Jorge Palacios, a 43 años de Malvinas: "Si hoy me pidieran volver, lo haría"
El excombatiente Jorge Palacios ajusta su boina verde con la insignia del Regimiento de Infantería 25 mientras señala un rosario gastado que descansa sobre la mesa de su living. "Mordíamos la cruz cuando nos bombardeaban", le relata al equipo de Diario Crónica. "Por si moríamos, queríamos irnos con Cristo en la boca". Este objeto -junto a una manta militar agujereada- son sus reliquias de guerra, testigos mudos de la noche del 4 de mayo de 1982 cuando una bomba británica de 600 kilos lo enterró vivo en las islas.
La casa de Palacios se transforma cada abril en un santuario de memoria. Fotografías en blanco y negro, recortes de diario y condecoraciones cubren las paredes. "Una semana antes del 2 de abril ya empiezo a revivir todo", nos confiesa mientras acaricia una imagen del Regimiento 8 de Comodoro.
Su relato nos traslada a fechas críticas de 1982: "Estábamos alistados con el bolsón, fusil y mochila. Nos decían que iríamos a Buenos Aires, pero en la madrugada del 1° abril un teniente nos dijo: 'Vamos a recuperar Las Malvinas'". Palacios recrea el momento con precisión militar: "Subimos a un Hércules y a las 8 de la mañana estábamos en Puerto Argentino. Tirados cuerpo a tierra en la pista, dando seguridad para el desembarco".
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El milagro bajo tierra y la Virgen Peregrina
La crónica da un giro dramático cuando Jorge describe el bombardeo que cambió su vida. Con gestos angulados, dibuja en el aire el cráter que aún hoy lo persigue: "La onda expansiva me levantó como a un muñeco. Caí de cabeza en el pozo y quedé sepultado con dos metros de tierra encima. Ortiz, mi compañero, estaba a mi lado. Nos gritábamos hasta que dejé de escucharlo".
Su voz se transforma en un susurro al recordar el momento límite: "Le decía a Dios: 'No quiero morir así, despacito'. Sentí que me dormía y estaba en una nube... era el paraíso". Los relojes marcaban que llevaba más de una hora sin oxígeno cuando escuchó los picos de sus compañeros. "Grité: '¡Apúrense, no aguanto más!'. Cuando me sacaron, todos lloraban. El padre Martínez dijo que la manta que me cubría era el manto de la Virgen".

Sobre un mueble destaca la réplica de la Virgen de Luján que Palacios ayudó a repatriar en 2019. "Esta misma imagen estuvo en Malvinas durante la guerra", explica mientras señala una foto amarillenta donde aparece cargando la talla durante una procesión entre los pozos de trinchera.
El relato da otro salto temporal: "Cuando los investigadores me dijeron que la Virgen estaba en Inglaterra y que iríamos al Vaticano, mis nietos llegaron con globos diciendo: '¡Abuelo, vas a Roma!'. El Papa Francisco me abrazó y dijo: 'No lo puedo creer' al ver las fotos". Su mayor sorpresa fue reconciliarse con veteranos británicos: "Ellos me saludaban y se me fue el rencor. Era como recuperar un pedazo de Malvinas".
Los fantasmas de abril
En un rincón, una vitrina guarda su equipo original: el pasamontañas con restos de tierra malvinera, cartas escritas a su madre ("Tengo fe que volveré") y el ejemplar de Diario Crónica que anunció su regreso. Cada 4 de mayo -su "segundo cumpleaños"- reúne a la familia para recordar.
"Mis 12 camaradas del Regimiento 25 siguen allá", dice al mostrar una placa con nombres. "Si hoy me pidieran volver, lo haría. Nuestra sangre es soberanía". La entrevista finaliza con Jorge frente al cuadro que lo muestra cargando la Virgen en 1982. "Esto no es solo mi historia -concluye-. Es la de todos los que creen que Malvinas volverá".
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