación adecuada. En tiempos de pre pandemia poseían una elevada cantidad de visitantes, que generalmente superaba ampliamente a su número de habitantes estable.

Muchos de estos destinos dependen económicamente de los ingresos provenientes de la actividad turística, pero al mismo tiempo, padecen efectos negativos. Entre las principales problemáticas se destaca el malestar generado por el ritmo lento de paseo de los turistas en contraste al de los trabajadores, la saturación de los medios de transporte y el aumento de residuos en la vía pública. A estos problemas se le suman el incremento del costo de vida y del precio de los alquileres ante la conveniencia de alquilar para turismo -y el desplazamiento de los locales a barrios periféricos-, la generación de empleo precario, salarios bajos, exceso de ruido, fiestas y gente alcoholizada en la vía pública y la degradación de los recursos naturales y patrimoniales, por superar la capacidad de carga del destino o por el comportamiento inadecuado de los visitantes.

Por estos motivos, desde hace varios años, surgió la resistencia y manifestación por parte de los ciudadanos, que incluye marchas, protestas, graffitis y en casos más extremos, incluso ataques. ¿Pero son realmente los turistas los culpables? En líneas generales podríamos decir que no, muchos de estos problemas son consecuencia de una mala planificación y la falta o ineficacia de las políticas turísticas para proteger los recursos y a los residentes. Aun así, como turistas y ciudadanos, debemos ser conscientes y responsables de nuestra conducta, tanto fuera como dentro de nuestro país y, aunque parezca una obviedad, evitar acciones que puedan atentar contra el ambiente y las costumbres de la población local.

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