miércoles 1 de febrero de 2023
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“Si la única herramienta que tienes es un martillo, tenderás a tratar todo como si fuera un clavo”

lunes 05 de diciembre de 2022
“Si la única herramienta que tienes es un martillo, tenderás a tratar todo como si fuera un clavo”

Los pasos inestables del andar social nos deslizan por la cuerda floja de la cotidianidad, transformándonos en equilibristas inseguros y temerosos, aunque con una trayectoria “en el oficio” de antigua data, atravesando una realidad camaleónica que cambia de fisonomía según el ojo del observador que lo describe.
¡Cuántas miradas no coincidentes convergiendo sobre el mismo punto obteniendo el resultado de una visión singular que, a la larga, lejos de transformarse en incluyente con una sumatoria hacia el conjunto social, se transforma en excluyente hacia los propios intereses!
Sobre un anecdotario de sucesos tan estrafalarios como carentes de sentido, se va perfilando el apagón comunitario que nos deja a oscuras socialmente.
Como en un juego de encastre en el que todas las piezas fueran permanentemente desacomodadas para evitar, intencionalmente, su correcto orden y encastración.
La cascada de preguntas sin respuestas sigue en el tope de la necedad social siendo reemplazadas por un alud de respuestas que no se corresponden con ninguna pregunta, sin aportar mínimamente a las soluciones necesarias.
Avanzamos como habitantes resignados de nuestra particular torre de Babel donde nadie entiende a nadie y en la cual no son los idiomas los que están mezclados impidiéndonos comunicarnos. Son los intereses en juego los que con su lenguaje particular se mezclan de tal manera hasta que dicha mixtura los transforma en ininteligibles conduciendo a la confusión constante, al desbarajuste permanente y al desorden insoportable.
En esta realidad tan retorcida se vuelve todo tan paradójico que lo indeseable se transforma en necesario, lo inútil en útil, lo malo en bueno y lo oscuro cobra tonalidad de luminoso.
Será porque “seguimos encerrados en la misma cárcel de la repetición” a la que hacía referencia Jean Paul Sartre, y “donde la verdadera vida está ausente” al decir de Rimbaud.
La especialidad de la casa parece ser “cambiar algo para que nada cambie”. Y en esta realidad tan cambiante donde nada cambia, seguimos asistiendo diariamente al funeral de todos y cada uno de los valores que deben regir en una sociedad, modelando a sus integrantes y oficiando de aglutinante para la unidad y la armonía.
El interminable duelo de titanes que se exhibe diariamente en el cuadrilátero social, es el de la ignorancia (con todos sus derivados) contra la ineptitud (en todas sus formas). Y aunque ya nadie quiera verlos, sus resultados pintan el paisaje cotidiano con el más de lo mismo del que nadie puede quedar excluido.
“La desventurada muchedumbre” al decir de Mallarmé, siempre elevada al rango de padeciente, no encuentra el atajo que la desvíe del punto de encuentro de las desdichas.
Y la gran propuesta parece ser el salvataje personal. Cada uno como pueda, lo que pueda, donde pueda.
Lamentable epílogo de una historia de confrontaciones que se repite hasta la absurdidad.
Marlo Morgan afirma: “Respirar no es un factor determinante de la vida. Simplemente sirve para indicar a los demás qué cuerpo está listo para el funeral y cuál no. No todas las personas que respiran están vivas”
Qué bueno sería poner todo el esfuerzo en lograr construir una sociedad donde todos y cada uno de sus integrantes, que respiran, además, estén vivos…

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