La voz oficial de Comodoro: historia, furcios y pasión detrás del micrófono de Adrián Aguiar

Detrás del micrófono protocolar de los actos oficiales se esconde una historia que comenzó en una parroquia y se consolidó junto a grandes referentes locales. Con 16 años de trayectoria en el municipio rescata el valor de la conexión con los vecinos y aquellas anécdotas inolvidables —con furcios incluidos— que guardan las paredes del despacho oficial.
sábado 04 de julio de 2026

Es la cara y la voz indiscutida de los actos institucionales de la ciudad. Con 16 años de trayectoria yendo y viniendo en el municipio, repasa sus inicios en una parroquia, el legado de la familia Gallardo y las anécdotas que guardan las paredes del despacho oficial.

"Ah, pero ahí no me beneficia, sale la papada. ¡Ah, re coqueta! No pasa nada", bromea entre risas antes de iniciar la entrevista con el celular. La espontaneidad y la calidez que lo caracterizan frente a las multitudes se hacen presentes desde el primer segundo. Detrás de esa voz firme, protocolar y precisa que los comodorenses escuchan en cada fecha patria o anuncio oficial, se esconde un vecino apasionado por la comunicación, agradecido con sus mentores y con los pies sobre la tierra.

En el marco del Día del Locutor, Adrián Eduardo Aguiar dialogó a fondo con Crónica sobre su historia de vida, sus accidentados comienzos, el recorrido que lo llevó a ser "la voz del municipio" y esos gajes del oficio que ocurren cuando el micrófono queda abierto.

De la parroquia al micrófono: los inicios

Para muchos, la vocación llega de forma lineal; para Adrián, comenzó en un lugar inesperado: dando clases de catecismo. "Me escucharon, me acuerdo, en la parroquia Ledesma, en Nuestra Señora de Luján. Me llamaron para trabajar en una radio, estuve un año. No fue una experiencia muy linda, sí me llevé buenas relaciones".

Aquel primer traspié no lo frenó. Tras un par de años realizando trabajos de perfil más amateur, el destino y los lazos de la ciudad lo cruzaron con una de las dinastías más importantes de la radiodifusión local.

"Aparecí con Toni Gallardo, me llevó a conocer a su papá, Luis Gallardo, una voz muy conocida, 'la voz del recuerdo' en Comodoro Rivadavia, en la 89.9. Estuvimos trabajando juntos, se dio la posibilidad de capacitarme, hacer algunas capacitaciones, hasta que pude rendir ante el ISER para tener el carnet", recordó Adrián.

Ese espaldarazo de la familia Gallardo fue el trampolín definitivo para consolidar su carrera profesional. A partir de allí, las puertas se abrieron tanto en el sector público como en el privado. "Después, bueno, nada, la posibilidad de entrar a trabajar a la municipalidad, en principio como proveedor, ahora como proveedor otra vez, pero también esto de mantenerse en los medios, de hacer eventos privados, fiestas, empresas. Un lindo recorrido y agradecido por la gente que me dio una mano", evoca con humildad.

El ida y vuelta con la gente: la verdadera magia

Entre actos oficiales, Adrián lleva el guión de lo que debe leer. Va repasando las hojas para no perderse o equivocarse, algo que es casi imposible. Al ser consultado sobre qué es lo que lo sostiene y lo apasiona de la profesión después de tanto tiempo, Aguiar no lo duda: la conexión humana. En tiempos donde la tecnología diversificó las plataformas, el núcleo de la locución sigue siendo el mismo.

"Lo más lindo es el ida y vuelta que hay con la gente. Es increíble, uno no dimensiona realmente que hay una persona del otro lado que recepciona lo que uno dice y cómo te lo devuelve. Ya sea detrás de un micrófono con la radio tradicional, donde no te ven, a través del stream y reciben un mensaje instantáneo, o por ahí en los eventos donde son masivos, mucha gente y que la gente realmente vibra con vos. Yo creo que eso es lo más emocionante", explica.

Adrián Aguiar lleva 16 años de trayectoria "yendo y viniendo" en la Municipalidad de Comodoro Rivadavia, consolidándose como la voz oficial de la institución.

Entre el protocolo y los furcios: las anécdotas de despacho

Afrontar el micrófono en vivo implica convivir con el error, el imprevisto y la tensión. Con 16 años de rodaje en el ámbito municipal, Adrián acumuló momentos memorables donde el cuerpo o la mente jugaron una mala pasada en el momento menos oportuno.

"Trabado, sí, infinidad de veces", confiesa entre risas antes de rememorar una anécdota imperdible ocurrida en el corazón del poder político local: "mirá, te cuento una, en pleno despacho del intendente, estoy por cerrar el acto, o está terminando las palabras el intendente en ese momento —creo que era Juan Pablo Luque o Carlos Linares, no recuerdo, estaban los dos igualmente—. Y cuando se me atora algo en la garganta, y no podía cerrar el acto... y estaban esperando que yo cierre, y estaba como... ¡Cerró el intendente! Así salió, así fue".

Los furcios lingüísticos también forman parte del archivo de cualquier locutor, especialmente en las frías mañanas de Comodoro Rivadavia. "Después con un acto de Belgrano, la palabra 'panamericanismo'... y nada, era muy temprano, pero siempre hay algún furcio, alguna cosita, sí, sí", añade divertido.

La voz del Municipio de Comodoro

Aceptando el mote con timidez pero con el orgullo de quien respeta su labor diaria, Adrián asume su rol dentro de la comunidad. Ante la frase "Sos la voz del municipio", concluye con una definición que resume su ética de trabajo: "Sí, no, sí... de alguna manera sí, vamos a decirlo así. Me debo a la gente, básicamente, no es otra cosa".

Con la calidez de siempre, agradeciendo por la nota que rara vez porque no es el protagonista. Siempre está en los actos, pero nunca da notas. Y listo para continuar con la jornada laboral, Adrián Eduardo Aguiar se despide para seguir haciendo lo que mejor sabe: ponerle voz a la historia diaria de Comodoro Rivadavia.