Homenaje a un genio universal
El mundo celebra el legado de Quino: A 94 años del nacimiento del papá de Mafalda, el humor gráfico sigue siendo trinchera y patrimonio
Cada 17 de julio, la Argentina conmemora el nacimiento de uno de sus artistas más universales: Joaquín Salvador Lavado Tejón, el inolvidable Quino. Nacido en Guaymallén, Mendoza, en 1932, fue hijo de inmigrantes andaluces y recibió desde niño el apodo con el que alcanzaría fama mundial para distinguirlo de su tío Joaquín Tejón, pintor y diseñador gráfico. Fue precisamente él quien despertó en el pequeño Quino la pasión por el dibujo cuando apenas tenía tres años. Aunque durante décadas se creyó que había nacido el 17 de agosto —fecha consignada en el Registro Civil—, el propio artista aclaró en su autobiografía que su nacimiento ocurrió en realidad el 17 de julio de 1932.
Aquella temprana fascinación por el lápiz marcó el comienzo de una carrera excepcional. Tras cursar la primaria ingresó a la Escuela de Bellas Artes de Mendoza, pero pronto comprendió que el camino académico no era el suyo. Abandonó los estudios decidido a convertirse en dibujante de historietas y, con apenas 18 años, viajó a Buenos Aires en busca de una oportunidad editorial.
Los primeros años estuvieron marcados por las dificultades económicas y numerosos rechazos. Sin embargo, la perseverancia tuvo recompensa cuando, en 1954, publicó su primera página de humor gráfico en la revista Esto Es. Años más tarde recordaría aquel momento con una frase que sintetiza el valor de los comienzos: "El día que publiqué mi primera página pasé el momento más feliz de mi vida".
Desde entonces no dejó de publicar. Sus dibujos aparecieron en numerosas revistas y diarios nacionales, consolidando un estilo inconfundible que combinaba ironía, sensibilidad y una extraordinaria capacidad para observar las contradicciones de la sociedad.

El nacimiento de una niña que conquistó el mundo
En 1963 apareció Mundo Quino, su primer libro de humor gráfico. Poco después recibió un encargo publicitario para crear personajes destinados a promocionar una línea de electrodomésticos llamada Mansfield. Aquella campaña nunca vio la luz, pero de ese proyecto nació una pequeña de cabello negro, curiosa e inconformista, cuyo nombre debía comenzar con la letra "M": Mafalda.
La historieta comenzó a publicarse en 1964 y rápidamente trascendió el ámbito del humor. Mafalda se convirtió en una observadora crítica del mundo adulto, preocupada por la guerra, las injusticias, la pobreza, los derechos humanos y el futuro de la humanidad.
A través de personajes como Felipe, Susanita, Manolito, Miguelito, Libertad y Guille, Quino construyó un universo que reflejaba las tensiones políticas, sociales y culturales de su tiempo, pero que mantiene una sorprendente vigencia décadas después.

Un humor que trascendió generaciones
Aunque Mafalda es su creación más famosa, la obra de Quino va mucho más allá. Durante décadas publicó cientos de páginas de humor gráfico sin personajes fijos, donde abordó con inteligencia cuestiones como el poder, la burocracia, el autoritarismo, la desigualdad, el consumismo y la condición humana.
Su humor nunca necesitó largos discursos. Bastaban un gesto, una mirada o un silencio para interpelar al lector. En distintas entrevistas explicó que el humor era una manera de pensar la realidad y confesó: "Lo ideal sería tener un mundo mejor para no tener que hacer humor".
También reconocía con frecuencia que su trabajo estaba impulsado por una profunda preocupación por la humanidad: "Lo que más me preocupa es la paz".
Estas reflexiones permiten comprender que detrás de cada viñeta existía un artista comprometido con los valores democráticos, la convivencia y la dignidad de las personas.

Un legado universal
Traducida a más de treinta idiomas y publicada en decenas de países, la obra de Quino convirtió a Mafalda en uno de los personajes más reconocidos de la cultura latinoamericana.
Su influencia alcanza generaciones de humoristas gráficos, ilustradores y escritores. Como señalaron numerosos colegas, Quino cambió para siempre el lenguaje cotidiano: muchos argentinos identifican rasgos de personalidad diciendo que alguien "es un Felipe", "una Susanita" o "una Mafalda".
Su mirada crítica nunca estuvo reñida con la ternura. Cada dibujo proponía una pausa para pensar y recordaba que el humor también puede ser una forma de compromiso con la sociedad.
Tras su fallecimiento, el 30 de septiembre de 2020, su obra permanece más vigente que nunca. Sus viñetas siguen circulando en libros, escuelas, exposiciones y redes sociales, donde nuevas generaciones descubren que muchas de las preguntas formuladas por Mafalda continúan abiertas.
A 94 años de su nacimiento, la figura de Quino permanece como uno de los grandes referentes de la cultura argentina: un creador que convirtió el humor en una herramienta para cuestionar el mundo y, al mismo tiempo, imaginar uno mejor.
Con información de la Secretaría de Cultura de la Nación.