Revelan que una colisión de lunas creó los anillos de Saturno
Un grupo de investigadores presentó nuevos hallazgos que explican el origen de Titán, la luna más grande de Saturno, y la formación de los icónicos anillos planetarios. El estudio sugiere que una antigua colisión entre satélites transformó el sistema hace millones de años.
Titán posee dimensiones que superan a las del planeta Mercurio y su atracción gravitacional influye en el comportamiento de Saturno. Actualmente, se desplaza hacia afuera de su órbita a una velocidad de 11 centímetros anuales, un ritmo superior a las estimaciones previas de la astronomía.
La investigación postula que hace millones de años existió una luna adicional que impactó contra el precursor de Titán. Este evento catastrófico habría integrado gran parte de la masa del cuerpo desaparecido en la estructura actual del satélite mayor.

El autor principal del estudio, Matija Äuk, científico del Instituto SETI, indicó que este choque también podría haber generado a Hiperión. Esta es una de las lunas no esféricas más grandes del sistema y se considera un posible fragmento resultante del impacto.
La fusión entre estos cuerpos celestes habría alterado las órbitas de las lunas interiores. Estas perturbaciones provocaron colisiones adicionales que derivaron en la creación de los anillos de Saturno hace aproximadamente 100 millones de años.
Los escombros resultantes de estos choques se organizaron alrededor del gigante gaseoso, formando la estructura circular que se observa en la actualidad. Esta cronología coincide con estudios que sugieren que la superficie de Titán es relativamente joven debido a la escasez de cráteres.
El sistema de Saturno presenta una inclinación de 26,7 grados respecto a su plano orbital. Los investigadores señalan que la existencia de la luna perdida, denominada anteriormente como Chrysalis, explicaba la sincronía original del planeta con Neptuno.
La desaparición de este satélite tras el impacto con Titán desequilibró esa relación gravitatoria. Los datos actuales muestran que Saturno y Neptuno ya no están exactamente sincronizados, lo que respalda la teoría de un elemento faltante en la historia del sistema.

Misiones espaciales y validación científica
Gran parte de la evidencia utilizada proviene de la misión Cassini, que exploró el entorno de Saturno entre 2004 y 2017. Estas mediciones detalladas permitieron desarrollar simulaciones por computadora para recrear los movimientos orbitales históricos.
La confirmación definitiva de esta teoría podría llegar con la misión Dragonfly de la NASA. El lanzamiento de esta aeronave está programado para 2028 y se espera que aterrice en la superficie de Titán a finales de 2034 para analizar muestras químicas y geológicas.