Los ocultistas del siglo XIX

Las reflexiones de notables filósofos acerca de hechos sobrenaturales.
miércoles 07 de agosto de 2024
Los ocultistas del siglo XIX
Los ocultistas del siglo XIX

(Por Carlos Parodi (*) [email protected]). odo preguntar es un buscar”, escribió el filosofo alemán Martin Heidegger (1889-1976) en su intrincada obra “Ser y tiempo”, que salió a la luz en 1927. La Filosofía es considerada como aquella Ciencia Universal que ha intentado comprender y explicar la noción de aquello que es Realidad.

Y si bien desde la noche de los tiempos existieron pensadores que profundizaron en el tema de lo incognoscible, fue recién a mediados del siglo XIX cuando muchos plantearon disquisiciones filosóficas que los llevaron a interpretar que el límite de lo material y concreto era el enigmático concepto de lo “No conocido”. En tal sentido, podríamos suponer que esa fue la “piedra fundacional” para que a mediados de 1800 surgieran filósofos, algunos de renombre universal y otros no tan conocidos, cuyas teorías oscilaran a la manera de un péndulo con idas y vueltas sobre la esencia de lo “Oculto”.

 

Personajes a considerar

El alemán Arthur Schopenhauer (1788-1860), (foto superior), si bien mantuvo una posición crítica y por momentos no exenta de sarcasmo y pesimismo ante los hechos de naturaleza indiscernible, también se interesó por el fenómeno de la reencarnación.

A partir de ahí escribió: “En el momento en que fallecemos, rechazamos nuestra individualidad como si fuera una vestimenta usada y nos regocijamos porque vamos a recibir otra nueva y mejor”. Pero sus reflexiones paranormales no finalizaban allí. En su intrigante obra llamada “Las Ciencias Ocultas, ensayos sobre las apariciones de Espíritus” podemos leer: “Ante la perplejidad en que estamos cuando se trata de estas ‘percepciones’, la distinción del sujeto y del objeto, resulta dudosa, confusa, no muy clara.

Entonces me pregunto ¿Es fuera de mí o en mí?” à Un discípulo de Schopenhauer fue Eduard Von Hartmann (1842-1906) quien sediferenció de su maestro y fue un activo practicante de la doctrina Espiritista. Su filosofía en torno a la condición post mortem la volcó en uno de sus tratados llamado

“Philosophie des Unbewussten” (“Filosofía del Inconsciente”).

También Rusia aportó a la corriente de filosofía sobrenatural al médico y filósofo Alexander Aksakof (1832-1903) quien editó en su país la primera publicación de carácter esotérico llamada“Rebus” y fue el autor del libro “Animismo y Espiritismo”. Alexander Aksakof también fue un asiduo participante de sesiones con médiums.

Precisamente al finalizar una de ellas, envió un informe a una comisión de científicos reunida en Milán, en el cual afirmaba: “La total veracidad de los fenómenos sobrenaturales observados en la oscuridad. Porque no existe mejor empleo de la vida, que tratar de probar la naturaleza trascendente de la existencia humana”.

 

Espíritus y vida extraterrestre

Un filósofo con inclinaciones esotéricas fue el extravagante barón alemán Carl Du Prel (1839-1899) quien luego de obtener el título de médico, e influenciado por ideas ocultistas, ahondó en las prácticas del hipnotismo.

También fue uno de los primeros filósofos en realizar investigaciones paranormales y en manifestar abiertamente su creencia en la posibilidad de vida extraterrestre.

Por su parte, el alemán Hubbe Schleiden (1846-1916) si bien se doctoró en Economía, Derecho y Filosofía, dedicó su vida al estudio de la “Teosofía” al deslumbrarse por la doctrina creada por la pensadora ocultista rusa Madame Blavatsky (1831-1891) en base a la cual fundó la “Sociedad Teosófica Germania”. Este filósofo también ejerció el periodismo y fue el director de una de las primeras revistas psíquicas surgidas en Europa, llamada “Sphinx” (“La Esfinge”) cuyo primer número salió a la calle en 1896.

Otro personaje curioso fue el astrofísico, filósofo y Jesuita Alois Gatterer (1886-1953) nacido en Austria, y quien aún bajo una estricta formación religiosa, profundizó en la interpretación filosófica de los “fenómenos ocultos”. Sus investigaciones llamaron la atención de los distintos ámbitos científicos, pero el que se movió rápido fue el Papa Pío XI (1857-1939) quien en 1933 lo convocó para que instalara un laboratorio de Astrofísica en el “Observatorio del Vaticano”.

Desde ese momento y como fiel representante de la apasionada visión cosmológica y filosófica de los Jesuitas, todas las noches miraba hacia los cielos en busca de su propia interpretación acerca de otros mundos. Su obra más famosa es “El Ocultismo científico y su relación con la Filosofía”. La influencia de este notable sacerdote Jesuita resultó de tal trascendencia que sus escritos se preservan cual libros incunables en los archivos “clasificados” del Vaticano…

(*) Investigador paranormal y ufológico.