Exploración espacial
Artemis II: Los desafíos biológicos y técnicos que marcan la misión del regreso humano a la órbita lunar
La NASA ha indicado que la primera oportunidad de lanzamiento está prevista para el domingo 8 de febrero de 2026. Esta fecha está sujeta a los análisis del ensayo general húmedo, efectuado el pasado domingo 1 de febrero, y a la evolución del clima en Florida. Actualmente, los astronautas se encuentran cumpliendo el periodo de cuarentena en Houston. Los riesgos que conlleva esta travesía son determinantes, ya que las soluciones aplicadas definirán la seguridad de los futuros descensos y el curso de la actividad espacial en las próximas décadas.
El impacto de la radiación en el organismo
Uno de los obstáculos más severos para la vida fuera de la Tierra es la radiación espacial. Mientras que en la órbita baja, donde se ubica la Estación Espacial Internacional (ISS), existe la protección de la magnetosfera, los viajeros de Artemis II deberán cruzar los cinturones de Van Allen. Estas áreas, descubiertas en 1958, contienen partículas de alta energía que suponen una amenaza inicial para los tripulantes y los sistemas electrónicos.

Más allá de este escudo natural, la tripulación enfrentará rayos cósmicos galácticos y posibles tormentas solares. Mientras que las tormentas solares emiten protones que pueden ser letales en poco tiempo, los rayos cósmicos provienen de eventos como supernovas y tienen la capacidad de atravesar la materia, dañando el ADN y elevando la posibilidad de sufrir afecciones cardiovasculares, cáncer o daños en el sistema nervioso.
Jeremy Hansen, astronauta de la Agencia Espacial Canadiense, manifestó a la revista Science su incertidumbre: “Existe la posibilidad de que esto tenga algún tipo de impacto en mi salud a largo plazo que de otro modo no habría ocurrido, pero no está bien definido”. Junto a él, la misión está integrada por los astronautas de la NASA Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch. Para mitigar estos efectos, la cápsula Orion posee refugios contra erupciones solares y se han testeado chalecos protectores que reducen la absorción de radiación entre un 40% y 60%.

Seguridad de la nave y lecciones históricas
La integridad técnica es una prioridad para la NASA, influenciada por la memoria de incidentes previos como los del transbordador Challenger en 1986 y el Columbia en 2003. Tras la misión no tripulada Artemis I, se detectó que el escudo térmico de la Orion sufrió desprendimientos de material durante el reingreso. Para Artemis II, la agencia optó por modificar la trayectoria de descenso hacia una entrada más veloz y empinada, buscando evitar este problema sin rediseñar la pieza.

Consecuencias fisiológicas y ambientales
El Human Research Program de la NASA detalla que el aislamiento, la gravedad alterada y la distancia de la Tierra son factores críticos. Estas condiciones pueden derivar en la pérdida de masa ósea, debilidad muscular y problemas en la visión. Además, el entorno cerrado y la falta de luz natural afectan la salud mental y pueden generar fatiga.

En cuanto a la comunicación, la NASA advierte que la nave experimentará periodos de silencio de hasta 41 minutos al situarse detrás de la Luna. Por otro lado, la University College de Londres señala que en futuras misiones a Marte, la demora comunicativa podría ser de 20 minutos, exigiendo una autonomía total de los astronautas. Según los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), la dosis de radiación en esta misión de corta duración será similar a una tomografía computada de cuerpo completo, riesgo que aumenta exponencialmente en trayectos más largos.
Con información de Infobae.
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