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“Quizás buscas en las ramas lo que sólo se encuentra en las raíces”

lunes 01 de agosto de 2022
“Quizás buscas en las ramas lo que sólo se encuentra en las raíces”

Paso a paso construimos nuestra historia personal y social. Con pasos firmes, a veces; inseguros, en otras; irracionales, en tantas.
Hay pasos que recorren un camino que conduce al lugar buscado y otros que, dados a tientas, nos alejan del sendero y, por lo tanto, de la meta.
Pasos cortos o largos, firmes o inestables, certeros o indecisos, conocedores o inexpertos, dados con finalidad o sin sentido.
Lo cierto es que no podemos dejar de darlos en nuestro viaje existencial porque, aunque no los demos, la inmovilidad también nos conduce hacia algún lugar.
Y si el camino andado está dado por las pisadas realizadas, no podemos desestimar la fortaleza de las piernas que conducen esos pasos, el criterio del cerebro que dirige, y la luz espiritual que guía, o no, el sendero.
No se trata de andar por andar ni de andar sin andar, mucho menos, de no andar. En ciertas circunstancias habrá que perderse antes de encontrar el camino, en otras, las piedras dificultarán el avance, y no faltarán los atajos intransitables que no conducen a ninguna parte.
Lo que no le puede, ni le debe faltar a cada paso es el propósito motivador. Luego, el andar mismo proporcionará las lecciones necesarias que, transformadas en experiencia, conducirán al aprendizaje necesario para crecer humanamente.
Pero la finalidad de la vida no es alcanzar metas, solamente, sino disfrutar del trayecto andado, de sus paisajes y sonidos, con sus encuentros y desencuentros, en un equilibrio que solace los sentimientos confortándolos, aquilatando las emociones sanadoras.
Ahora bien, los pasos que vamos dando en nuestro andar social ¿adónde nos conducen? ¿Qué gratificación anímica nos deparan? ¿Qué legado transformador obtenemos con la experiencia que nos dejan y dónde se evidencias sus resultados reparadores? ¿Qué firmezas sostienen nuestros pasos y qué alegría conlleva su andar? ¿Qué disfrute obtenemos en el camino cotidiano, qué criterio nos guía, qué luz nos ilumina y qué aporta a nuestro crecimiento en humanidad?
¿Habrá que replantearse el trazado de los caminos que, en lugar de orientar claramente, nos desorientan en forma implacable?
¿Habrá que modernizar los mapas de ruta para que renueven los itinerarios y dejen de conducirnos siempre al mismo lugar?
¿Será necesario corregir las señalizaciones para que dejen de guiarnos por las rutas indebidas?
Lo equivocado, ¿es el camino? ¿son las señales? ¿o los caminantes? ¿A quién le echamos la culpa, si buscar culpables es lo que se intenta? ¿A qué reflexión nos conduce todo esto, si de tomar conciencia y reparar, se trata?
En nuestra sociedad de “mucho ruido y pocas nueces” parece que el aturdimiento, en todas sus formas, se ha transformado en la panacea que evita a las mayorías escuchar el ruido delator de todo lo que se va rompiendo en nuestra interioridad.
Sería bueno recordar, entonces, que “No todas las cosas cuando se rompen hacen ruido. Hay algunas que se derrumban por completo en el más absoluto de los silencios”.

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