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Todos los fuegos

lunes 09 de agosto de 2021
Todos los fuegos

Mis muy estimados: esta semana responderé a la consulta de Elisa, quien me envía un cálido mail donde me cuenta que se encuentra aislada en su domicilio, en compañía de su ex marido, Pánfilo. Al parecer a él le dio positivo el examen de Covid y el destino quiso que ella fuera, circunstancialmente, contacto estrecho. Así es que, por estas cosas raras de la pandemia, está compartiendo vivienda con el hombre del que hace doce años se divorció. Pues bien, esta convivencia forzada, que pensó que iba a ser una tortura, le ha permitido hacer un descubrimiento sorprendente: ella y su ex pueden mantener un trato respetuoso y hasta agradable. Incluso, dice Elisa, han advertido que se ha vuelto a encender la chispa… que cree que se queda corta con lo de chispa, que presiente que puede llegar a convertirse en un verdadero incendio. ¿Qué irán a decir sus hijos? ¿Se enojarán con ellos? ¿Considerarán que son dos viejos chiflados? ¿Debería apagar el fuego o avivar las llamas? Estas preguntas se hace Elisa y me las transmite.

Estimada Elisa, como usted y mis apreciados lectores ya saben, Agalina responde a través de una historia. La de hoy me la trajo usted a la memoria con este incendiario romance resurgido en medio del aislamiento.

Nos vamos a remontar al 30 de marzo de 1331. Para ser más exactos era un sábado santo. Giovanni Boccaccio, escritor italiano y protagonista de este relato, quien tenía en ese momento apenas diecisiete años, conoció ese día a una bella napolitana y se enamoró ardientemente de ella. Ese fogoso e intenso amor quedó registrado en la serie de canciones y sonetos que le dedicó sin descanso a la dama, a la cual él llamaba Fiammeta (llamita en italiano).

Usted dirá, Elisa, que todo esto me lo invento. Pero tengo pruebas de que no es así: Bocaccio lo cuenta con detalles en Filocolo, una de sus obras juveniles. Decían por ahí, las vecinas de Nápoles que Fiammeta era en realidad María de Aquino, una mujer casada con un noble de la corte, de la cual también se comentaba que era hija ilegítima del rey.

Al parecer, la famosa Fiammeta terminó por rendirse ante el cortejo insistente del joven Giovanni, y sería ella quien lo introdujo, primero en su cuarto, y luego en la corte italiana. Bajo el luminoso influjo de Fiammeta, Bocaccio escribiría poemas y novelas. Sin embargo, el romance entre el escritor y su musa tendría un doloroso final para él, cuando la napolitana dio por terminada la relación: un baldazo de agua fría para apagar la fervorosa llama.

Con el corazón herido (carbonizado), regresa Giovanni a Florencia, la ciudad en la había vivido gran parte de su vida. Desde allí, su padre lo reclamaba debido a los problemas financieros que estaba afrontando. Para confirmar que los males no vienen de a uno, en la misma Florencia, el joven autor sería testigo de los horrores de la peste bubónica o peste negra. Pero el arte florece en los sitios más oscuros, lo estamos viendo en estos días tan duros que nos tocan vivir. Así es que aquella cuarentena fue el marco que Boccaccio tomó para contextualizar los cien cuentos que reúne El Decamerón, su obra más reconocida. Diez jóvenes, siete mujeres y tres varones que se han alejado de la ciudad y han elegido una villa para escapar del espanto de la peste, son los personajes que relatan estas historias durante diez días.

Elisa querida, como ya me he extendido mucho, le propongo continuar contándole acerca de esta magnífica obra en próximas columnas. Mientras tanto, la dejo con el siguiente consejo: mantenga la distancia de Pánfilo, sobre todo para evitar la transmisión de este virus que nos ha complicado la existencia. Y sepa que hay un dicho que reza: “La distancia es al amor, lo que el viento al fuego: apaga las velas, pero aviva las hogueras.”

Hasta la próxima.
Agalina

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