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“Lo prematuro se parece a lo tardío”

lunes 24 de enero de 2022
“Lo prematuro se parece a lo tardío”

El itinerario cotidiano nos conduce por los recovecos permanentes de la incertidumbre, atravesando tantos espacios de vicisitudes materiales y anímicas que resulta difícil no caer en la frustración sostenida, junto a todo lo que ella depara.

Si bien uno desea respirar el aire ilusionado de nuevos tiempos, con nuevas posibilidades de transitar caminos que permitan el crecimiento personal y el bienestar sostenido que potencie la armonía y el desarrollo del pueblo, la esperanza debe tener un sustento que vigorice su permanencia y dé sentido a la espera.

La tabla de salvación a la que nos aferramos en el oleaje diario que sacude nuestra sociedad, debe tener determinadas características para cumplir su finalidad, sabiendo también que no todos tiene acceso a ella.

¿Cómo suponer, entonces, que en una sociedad donde cada vez existen más necesidades irresueltas, potenciando antagonismos que generan un clima de confrontación y violencia permanente, y donde el semejante se transforma en un peligro constante del que hay que recelar y distanciarse, transformándose en “el otro es mi infierno”, al que hacía referencia Sartre, se pueden encontrar tablas de salvación que no evidencien que es peor el remedio que la enfermedad?

Esas tablas que la sociedad necesita son: trabajo real para todos, que permita la dignidad del sustento propio y familiar… Educación, que prepare a todos para convivir junto a los demás otorgando la conciencia necesaria del acatamiento de leyes y normas que tracen los caminos del respeto con que nos vinculemos los unos con los otros… Leyes: de cumplimiento efectivo e inapelable, que sean pocas, pero de acatamiento insoslayable y de aplicación inmediata.

No se necesita mucho más: Si todos trabajamos, respetamos a los demás y estamos contenidos fuertemente por el chaleco de fuerza de las leyes, podremos estar esperanzados en que el cambio social dejará de ser el blá blá insoportable y soporífero de los “discurseadores” de turno y comenzará a ser una realidad palpable y sostenida. Simple ¿no? Claro que, “simple, no quiere decir fácil”.

Pero, si uno lo piensa, tampoco fue fácil transformar a una nación grandiosa como la que teníamos, en una empobrecida y humillada como la que tenemos ahora… ¡Pero lo logramos! Esa nación grandiosa había sido construida con mucho trabajo y entereza, constancia y sacrificio de nuestros abuelos y nuestros padres. Sobre principios de honorabilidad y honestidad. ¡Qué palabras! Muchos deberán recurrir al diccionario para ver de qué se trataba eso. Aunque, como pinta la cosa, muchos preguntarán, también, de qué se trata un diccionario.

Y sí… todo tiene que ver con todo cuando “es lo mismo el que labura noche y día como un buey, que el que vive de las minas, que el que mata, que el que cura o está fuera de la ley”.

No se equivocaba Discépolo. Tampoco se equivocaba el abuelo Alcides cuando afirmaba que “esto no cambiará nunca mientras la política siga siendo un medio de subsistencia…”.

Los tiempos que corren parecen haber reproducido a gran escala personajes que en otros tiempos resultaban temidos y temibles. Y ahora surgen como piratas de la modernidad, bucaneros vanguardistas, filibusteros contemporáneos, corsarios innovadores… Con toda esta caterva asolando el panorama diario, en todas sus formas y niveles, cobran realce las palabras del doctor José Ingenieros cuando afirmaba: “Mientras los serviles trepan entre las malezas del favoritismo, los austeros ascienden por la escalinata de sus virtudes. O no ascienden por ninguna.”

  

 

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