sábado 24 de septiembre de 2022
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“Unidos permaneceremos de pie, divididos caeremos”

lunes 19 de septiembre de 2022
“Unidos permaneceremos de pie, divididos caeremos”

Cada nuevo día nos encentra perdidos en la neblina comunitaria. Como si la sumatoria de vivencias que nos desestabilizan a diario, no permitiesen enhebrar el hilo de la sensatez en la aguja de los aconteceres con que deberíamos unir hechos criteriosos, pensamientos equilibrados, decires prudentes…
Nos hemos transformado en miopes existenciales, en apostadores de números perdedores con los que nadie se beneficia, en padecientes constantes de sucesos indigestos que, aun así, los seguimos consumiendo…
Hemos elegido patrones de comportamientos que nos esclavizan a la noria de los despropósitos que nos sacuden a diario ¡y vamos por más! Siempre vamos por más, en esta rueda demencial en la que giramos todos.
“La costumbre nos teje, diariamente, una telaraña en las pupilas” decía Oliverio Girondo.
Entonces ¿culparemos de nuestra realidad a “la costumbre” que nos empuja a actuar como lo hacemos, o a las “telarañas” que nos dificultan la visión? Porque también podríamos reflexionar acerca de qué es lo que nos lleva a aceptar la costumbre como modo de construir y transitar esta sociedad disfuncional en la que estamos empantanados. Ya que sin duda “a todos nos arrastra ese río infernal de la costumbre” como sostenía Agustín de Hipona, la culpa, entonces, ¿la endilgaremos “al río infernal que nos arrastra?
Qué necesario y criterioso sería reflexionar acerca de nuestra participación en las caudalosas aguas de ese río que termina arrastrándonos…
Surgen los infinitos puntos de vista… algunos con visión clara a pesar de todo lo que conduce a no ver, y otros que no ven nada pese a todas las evidencias para hacerlo…
Aparecen las singulares miradas… las que tienen la flexibilidad para intentar un cambio que resulte beneficioso para todos, y las que tienen la rigidez que imposibilitan cualquier intento para su logro…
Y vamos y venimos por la trillada huella de los desaciertos, abonando el suelo comunitario con semillas de penurias, siempre sostenidas con el abundante riego de la falta de sentido, imposibilitados para dar los pasos sociales que unan conduciendo a la armonía y bienestar social.
La realidad, con su repetición constante, de haceres y decires que nos vacían de humanidad y nos desvitalizan de sentido, va cerrando ese círculo vicioso que nos invisibiliza fustigándonos los unos contra los otros, acusándonos y señalándonos para determinar culpables, agrediéndonos con la intolerancia que, como savia venenosa, circula por el enclenque árbol social…
Nos acostumbramos a hacer leña del árbol caído sin percibir que todos terminamos siéndolo y ardiendo en fuegos ajenos.
De frustración en frustración, y de enojo en enojo, vamos construyendo el muro que nos separa de las vivencias reparadoras, del encuentro vital con los semejantes, en un tiempo terrenal tan acotado que no debería posibilitar un margen para la mínima pérdida de tiempo…
Es necesario que la calma logre aquietar las aguas comunitarias para permitir que las fibras íntimas del corazón afloren, luego de la larga ausencia en que parecieron ser condenadas al destierro, y su vibración nos una y reúna en torno a la tibieza del reencuentro.
“Un reencuentro nunca es un encuentro porque necesitó un desencuentro” afirmaba José Narosky
A estas alturas de nuestra realidad, sólo nos queda trabajar para que el reencuentro que pueda surgir del agobiante, sostenido e interminable desencuentro sea tan innovador y vivificante como para construir y construirnos desde la mesura y la sensatez.
Alejandro Magno nos previene: “Recuerda que de la conducta de cada uno depende el destino de todos”.

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