¿Qué son las... sombras tenebrosas?
(Por Carlos Parodi [email protected]). Las penumbras y la sensación de terror atávico ante los espacios oscuros atemorizaron a los seres humanos desde sus orígenes.
Según los registros, las primeras menciones acerca de encuentros con sombras fueron recopiladas por el militar romano del Siglo I, Plinio “el Viejo”, quien señalaba la presencia de figuras “móviles” en casas abandonadas o en los campos de batalla.
Tiempo después, la fugaz actividad de sombras que “no pertenecían a los propios seres humanos que las proyectaban”, comenzaron a documentarse en tratados de Ocultismo, apenas iniciada la Edad Media.
La proliferación de castillos, camposantos aterradores y la enigmática arquitectura de las abadías, dieron origen a la creencia en oscuros seres de otras dimensiones que acompañaban en silencio el diario vivir de sus ocupantes. Algunas iglesias del Medioevo también fueron objeto de la permanencia de sombras flotando en los pasillos.
El abad e inquisidor francés Arnaldo Amalric (1160- 1225) se enfrentó a estas sombras que las vinculaba a entes diabólicos de mala fama, los “íncubos” y “súcubos”. Amalric buscó alejarlos mediante la lectura de salmos pero no lo logró y, resignado, solicitó el pase inmediato a otra diócesis en Toulouse, para dormir en paz.
También el monje Cesáreo de Heisterbach (1170-1240) de Bonn, Alemania, es recordado por ser el autor de una intrigante obra con doce tomos, “Diálogo de Visiones y Milagros” en la que, inspirado en las crónicas que los Cruzados traían de sus travesías, dejó testimonio de vivencias de estas brumosas figuras que “recorrían” claustros mientras los monjes descansaban en los monasterios.
La inusual presencia de sombras con vida propia ha gravitado sobre la memoria mágica de las culturas y también generado todo tipo de alertas. Así, existieron relatos de “sombras ambulantes” en los primeros tratados de Alquimia y también en libros de pensadores con tendencias metafísicas.
Hacia mediados del siglo XVIII el arte pictórico usaba a las sombras para dar efectos de profundidad, pero también las telas eran el escenario ideal para recrear “sombras con movimientos” que los artistas pintaban, acaso inspirados durante sus viajes oníricos.
En distintas regiones del mundo han aparecido relatos sobre estas figuras sin forma conocida. Como los antigüos pobladores de Mongolia ya denominaban a estos seres como “Khar darakh” (“cuando la oscuridad oprime”).
Si bien para la física las sombras se originan por cuerpos que interfieren el haz de luz sobre un objeto, para los investigadores paranormales de finales del Siglo XIX, la aparición de sombras “donde no las debía haber”, provocaron infinidad de interpretaciones.
En Gran Bretaña, los pioneros en investigar sucesos sobrenaturales se ocuparon de diferenciar a los espíritus de las sombras, ya que éstas no establecían “contacto” con su testigo ocular. Los especialistas percibían que las sombras flotaban pero sin interactuar con sus partenaires.
Por lo tanto, no se las vinculaba con el retorno a casa de seres fallecidos ni con espectros de los suicidas. También fueron clasificadas como “objetos visuales incorpóreos” que, bajo una absoluta discreción, provenían de otros planos dimensionales pero sin interceder con los seres humanos.
Lo cierto es que a comienzos de 1900 muchos estudiosos comenzaron a exponer sus teorías acerca de esas figuras inquietantes que se proyectaban en las paredes y suelos de ciertos ambientes.
En esta época expusieron sus pensamientos los primeros neurólogos y psiquiatras para brindar una respuesta a tales fenómenos ya que, según la Ciencia Médica, son provocados por la paranoia, el pánico y las situaciones traumáticas.
Los profesionales de la salud mental sostienen que dichos fenómenos provienen de pesadillas y alucinaciones o bien son el resultado de la Hipnagogia, es decir, la condición fisiológica en la cual un ser humano se encuentra en un plano intermedio entre el sueño y la vigilia y percibe “cosas” que no son reales.
La esencia indiscernible de estas imágenes con movimiento comenzaron a “salir a la luz” a fines del siglo pasado y fueron clasificadas como “Gente Sombra”. Y, como suele suceder ante este tipo de manifestaciones, son múltiples las interpretaciones que despiertan su aterrorizadoras visiones.Hoy se denomina Nictofobia, al miedo extremo a la oscuridad.
En la actualidad, las sombras que se proyectan con fisonomía humana, o indefinidas, siguen generando desconcierto y terror. Para los estudiosos, la “Gente Sombra” son emanaciones de los pensamientos de las personas con poderes extra-sensoriales, o a seres de otras dimensiones que emergen en “modo contemplativo” y sin intenciones de asustar.
Otros van más allá en tiempo y espacio y las relacionan a los “Bedroom Watchers” ( “Visitantes de dormitorio”) o “grises" de presunto origen extraterrestre.
Para entendidos: filmes bien “oscuros”
El terror que inspira la enigmática “Gente Sombra” ha generado muchos fanáticos en el cine de culto del séptimo arte. La imaginación de directores notables no han dejado pasar a estas escalofriantes sombras y le han dedicado al menos un par de filmes con distintas miradas ante el mismo y espectral fenómeno, que son para elegidos.
En la película “John dies at the end” (2012) uno de sus protagonistas siente la presencia de sombras pertenecientes a seres que no corresponden precisamente a los de este plano terrenal.
Y la más famosa de todas es “Slender Man” (2018) en la cual una joven practicante de Ocultismo invoca la figura de un hombre delgado y extremadamente alto que proviene del fascinante mundo de las leyendas urbanas.