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“Ceder en un principio es ceder en todos los principios”

lunes 29 de agosto de 2022
“Ceder en un principio es ceder en todos los principios”

Tiempos de desánimos, cabezas gachas y andar de capa caída… “No hay pasión alguna en conformarse y hacer el mínimo esfuerzo en aceptar una vida que no está a la altura de lo que cada cual es capaz de vivir” reflexionaba Nelson Mandela.

Sin embargo, cuando la resignación pinta el ánimo con la opacidad de sus colores, en una sociedad donde los niveles de tensión que soporta atenazan la creatividad, bloqueando la energía que permitiría enderezar la columna vertebral comunitaria; la angustia, la ansiedad y la insania no pueden estar muy lejos.

Difícil centrarse en el presente focalizando la atención en lo que se debe hacer ahora, cuando el pasado es una prisión que no nos libera, y el futuro un vacío intimidante que no convoca ni atrae con sus propuestas.

El equilibrio, que indefectiblemente debe guiar los pasos individuales y sociales para evitar los excesos de todo tipo, ha sido condenado al destierro, y su lugar ha sido ocupado por el despropósito, el cual da indudables muestras de su amenazante longevidad.

Si bien no contamos con un mapa de ruta que nos señale el itinerario hacia la felicidad, parecería que hemos descubierto la señalización que nos aleja, irremediablemente, de ella, y no nos cansamos de seguir su trazado…

No dejamos de preguntarnos acerca de qué hacer con lo que nos pasa. Sin embargo, creo que más importante sería preocuparnos por lo que “no” nos pasa.

“¿Cómo no caer de rodillas ante el altar de las certezas?” afirmaba Umberto Eco.

¡Nos faltan las certezas! Aquellas que guíen a la sociedad hacia un porvenir venturoso, que conduzcan por caminos precisos donde afirmar los pasos seguros que den estabilidad al andar cotidiano… Las certezas que confieren las personas dignas, los procederes correctos, los pensamientos nobles… Las certezas que liberen de la opresión de no saber, de no creer, de no confiar, que conducen a no ser.

Porque la certeza es la que nos otorga la certidumbre, que es el conocimiento seguro de algo. Y la única certeza con la que contamos, a raudales, es la de la incertidumbre.

Por los ventanales sociales de la impotencia vemos desfilar interminablemente a las frustraciones de todo tipo.

La resignación, que no es lo mismo que la aceptación, es como una parálisis anímica basada en la convicción de que las cosas son como son y no hay nada que se pueda hacer para cambiarlas.

Ernesto Sábato sostenía que: “Hay una manera de contribuir a la protección de la humanidad, y es no resignarse”. ¡Es que resulta tan desgastante la vida sin sentido que llevamos! ¡Es tan impropia la desnaturalización del hombre por el hombre! ¡Resulta tan indigno crecer pisoteando al prójimo! ¡Es tan inhumano especular con el sufrimiento ajeno! ¡Se torna tan difícil interactuar constructivamente en un medio donde la destrucción generalizada termina siendo la marca en el orillo que la caracteriza!.

“De vez en cuando hay que hacer una pausa, contemplarse a sí mismo sin la fruición cotidiana, examinar el pasado rubro por rubro, etapa por etapa, baldosa por baldosa, y no llorarse las mentiras sino cantarse las verdades” sostenía Mario Benedetti.

Contarnos las verdades… ¡Qué maravilloso sería escuchar ese cuento! para reemplazar a todos los otros que de tan repetitivos e indigestos, oscurecen el alma y entorpecen la vida…

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