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Autopercepciones

jueves 05 de agosto de 2021
Autopercepciones

Este término se ha hecho popular aplicado a la ideología de género, sin embargo, podemos enriquecerlo si lo hacemos extensivo a otras áreas de nuestra personalidad.

No siempre estamos dispuestos a mirarnos en el espejo y enfrentarnos a nuestros defectos y virtudes, intentando tener un mapa de nosotros mismos. Es más, si lo intentamos, nuestra autopercepción puede estar distorsionada por defensas que utilizamos para evitar vernos “feos”.

Si hablamos de nuestro aspecto físico, tampoco el espejo nos refleja fielmente al devolvernos una imagen bidimensional de nuestra tridimensional corporalidad. Pero también en el “cómo me veo” influye nuestro estado emocional, de modo que el mismo espejo no nos refleja siempre del mismo modo. Hoy me veo flaca y puede que mañana me parezca haber engordado. Puede ser que hoy mi imagen me agrade y mañana no. Nuestras emociones, estados de ánimo, influyen en nuestra autopercepción

Evidentemente también influyen en el modo en que autopercibimos nuestra manera de ser, nuestro carácter. Y esto condiciona que estemos más o menos satisfechos con nosotros mismos. Es lo que llamamos autoestima, ese termómetro que a veces sube y otras baja.

La autoestima se construye a lo largo de nuestra vida, a partir de cómo nos miran las personas significativas de nuestro entorno y qué creemos que esperan de nosotros. Entre esas expectativas que nos depositan y nuestras propias aspiraciones se va armando un ideal. El ideal de cómo quisiéramos ser, una imagen de la que no siempre somos del todo conscientes.

Mientras crecemos, nuestros padres nos transmiten consignas acerca de lo que esperan de nosotros, a veces explícitamente y otras de un modo no tan claro. “Lo único que queremos es que estudies y te recibas”, es clara, aunque a veces nos presionen para que escojamos en determinada dirección y no en otra. Dependiendo de nuestro vínculo más o menos positivo con ellos, elegir otro camino suele generar una culpa que conduzca a que nuestra autoestima baje. Tan importante es sentir que nuestros mayores nos aprueban que puede condicionar nuestro carácter llevándonos a estar siempre pendientes de la aprobación de los demás y sufrir si nos parece que no lo logramos. Es entonces cuando nos autopercibimos como inadecuados y nos reprochamos no responder a ese ideal que fuimos construyendo.

Hay padres que, por el contrario, nos idealizan tanto que nos llevan a creer que somos perfectos, especiales y que estamos destinados a grandes logros. Esta actitud, puede transformarse en una exigencia tal que nos lleve a sentirnos obligados a cumplir con este mandato imposible y el peso de este ideal es tan abrumador que a veces se busca calmarlo adormeciéndolo con recursos como el alcohol o las drogas. En este caso nuestra autopercepción es la de ser insuficientes para responder a las expectativas.

Lidiar con el ideal no es tarea fácil, por un lado, porque es una construcción que permanece inconsciente, no nos damos cuenta de su existencia y sólo percibimos sus consecuencias, el sufrimiento que nos causa “ser como somos”. No somos conscientes de que nuestra autopercepción está condicionada por la constante comparación con ese ideal respecto a “cómo deberíamos ser”.

Desarmar ese termómetro y reemplazarlo por uno más realista es una tarea que difícilmente se logre sin ayuda psicoterapéutica, aportando una mirada diferente a la que tenemos de nosotros mismos. Reemplazar ese “deber ser” impuesto desde afuera por el reconocimiento de nuestros límites y nuestros propios deseos. Aceptar que no lo podemos todo y que no estamos obligados a ser lo que otros esperan que seamos, bajarnos de los sueños y aceptar nuestra realidad conformándonos con lo que somos y con lo que podemos, sin juzgarnos ni criticarnos.
 

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