Sandra Pinda, una leyenda en la cocina de la CAI
Cuando Sandra Pinda cruzó por primera vez las puertas de la Comisión de Actividades Infantiles, el club todavía ni soñaba con la infraestructura de hoy. Llegó acompañando a su hermano, categoría 75, y se quedó. "Yo siempre digo que la CAI es mi segunda casa. Vivo más acá que en mi casa", asegura con una sonrisa que mezcla orgullo y nostalgia. Durante un cuarto de siglo, su rutina fue inquebrantable: mañana y tarde entre ollas y hornallas, sirviendo almuerzos y cenas para 60 chicos todos los días.
En diálogo con Diario Crónica, Sandra pinta con detalles esa cotidianeidad que es indispensable, pero que ella define como vocación: cocinar, ordenar, aconsejar y, sobre todo, cuidar.
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Una cocina que contiene
Para Sandra, la cocina de la CAI es algo más que un lugar para preparar comidas. Es un espacio de contención donde se transmite disciplina, educación en la mesa y hábitos de alimentación que complementan la formación deportiva. “Ellos vienen a formarse para ser jugadores; acá también se forman como personas”, dice mientras recuerda a antiguas figuras.
“No los veo como amigos —aclara—: acá soy la mamá de ellos”. Esa figura materna implica, a veces, correcciones que generan malestar momentáneo, pero que, según Sandra, terminan por devolverles algo más que comida: límites y afecto. Y cuando los pibes vuelan —cuando vuelven con familia, o juegan afuera del país—, ella guarda esos nombres como trofeos de afecto.
"Sandra fue una madre para nosotros"
El máximo goleador histórico de la CAI, Mauro Villegas, la recuerda con gratitud: “No solamente nos dio de comer, sino que nos ayudó en todo sentido: en consejos, en la vida, en descubrirnos macanas que hemos hecho.

Mauro hoy en día sigue aportando al club como entrenador de las divisiones juveniles de la CAI. La conozco de toda la vida y me pone feliz verla seguir trabajando en el club. Yo creo que no se va a ir nunca”. Para Villegas, la tarea de Sandra trasciende: “En las pensiones, lejos de los padres, la contención es fundamental. Y Sandra, junto con la "Tana", hace un trabajo que nadie ve, pero que sostiene a los chicos día a día”.
El cierre de una etapa y la mirada hacia el descanso
En septiembre cumple 60 años y ya piensa en un descanso merecido. Le gustaría pasar más tiempo con la familia, los nietos y quizá dedicarse a un emprendimiento; lo dice sin dramatismos porque aclara que se va “feliz”: trabajó por elección y con energía. “Trabajar con chicos te llena”, confiesa, y asegura que la CAI seguirá siendo su familia, aun cuando su jornada baje de ritmo.
Antes de despedir la conversación con Crónica, repite una frase que resume su vínculo con el club: “La CAI es una familia”. Es la misma frase que pronunció cuando entró, la que acompañó sus días de fuego en la cocina y la que cerrará su etapa con el mismo amor con la que alguna vez empezó.