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La insoportable levedad de nuestro diario vivir

miércoles 10 de noviembre de 2021
La insoportable levedad de nuestro diario vivir

Milán Kundera, escritor y autor de “La insoportable levedad del ser”, nos remite a dos actitudes extremas en nuestro modo de enfrentar la realidad.

La gravedad; que sería convertir cada hecho en un drama o tragedia

La levedad: que sería la actitud del “todo bien, no te hagas drama, ya pasará, para qué preocuparse”.

Entre ambas opciones cabalga “la seriedad”, más ligada al “justo medio”, al enfrentarnos al día a día poniendo nuestra atención en lo que importa y descartando lo que, por “liviano”, no merece más que una rápida lectura tan solo para “estar informados”.

Si viviéramos en “la seriedad” a “lo importante” deberían estar dirigidos nuestros esfuerzos. Pongo como ejemplo: la tristeza de un hijo, los conflictos con nuestra pareja, los amigos, la insatisfacción en nuestra actividad laboral, nuestros proyectos de vida, la sociedad en la que vivimos. O sea, aquello que nos afecta, que está ligado a nuestros afectos y que está en nuestras manos tratar de cambiar.

Dentro de “la levedad” incluiría los vaivenes de la farándula artística y política y de los deportes (valen para un recreo, pero no influyen en nuestra vida), los vaivenes de las vacunas y las estadísticas (no está en nuestras manos resolverlos). Todas las historias que, por absurdas, dan lugar a cientos de memes que recibimos diariamente por las redes sociales. Nos reímos, nos “distraemos” y no está mal para un recreo.

Lo preocupante es que llegan a absorbernos al punto de distraernos de lo importante.

Recuerdo a Huxley y su libro “Un mundo feliz”. Un mundo en el que ya no existía la reproducción sexual, siendo reemplazada por una planta en la que se fabricaban niños genéticamente. Se fabricaban para ejercer un determinado rol en esa sociedad “perfecta”. Los ciudadanos “alfa” eran los intelectuales y científicos, creados para serlo y sentirse felices con su rol. Seguían los gama, delta y épsilon, que desempeñaban distintas funciones, siendo los obreros los de última categoría. No solo los fabricaban, sino que los educaban-condicionaban para ser felices siendo quienes eran. Por lo tanto, no existía ni rivalidad ni envidia, ni meritocracia. Las parejas eran móviles y cada quien estaba con quien quería el tiempo que quisiera (no existía la reproducción, no tenían hijos). El estado les proveía diariamente una dosis de “soma”, una droga que los dejaba tranquilos y contentos. Les brindaba shows y espectáculos seleccionados por los dirigentes y hasta una religión en donde el dios era Ford. Sí, el Ford de las cadenas de producción.

Una sociedad viviendo en “la levedad” de no tener que pensar ni preocuparse por nada, porque el Estado se ocupaba de que todo funcione según su plan. Un plan en el que lo único que no existía era la libertad individual.

Nuestro mundo actual no está ciertamente (y por suerte, diría), tan ordenado, sin embargo, pareciera que “la levedad” se está enseñoreando de nuestra sociedad, sustentada en un ideal que se aproxima al de la obra de Huxley.

Livianamente toleramos que la vulgarización del lenguaje se enseñoree de los medios de difusión, de muchos expositores públicos y hasta de las instituciones que representan lo mejor de nuestro arte. El buen decir es parte de la seriedad del adulto, siendo tolerable en los adolescentes que buscan identificarse con el uso de un “lenguaje tribal”.

Un comunicador, un político o un docente hablando como adolescentes es, siendo “liviana”, poco serio. Los adultos ya han dejado de ser un modelo para los jóvenes para, “haciéndose los cancheros”, actuar de un modo seductor y perverso con la intención de seducirlos y atraerlos.
El daño que este tipo de actitudes trae a nuestros jóvenes, y a nuestra sociedad, solo será visible con el tiempo, pero ya está hecho y pasará años antes de que pueda revertirse.

Una sociedad en la que hay más mentiras que verdades, más engaños que seriedad, más liviandad que interés auténtico por crear un país en el que todos vivamos mejor, es una sociedad en decadencia. La rivalidad por sobre la competencia (ser más competentes en lo que cada uno hace), el deseo vengativo de destruir al supuesto rival para quedarse con un supuesto poder, la doble moral, el “vale todo”…Nos damos cuenta de que este carnaval que estamos viviendo nos lleva a la autodestrucción?

Está en nuestras manos enderezar el rumbo, ponernos serios y construir entre todos un país mejor. Ojalá lo logremos.

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