miércoles 1 de febrero de 2023
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“Cuando los labios están en silencio, el corazón tiene cien lenguas”

La frase pertenece a Rumi.
lunes 23 de enero de 2023
“Cuando los labios están en silencio, el corazón tiene cien lenguas”

Por las rendijas del tiempo vemos desfilar la realidad en la que nos desplazamos inevitablemente.

Sabemos, porque la padecemos a diario, que debemos modificarla. Que necesitamos pinceladas de luz que la iluminen con acciones que nos rediman de todo lo mal hecho, de todos los comportamientos desacertados que hemos permitid, y todo lo engañoso que, tan livianamente, hemos aceptado. Y que es fundamental que el despertar de la conciencia se constituya en el atuendo especial para transitar cualquier ocasión.

Habrá que tener muy presente, entonces, que la simple cercanía con el otro nunca es simple, porque está rodeada de la complejidad de cada quién. Por eso requiere de la distancia prudente que, teniendo al respeto como límite demarcatorio, resguarde la privacidad y singularidad ajena sosteniendo esos límites que aseguran los vínculos saludables.

Así tendremos la distancia y el espacio adecuados, conformando el cerco invisible pero ineludible para mantener la distancia óptima que garantice ese entorno inviolable que constituye el territorio propio, delimitando una zona privada como un cartel indicador que alerta: prohibido trasponerla.

El respeto, material imprescindible en la elaboración de los perímetros divisorios de los vínculos humanos, constituye la esencia que permite encender la chispa que ilumine la construcción de una sociedad distinta que pueda albergarnos a todos, constituyéndose en tierra firme para cada pisada que la transite.

El respeto, oficiando de actor principal en el escenario cotidiano donde salimos todos a escena, inevitablemente.

Su ausencia, en cambio, permite aflorar los instintos primarios donde cada uno busca imponerse ante los demás según sus gustos y preferencias conformando el quiebre social que todos padecemos a diario.

El cambio social llegará de la mano del cambio de cada uno de sus integrantes, o no llegará. Del cambio de mentalidad que, nutrida de la conciencia necesaria, comprenda que, con la repetición constante del decir, hacer y sentir, que conforma y sostiene nuestra inagotable sociedad de más de lo mismo, sólo lograremos el derrumbamiento constante de los unos sobre los otros, como un proceso in eternum que no puede detenerse sin el inicio de una acción rotunda, contundente, terminante y concluyente.

Un cambio a medias, no sirve.

Un cambio de pocos, no alcanza.

Un cambio que obligue a unos y libere a otros, no existe…

Debemos estar todos comprometidos y obligados, si de aguardar resultados reales, concretos y efectivos, se trata.

Por todos y cada uno de los espacios que se van vaciando de cordura y se van llenando de insania atravesados por la indiferencia y sostenidos por la inconciencia…

Por tanto despilfarro de necedad que cada vez más se ostenta en la solapa comunitaria, como una insignia del no poder…

Por esas notas dominante que resuenan como un estigma de la aceptación generalizada a lo decadente e intrascendente…

Paracelso, el doctor del renacimiento decía que: “En el corazón de cada ser humano se alojan un trozo de cielo y un fragmento de la tierra; y que si vamos a cuidar de ese corazón, tendremos que conocer tanto el cielo y la tierra como el comportamiento humano…

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