Burocracia, desinterés o falta total de empatía social-vecinal
Mientras se espera una normativa que “vuelva a enseñar” el valor y el respeto hacia los ancianos, abuelos o adultos mayores -como se quiera llamarlos-, la falta de acción para solucionar diferentes problemas que se suceden -y que los tiene como protagonistas- se repiten a diario sin esa esperada intervención que le dé prioridad solo por tener canas, solo por transitar con un bastón o, solo por ser viejos.
La situación de una pareja de abuelos sin gas, por una situación accidental, que ya solucionaron el problema estructural -con reparaciones y cambios exigidos- pone sobre la mesa la falta de urgencia en la acción de respuesta, toda vez que la rotura de un caño por el desmoronamiento de terrenos sucedió hace tres meses pero, siempre hay un pero, falta la inspección de una buena persona que observe, certifique y finalmente ordene la restitución del servicio para la pareja de ancianos.
Cabe señalar que sin gas durante tres meses, en este período invernal, provocó neumonía a uno de los abuelos y que, afortunadamente, no resultó “terminal” aunque, pese a una recuperación a medias, sigue pasando frío en el barrio Pietrobelli.
Y este caso es solo una muestra -el botón de aquel antiguo axioma- que ayer mismo dejó observar otra situación casi “inhumana” de parte de vaya a saber qué responsables que dejaron “abandonado por casi cuatro horas, tirado en una vereda”, el cadáver de otro viejo de algo más de 80 años.
Se sabe de las diferentes intervenciones que se suceden si un deceso ocurre con un enfermo internado o en tránsito, si sucede en domicilio particular -aunque sea paciente-, si la muerte es accidental pero dudosa o si ocurre, como en este caso, en un “accidente mortal evidente” que no obliga a una autopsia pero que, por deceso final, se debe encargar otra institución, otro sector u otra persona.
Con esa excusa, el cadáver de un anciano fallecido en un choque -quizás antes del impacto, como consecuencia de un ACV- a las 11 de la mañana, estuvo tirado el viernes en una vereda -tapado o dentro de una ignominiosa bolsa negra- por casi cuatro horas, esperando que “quien corresponda” lo retire, lo levante, se lo lleve, mientras compungidos y con otro dolor en el alma, algunos familiares esperaban decisiones junto a un efectivo policial y algunos otros curiosos.
Seguramente y oficialmente se podrá decir que “es la burocracia, el desinterés o la falta de empatía de algún funcionario de turno” pero, y lo peor, es que esas situaciones “se acepten socialmente” a pesar del daño que producen a los viejos... y a su entorno.