lunes 4 de julio de 2022
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El reclamo por la soberanía de las islas en las canciones de folklore anteriores a 1982

Por Cintia Kemelmajer/ El sociólogo e historiador del CONICET Sebastián Carassai analizó las letras de un centenar de temas musicales y trazó un mapa sobre cómo fue cambiando la percepción social sobre Malvinas.
domingo 22 de mayo de 2022
El reclamo por la soberanía de las islas en las canciones de folklore anteriores a 1982

El año 1982, con la guerra de Malvinas como telón de fondo, fue controversial para la historia del rock nacional: ese año, el género vivió su auge y también su día más negro. La extraña parábola comenzó días después del desembarco en las islas, cuando el gobierno dictatorial ordenó que las radios de todo el país dieran de baja la música cantada en inglés: el sonido hegemónico de la música radial pasó del pop norteamericano e inglés al rock nacional. Siguiendo ese impulso, el 16 de mayo de 1982 se organizó en Obras Sanitarias el Festival de Solidaridad Latinoamericana, un concierto de rock a beneficio de los soldados en las Islas que reunió a 70 mil personas y contó con las presentaciones de músicos como León Gieco, Luis Alberto Spinetta y Charly García. Si bien el recital significó un pico de popularidad para el género, con el paso del tiempo se convirtió en un suceso contradictorio y quedó envuelto en sombras, tildado como un hecho que marcó una colaboración entre el mundo del rock y la dictadura. Ese carácter paradojal lo convertiría en un hito que sería revisado una y otra vez por la historia: esa fue una de las razones que llevaron al investigador del CONICET Sebastián Carassai a correrse de ese foco más transitado, y a plantearse en cambio un tema sin precedentes: el análisis de lo que había ocurrido en el ámbito de la música en el período anterior a la guerra de Malvinas.

Siguiendo esa pesquisa, descubrió un vínculo impensado: “Así como puede decirse que después del conflicto de Malvinas el rock fue el vehículo privilegiado por los compositores de canciones para hablar sobre las islas, algo similar puede decirse del lugar que ocupó el folclore en las cuatro décadas previas al conflicto armado”, revela el investigador, que trabaja en el Centro de Historia Intelectual de la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ) y acaba de publicar además el libro Lo que no sabemos de Malvinas. Las islas, su gente y nosotros (Editorial Siglo XXI, 2022), en el que refleja parte de esta investigación.

Carassai analizó un centenar de canciones de la etapa previa a la guerra de Malvinas, en su mayoría del género folclore, y encontró un elemento común a todas las composiciones así como también diferencias: “Todos los compositores, implícita o explícitamente, coincidían en la convicción tan profunda como extendida por toda la geografía del país de que las Malvinas fueron, son y serán argentinas. En lo que diferían era en el modo en que imaginaban que se consumaría el anhelo de restitución”.

 

La voz del pueblo

En sus investigaciones previas, Carassai ya se había dedicado a estudiar los modos en los que la política, el sector de diplomacia y el periodismo abordaron la cuestión Malvinas en las décadas previas al conflicto bélico. A través de esas líneas, comprendió que una mayoría de esas voces provenía de circuitos de élite, y comenzó a pensar entonces en la posibilidad de investigar qué era lo que ocurría con la cuestión de las islas por fuera de las voces dominantes.

Para el sociólogo, la música se configuró como el modo de expresión más popular, una de las artes más universales, por una condición básica: para componer un tema musical no se requieren grandes recursos económicos. Siguiendo ese criterio, el científico visitó los archivos de la Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC), la organización que desde 1936 nuclea a todos los autores y compositores argentinos de música de todos los géneros. Su objetivo era buscar qué canciones habían sido registradas previamente a la guerra llevando, en su título o su letra, palabras clave como “Malvinas” o “islas”. “Para mi sorpresa, encontré muchísimas canciones, más de noventa, que hablaban explícitamente de las Islas Malvinas, y por fuera del registro algunas más”.

El recorte resultó heterogéneo: la mayoría de los temas musicales que encontró se habían registrado entre la década del 40 y los 80. Casi todos correspondían al género del folclore: eran chamamés, chacareras, cielitos, zambas. También había algunas marchas militares, tangos y una sola canción de rock. Los autores eran diversos: había músicos profesionales y también amateurs, gente conocida del mundo de la música –desde Atahualpa Yupanqui a Cacho Castaña, pasando por el músico de rock Jorge Durietz- y otros desconocidos. Con las letras de todos esos temas musicales registrados por sus autores, Carassai elaboró una primera respuesta a la pregunta de qué había ocurrido con Malvinas por fuera de los sectores de elite. “Todos los compositores, implícita o explícitamente, coincidían en la convicción tan profunda como extendida de que las Malvinas fueron, son y serán argentinas. Una certeza muy vinculada con el sentimiento hacia las islas”.

 

La convicción y la bravura

La primera de las canciones que Carassai encontró en los registros de SADAIC alusiva a las Malvinas fue La marcha de las Malvinas, compuesta en 1941 por José Tieri y Carlos Obligado. Era una marcha que se enseñaba en las escuelas y tenía, a juicio del sociólogo, un elemento muy importante en torno a las islas: “Es significativo que, en esa marcha, es la propia geografía la que canta su argentinidad, las islas dicen ´somos argentinas´. La letra afirma: ´las Malvinas argentinas, clama el viento y ruge el mar´; y también que los colores del territorio son los de la bandera nacional: ‘su blanco está en los montes, y en su azul se tiñe el mar’. Las islas son, para Tieri y Obligado, ontológicamente argentinas”, explica el investigador. “Sin embargo, en esta letra no hay de manera explícita un llamado a su recuperación. Eso va a aparecer en composiciones posteriores”.

“En 1965 la ONU reconoce que efectivamente hay una disputa territorial que involucra al Reino Unido y la Argentina, e invita a ambos países a que negocien una solución pacífica teniendo en cuenta los intereses de los habitantes de las islas. Muchos poetas de la segunda mitad de los 60 y de la década del 70 coincidirán en que el pueblo argentino viene siendo paciente desde hace más de 130 o 140 años, y que es hora de apurar el paso”, dice Carassai.

A partir de los 60, los cancionistas le dan un lugar preponderante a la figura del Gaucho Rivero, un peón de campo argentino conocido por liderar una revuelta en las islas Malvinas en agosto de 1833, pocos meses después de comenzada la ocupación británica de las islas. “Para muchos de quienes atribuían a esa revuelta un carácter patriótico, Rivero era un emblema de cómo deberían ser reclamadas y luego defendidas las islas: con actos más que con negociaciones, con hechos más que con palabras. Incluso arriesgando la vida”, señala Carassai. “Además las islas son, a menudo, feminizadas. Se evocan bajo figuras femeninas: una novia, una hija, una hermana, lo que refuerza el deber masculino de recuperarlas”, advierte Carassai.

En la década del 70, las canciones toman un nuevo énfasis: “Comienzan a aparecer en las letras ideas como que el tiempo se acabó´, ´si no alcanza con la palabra habrá que hacerlo por la fuerza´, ideas que aparecen no sólo metafórica sino literalmente”. No todas las canciones tenían este componente más confrontativo, no todas reivindicaban la idea de una recuperación por la fuerza”, advierte el investigador. “La famosa canción de Atahualpa Yupanqui, por ejemplo, La hermanita perdida, es más bien una plegaria patriótica laica: su letra reza ´hermanita, vuelve a casa´. Es un tema compuesto junto con Ariel Ramírez en 1971, que luego será muy famoso en la época de la guerra, y que tiene una poética que la distingue de otras canciones con poesías más llanas”.

Cuando comienza la guerra, la poética de las canciones muestra una mutación completa. “Vuelven las alusiones peyorativas a los británicos y a la gente de las islas, y se suma la convicción de que se va a resistir hasta el final, que no hay vuelta atrás de la recuperación”, señala el investigador. “Ese espíritu se esfuma con la rendición del 14 de junio. Las canciones que se registran en la segunda mitad del 82 reivindican las islas como argentinas, la gesta heroica de los soldados, pero ya no reclaman una invasión a las islas. Por el contrario, las canciones de rock sobre Malvinas, que son las que más conocemos, como las de Raúl Porcheto, Fito Páez, Charly García, Alejandro Lerner o Los Redonditos de Ricota, tienen una visión crítica de la guerra. En algunas de esas canciones se alude a los militares que tomaron la decisión de invadir”.

Para el científico, esa denuncia que hace el rock de la guerra como “una pesadilla, es la contracara del sueño de algunos compositores que en las décadas previas, especialmente a partir de los sesenta, anhelaban una recuperación de las islas, incluso por la fuerza”. Ese sueño de las décadas anteriores, permanecía velado hasta esta investigación en torno a las letras de las canciones. “Creo que desde las ciencias sociales y desde la historia el mejor aporte que podemos hacer es tratar de reconstruir aquello que no sabemos de las islas, más que reeditar las viejas convicciones. Tratar de formularnos preguntas cuyas respuestas no sepamos de antemano”, concluye Carassai.

Esta nota forma parte de “Las islas desde el conocimiento”, un proyecto que invita a mirar las Malvinas a través del prisma de la ciencia. Los contenidos se publican en fechas específicas ligadas al conflicto bélico, porque como dice la socióloga feminista del CONICET Dora Barrancos, sin memoria simplemente no hay condición humana. Mientras en las islas continuaban los ataques aéreos y navales, en Buenos Aires se organizaba el Festival de Solidaridad Latinoamericana: un concierto a beneficio donde tocaron músicos de rock como León Gieco, Luis Alberto Spinetta y Charly García. El objetivo era recaudar fondos para reforzar el armamento y proteger a los soldados, pero nada de esa colecta llegó a Malvinas.

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