La vida después del diagnóstico

La historia de Mirta y sus 22 años conviviendo con el VIH

Detrás de cada prueba de VIH no hay un número ni una culpa, sino un proceso humano que requiere contención, información clara y empatía. Nombrar correctamente no es solo un capricho del lenguaje; es el primer paso para desmantelar décadas de estigma y discriminación. Entender la diferencia entre una infección y una enfermedad transforma la lástima y el miedo en prevención.
sábado 22 de agosto de 2026

Durante mucho tiempo se habló erróneamente de "enfermedad" y "contagio". Sin embargo, las palabras construyen realidades. Actualmente se utiliza el término Infección de Transmisión Sexual (ITS). A diferencia de una enfermedad que manifiesta síntomas inmediatos —como fiebre o tos— y cuyo virus puede sobrevivir en el aire o en superficies, una ITS como el VIH no se contagia: se transmite. Requiere un intercambio fluido e inmediato entre mucosas o sangre expuesta. Romper con el viejo vocabulario es el primer escudo contra la discriminación.

Hace más de dos décadas, recibir un diagnóstico no venía acompañado del protocolo ni de la contención humana que se exige hoy en día. Mirta Balcón habló con Crónica sobre su historia y recordó que tenía poco más de veinte años y transitaba el cuarto mes de embarazo de su primera hija cuando fue a retirar un análisis de rutina en Comodoro Rivadavia. "A mí, en mi caso particular, el primer acercamiento al VIH me lo dieron directamente en la mano con un papel... Leo apenas algo y veo que dice VIH reactivo. Se me cayó el mundo en pedazos. Empecé a llorar y a llorar y me fui caminando por el centro desconsoladamente."

Aquel papel helado entregado sin anestesia ni derivación médica derivó en un paseo a ciegas por la incertidumbre. La suerte quiso que en su camino se cruzara Carolina Paredes, una amiga de la infancia y comunicadora, quien la contuvo y la acercó a Cumelén, un grupo de apoyo de pares. "Los diagnósticos no te los pueden dar en mano. La persona, por más que hoy la información sea diferente, transita un duelo... Si no la hubiera encontrado a ella, quizás no hubiera ido al médico."

El tratamiento del VIH ha cambiado drásticamente con el paso del tiempo. Hace más de dos décadas, el régimen farmacológico era invasivo y pesado. Mirta comenzó su esquema tomando seis pastillas diarias, mientras otros compañeros llegaban a tomar diez o doce. Hoy en día, la combinación de drogas permite reducir todo a una sola pastilla diaria, garantizando una calidad de vida óptima e indetectable.

El desgaste de la ocultación y el paso a la visibilidad

Guardar el secreto implicaba una carga mental a menudo más pesada que el propio virus. Explicar por qué no podía amamantar, inventar excusas sobre una cesárea programada o esconder frascos de medicamentos se volvió insostenible. "A mí me hacía mal tener que esconder algo de mí... Me desgastó eso, así que empecé a decir la verdad."

En 2017, tras más de 15 años de silencio y ante la falta de redes locales visibles en su ciudad, tomó la decisión definitiva de hacer público su diagnóstico para encontrar y acompañar a otros. "Siento que no hice nada malo, que fue una circunstancia que le pudo pasar a cualquiera y que no tengo por qué andar escondiendo y mintiendo toda mi vida... Y ahí empecé, y ahora ya no puedo volver atrás."

Mirta entrelaza sus dedos sobre la mesa, buscando el ritmo exacto de la memoria, y gesticula con soltura para acomodar las ideas en el aire. Con la mirada fija, serena y sin titubeos, analiza el presente epidemiológico desde la cercanía diaria con la comunidad: "Yo creo que los diagnósticos van en aumento y no me alarman, por decirlo de alguna manera, los números porque estoy cercana a lo que pasa y voy viendo cómo se van dando los cambios sociales. Lo que sí me alarma es que hubo muchos años en los que no se hacía nada, se hacía solamente para el primero de diciembre y cuesta llegar a la gente. La gente no quiere ir a hacerse chequeos porque tiene ganas; se preguntan '¿y si me dan un positivo, qué hago?'. Creo que se debería ampliar la campaña en diferentes horarios, porque el hospital hasta las dos de la tarde complica a quien trabaja, y además estás en un lugar público donde la gente siente vergüenza de que la vean. Estos números son consecuencia de la falta de información sobre el VIH y las ITS en general, y de una sociedad que todavía tiene mucha carga moral sobre las relaciones sexuales y el uso de preservativos."

El derecho a la salud y el respaldo del sistema

Sus manos enfatizan la diferencia entre el derecho a la salud y las falsas gratuidades mientras desgrana la realidad cotidiana del tratamiento público y privado. Mirta sostiene la mirada a los ojos para desmitificar los costos y simplificar el milagro médico de la ciencia actual: "En todos los casos los tratamientos los cubre el Estado. Gratis no hay nada, porque esto sale de los impuestos de todos nosotros —al igual que los medicamentos oncológicos o para la diabetes—, pero si uno los tuviera que pagar de manera particular saldrían muy caros. Actualmente se toma un cóctel en una sola pastilla, e incluso hay inyectables que estamos tratando de acercar a la ciudad. El sistema provincial nos respalda y ha intervenido con recursos propios cuando desde el nivel nacional se dejaron de mandar algunos insumos. Las obras sociales también se hacen responsables porque les corresponde. Hoy es mucho más fácil: es solo una pastilla que no tiene tantas consecuencias en el cuerpo como antes, cuando te podían llevar a una hepatitis o pancreatitis; ahora el tratamiento es mucho más tranquilo y llevadero."

Indetectable es intransmisible: la certeza que devuelve la plenitud

Las palmas de sus manos se abren, aflojando la tensión del relato para dejar paso a una certeza transformadora que hoy le devuelve la plenitud a la maternidad y a los vínculos. Mirta concluye con contundencia conceptual, y al cerrar el concepto, regala una sonrisa llena de alivio y luz: "Hay algo que es muy importante para todos los que puedan estar pasando por una situación así: el tratamiento te lleva a ser indetectable, o sea, a no tener una cantidad de virus en sangre que se pueda detectar, y esto hace que seas intransmisible. No se lo podés transmitir a nadie, ni por relaciones sexuales ni por vía sanguínea. Es un dato muy innovador porque hoy las mujeres con VIH pueden tener parto natural y, si hacen todo el tratamiento y lo trabajan con el equipo médico, pueden dar de mamar. Un diagnóstico de VIH hoy ya no es un diagnóstico de muerte como era a los inicios; sí te cambia la vida y te exige un cambio de hábitos, como pasa con cualquier tipo de afección, pero se puede vivir bien", ríe al final, con la soltura de quien sabe que la verdad quita cualquier sombra.