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De guerra y muerte

jueves 14 de abril de 2022
De guerra y muerte

Con una pandemia aun en marcha, un gobernante mesiánico intenta arrojar al mundo a una tercera guerra mundial. 

Un mundo que ya viene en caída libre, con una crisis de valores e ideologías que ha hundido a las personas en una rivalidad fratricida. 

No es casual que un hombre, emergente de este mundo dividido, se erija en representante de esa realidad y la explicite enarbolando la bandera de una guerra por el dominio económico mundial. 

Habría que entender que todos somos responsables de lo.que ocurre, en tanto, en mayor o menor medida, 

combatimos y somos parte de distintas batallas: pro y anti vacunas, pro y anti capitalismo, pro y anti aborto, etc.

Una sociedad que vive en pequeñas guerras crea el clima y propicia que alguien tome la posta para dar la gran batalla aprovechando una realidad en la que las grietas son mucho más extensas que las uniones solidarias. Una sociedad en la que el odio es mayor que el amor. ¿Y que es la guerra sino el deseo de triunfar sobre los " enemigos”, dominarlos por la fuerza e imponer la propia razón? Un accionar guiado por la rivalidad. En la libre competencia (como en los Juegos Olímpicos) triunfan los que se prepararon mejor, los que se esforzaron en entrenar para elevar su rendimiento en las habilidades en que se destacan. No es la fuerza, es el mérito el que gana medallas. 

En las guerras es la fuerza y no el mérito lo.que se impone.

Hoy empiezan a circular pedidos de firmas por un "no a la guerra", el mundo intenta unirse para detener la amenaza. Uniones que siempre surgen cuando hay un peligro, un enemigo común. 

Sabemos por experiencia que son uniones transitorias. Que, si la amenaza desaparece, las grietas reaparecerán. 

No alcanzo la pandemia, el virus (“enemigo común") generó más divisiones. 

¿El riesgo de una guerra lograra que los humanos antepongamos el bien común al deseo de que nuestra “razón” triunfe sobre la de los otros? ¿Seremos capaces de dejar de lado nuestros pequeños y grandes egoísmos para poder debatir con madurez y sin odio- rival nuestras diferencias?

¿Podremos reconocer que dos posiciones opuestas pueden tener sus blancos y sus negros y tratar de conciliarlas buscando lo bueno- blanco en cada una y aceptando que, en tanto imperfectos, en ambas habrá errores y aspectos inviables o peligrosos?

Les dejo la- mi duda.

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