Se cumplen 29 años del fallecimiento de Santa Teresa de Calcuta

Un día como hoy en 1997 partía la fundadora de las Misioneras de la Caridad y Premio Nobel de la Paz, cuyo legado de entrega radical a "los más pobres entre los pobres" sigue siendo un faro contra la indiferencia global.
sábado 05 de septiembre de 2026

Cada 5 de septiembre la Iglesia universal celebra la fiesta de Santa Teresa de Calcuta (1910-1997), figura protagónica del siglo XX —galardonada con el Premio Nobel de la Paz— y ejemplo preclaro de liderazgo femenino desde la fe. Impregnada de los valores del Evangelio, convirtió su vida en un servicio constante a “los más pobres entre los pobres”, enfrentando de manera efectiva la indiferencia y el abandono que sufren los más débil.

Inagotable defensora de la dignidad humana y de la vida en todos sus estadíos —desde la concepción hasta la muerte natural—, su motor jamás fue el reconocimiento público, sino transparentar el amor de Cristo a través del sacrificio: “Amad hasta que duela. Si duele es buena señal”, solía recordar.

El legado de la "Madre de Calcuta"

Nacida en Skopje bajo el nombre de Gonxha Agnes Bojaxhiu, ingresó a la Congregación de las Hermanas de Loreto en 1928 y al año siguiente partió hacia la India. Sin embargo, en 1950 Dios le mostró un nuevo rumbo y fundó las Misioneras de la Caridad, orden abocada a la entrega radical hacia los desamparados. Más tarde extendería esta obra fundando ramas masculinas, contemplativas y movimientos sacerdotales como Corpus Christi.

Canonizada por el Papa Francisco el 4 de septiembre de 2016 y fallecida a los 87 años en la ciudad de Calcuta, la santa albanesa dejó lecciones fundamentales para entender la verdadera pobreza en la actualidad:

La miseria del alma: Teresa de Calcuta enseñó que la peor pobreza no es solo la material, sino la ausencia de amor y la miseria moral presente en sociedades opulentas que descartan la vida humana o promueven el aborto.

Acompañar hasta el final: Dedicó especial esfuerzo a ayudar a bien morir a los abandonados en las calles, devolviéndoles la dignidad y el consuelo espiritual en sus últimos momentos.

Acción respaldada en la oración: Su capacidad para movilizar a pueblos de diversas religiones en torno a la solidaridad demostró que la acción social solo se sostiene si el fuego del amor se mantiene encendido en la fe.

Durante su célebre discurso de aceptación del Premio Nobel de la Paz en 1979, la religiosa interpeló duramente la lógica de la cultura dominante al señalar que "el mayor destructor de la paz hoy en día es el llanto de un niño inocente no nacido", recordando al mundo que la mayor indigencia radica en la falta de amor y en el olvido de los más vulnerables en el propio hogar.