Los profesionales comodorenses una vez más demostraron su gran capacidad
La nena de Rawson que salvaron los médicos del hospital de Comodoro
La madre de Isabella Solis, la niña de Rawson que contrajo Síndrome Urémico Hemolítico, describió a nuestro equipo la odisea que que vivieron desde que a la pequeña se le despertaron los primeros síntomas hasta que terminó internada en Comodoro Rivadavia.
Los médicos del Hospital Regional le salvaron la vida a la niña. Para Emily, vecina de Rawson, ellos son sus “ángeles”. Al día de hoy no sabe cómo su hija pudo haber contraído el Escherichia Coli. Hay algunos indicios que pueden alumbrar qué fue lo que pudo haber pasado.
La Municipalidad de Rawson, ni bien informaron el caso, desplegó los protocolos y controló tanto el hogar como cada uno de los comercios donde la madre de Isabella hizo las compras. Los resultados de los controles bromatológicos no arrojaron nada.
Después del almuerzo
El domingo 26 de octubre, Isabella fue a almorzar con la familia a un lugar cerca de Trelew y cuando regresó a casa, tuvo un poco de tos y algunas líneas de fiebre.
La pequeña, de tres años, siempre lleva su tupper con la comida que le prepara la mamá. La nena es alérgica a la proteína, no puede tomar leche de vaca ni comer huevos o lácteos.
La mamá, Emily, siempre está al cuidado de la hija: sabe que no puede comer las galletitas que le convidan sus compañeros. Los cuidados son muy parecidos a los que tiene cualquier celíaco.
Ese domingo, Emily se aseguró de que la carne y las papas fritas que siempre pide Isabella no tuvieran nada raro. La madre se tranquilizó cuando le hablaron de los recaudos que toman en la cocina.

Esa noche, en Rawson, Isabella ya no se sentía bien; el lunes se quedó en casa y se hizo ver por un médico. La nena, además de ser alérgica, tiene asma y rinitis. Emily sabe que una tosecita puede ser el principio de algo más.
El miércoles 29 la nena fue a Puerto Madryn a atenderse con su alergista. Hacía poco que Isabella había dejado los pañales. Cuando volvían a Rawson se quejó de que le dolía la panza. “Eso nos pareció raro”, dice la madre.
La nena no fue al jardín en Trelew ni tampoco hizo ninguna otra actividad en toda la semana. Este dato es significativo a la luz de lo que vendrá después.
Los primeros síntomas y la odisea
El jueves, a las 7 de la mañana, Emily le escribió a la pediatra, Ana Montero, quien una hora después le recetó las órdenes de análisis de sangre, orina y materia fecal. Por la tarde, a las 17, Isabella se atendió con su médica de cabecera. Los resultados de la orina llegaron a las 18; los de la materia fecal estarían al otro día.
Ese jueves Isabella empezó a tener diarrea, dolor de panza y retorcijones; a la madrugada Emily vio hilos de sangre y se asustó. Pensó que la nena pudo haber comido alguna galletita. Pero no había forma de que eso hubiera ocurrido.
El viernes, a las 6.15, Emily ingresó al Hospital del Rawson con Isabella, y pidió que por favor la viera un médico. Le respondieron que volviera a las 10. La madre, desesperada, agarró el auto y salió para Trelew.
A las 8.30, madre e hija cruzaron la puerta del Hospital de Trelew. “Isabella estaba deshidratada”, recuerda Emily que el cuadro de la nena se iba agravando. “Me llega el análisis de la materia fecal que decía rotavirus positivo”.
Isabella, a esa altura, tenía diarrea líquida y coágulos de sangre. Los médicos –Emily hoy no sale de su asombro- le dieron el alta. El domingo Isabella tenía la boca seca, estaba pálida y no hacía pis. “La nena no quería comer nada, dormía todo el día”, dice la madre. A la noche, cerca de las 23, empezó con vómitos y regresaron a Trelew.
Esa madrugada, Isabella fue internada en el Hospital de Trelew. Los análisis de sangre le dieron muy mal. Los médicos entraban y salían de la habitación. La mamá y el papá no sabían qué pensar. Faltaba confirmar la presencia de Escherichia Coli.
“Cuando entré estaba la médica explicando que la iban a pasar a Terapia Intensiva porque todo indicaba que era Síndrome Urémico Hemolítico”, recuerda Emily.
El mundo abajo
Los médicos le dijeron que había que derivar a Isabella a Comodoro Rivadavia porque necesitaba hacerle diálisis. La especialista de Trelew, aparentemente, había salido de vacaciones. La nefróloga más cercana estaba en Comodoro Rivadavia.
La idea era derivarla el miércoles al Hospital de Comodoro Rivadavia. La pediatra, al enterarse de esto, les advirtió que Isabella no podía esperar. “Era una locura esperar al miércoles porque si Isabella entraba en paro, no teníamos profesionales para atenderla en Trelew”, dice Emily.
La nena partió enseguida en ambulancia a Comodoro Rivadavia, acompañada por su mamá, una enfermera y una neonatóloga. Cuando llegaron al Hospital Regional, se les vino el mundo abajo: no había una nefróloga en el sistema público que pueda atender el caso.

“Nos mira la terapista, Paula (es un ángel para nosotros), y nos dice que no tienen nefróloga infantil y se nos vino el mundo abajo; trajimos a morir a nuestra hija acá”, confiesa Emily que se le cruzó por la cabeza lo peor.
En ese momento, la madre se puso en manos de los médicos , rezó y se dispuso a esperar. “No se preocupen porque sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer. En caso de necesitarla nos manejamos con una nefróloga del Hospital Austral; la miré, le creí, confié en ella”, relató Emily lo que decían mientras conectaban a la hija.
“Quiero pis”
Pasaban los días e Isabella estaba cada vez peor; si no mejoraba tenían que ingresar al quirófano y hacerle diálisis. Emily le pedía por favor a Dios que su hija hiciera pis; si la nena orinaba era una señal de que los riñones podrían salvarse.
“Quiero pis”, la hija empezó a repetir en la cama. “Bueno, tenés pañal hacé”, le respondió Emily intrigada. “Ya terminé”, dijo Isabella. La madre notó que Isabella tenía cuatro gotitas en el pañal. Los médicos le dijeron a Emily que no se ilusionara. Los análisis seguían dando mal; no podía ser que hubiera orinado.
Isabella pasó toda esa semana internada en terapia. La madre insistía en que la hija decía “quiero pis”. El sábado los enfermeros hicieron la prueba. “Le pusimos un algodón y salió amarillo: cuando abrimos era pis. Todos lloraban, los médicos saltaban, fue increible”, recuerda Emily el momento en que supieron que Isabella iba a mejorar.
Aun así, la nena tuvo hipertensión, fiebre y vómitos hasta que le dieron el alta y pudo volver a casa. Emily cuenta que Isabella hoy está un poco mejor; aun así va a tener que someterse a controles de por vida.
La madre solo tiene palabras de agradecimiento para la pediatra y el equipo médico del Hospital de Comodoro Rivadavia que le salvaron la vida a Isabella. Los profesionales de la salud pública comodorense demostraron una vez mas su gran capacidad para resolver casos complejos.
Emily no deja de pensar qué pudo haber pasado si seguían al pie de las instrucciones que le dieron algunos eslabones de la cadena en los hospitales de Rawson y Trelew.
La madre, lejos de criticar a nadie, quiere que su experiencia sirva para que los profesionales de la salud pública puedan reflexionar respecto de algunos episodios que pudieron haberle costado la vida a la hija.