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“Cultiva la raíz, las hojas y las ramas se cuidarán solas”

lunes 16 de enero de 2023
“Cultiva la raíz, las hojas y las ramas se cuidarán solas”

La finalización del año ha quedado atrás con su recurrente sumatoria de actividades, preparativos y urgencias que la caracterizan, presentan y definen.

Ha llegado el tiempo del descanso de muchas actividades, y del disfrute -del que pueda- vacacionando según los intereses y posibilidades de cada uno.

De alguna manera, entonces, éste es buen momento para recorrer la geografía de la propia singularidad y establecer encuentros con uno mismo para agendar, en las páginas de las determinaciones, los pasos a dar que nos guíen hacia todos esos deseos que compartimos unos a otros junto a la finalización del año, con vista a los nuevos días por venir…

Tantos augurios de paz, tantos deseos de felicidad, que coronaron de espíritu festivo y participativo la culminación del 2022, no debiéramos permitir que queden sólo en enunciados lanzados al aire de las probabilidades, para que se concreten como por arte de magia, como si fueran una sumatoria de intenciones que, arrojadas a una fuente de los deseos colectivos, se corporizaran por sí mismos hechos realidad. Para abrazarnos, comunitariamente, en busca de paz, necesitamos abrazar causas comunes generadoras de intereses compartidos, con proyectos que nos amalgamen en jubilosas vivencias de realizaciones donde nadie quede ausente ni excluido. Abrazarnos, es acercarnos y contenernos, generar una ronda donde el otro esté presente constructiva y afectivamente, donde cada uno se sienta - y lo hagan sentir- parte de un proyecto social que lo necesita, de una comunidad que lo valora, de un sistema que lo contiene, de un día a día que lo invita a sumarse a una causa que le inyecta vitalidad en sí misma, que le propone desafíos, que le ofrece recursos, que le insinúa recorridos sugiriendo alternativas… Donde cada uno no sólo aspire a ser parte de un abrazo comunitario, sino que lo busque y lo necesite, haciendo surgir lo mejor de cada uno en lugar de potenciar lo peor de cada quien. Donde el ABC de cada día deje de ser el temor ante la presencia del otro por todos los peligros que genera su cercanía.

Nuestra sociedad, tan fragmentada por las divisiones de todo tipo, necesita unirse para construirse en un edificio social que nos albergue a todos y recién, a partir de ahí, poder comenzar a acunar la paz en lugar de nombrarla como utópico deseo…

A nuestra sociedad de más de lo mismo le sobran muchas cosas, demasiadas, cuyo crecimiento imparable y su peso insostenible la van hundiendo cada día más en los pozos de lo inadmisible, conformando el territorio de lo insalvable. Tantas circunstancias deplorables que nos sobran y avanzan tapándonos como una avalancha a la que vemos venir insistiendo en quedarnos en el mismo lugar…

Sin embargo, seguimos permitiéndolas, potenciándolas y sosteniéndolas, pese a que cada día van causando la destrucción de la sociedad en su conjunto.

Mientras el día a día no cese en su producción de mutilados vitales, de desharrapados existenciales, de trastocados emocionales, de perturbados por una sociedad que no da tregua a la mente ni al espíritu, no habrá forma de imaginar, siquiera, concretados todos los buenos deseos expresados a fin de año. Sólo con muchísimo compromiso, conciencia y determinación individual y social, podremos iniciar el larguísimo y difícil camino que tenemos por delante, para poder abrazarnos comunitariamente en el arduo camino de construir la paz.

Pablo Neruda lo describía tan bella como poéticamente… “Pero más de una de las veces, un abrazo es arrancar un pedacito de sí para donarlo a algún otro hasta que pueda continuar el propio camino menos solo”.

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