Día del Maestro: más que una profesión, una vocación de alma y corazón
Con una amplia trayectoria, Fernández trabajó en escuelas tanto públicas como privadas de diversas provincias del país. En Comodoro, trabajó en la Escuela Nº 34, Nº 211, en la Nº26, Nº133, Nº749 -ex ENET Nº 1-, donde se desempeñó como preceptora, en el Liceo Militar General Roca y en la Nº39, escuela donde cumplió su ciclo como vicedirectora y se jubiló en el año 2015.
Recordando sus inicios relató: “Yo comencé a dar clases en 1987 cuando era muy jovencita y tuve la oportunidad de decidir seguir la docencia porque pusieron la escuela de Magisterio. Entonces, volví a hacer el cuarto año para volver a hacer el cuarto y quinto año y terminar con el título de docente”, dijo.
Fue así que su primera escuela donde ejerció la docencia fue en la Nº34, “que para llegar, costaba mucho porque era todo barro y no teníamos asfalto”, recordó. Más allá de los viajes que realizaba para llegar a la escuela lo más presentable posible, se le vino a la mente el alto nivel de exigencia a las maestras en aquellas épocas: “Me acuerdo algo muy particular, teníamos a Lía López de profesora y nos habían enseñado a hacer los registros. Y en el registro estaba prohibido equivocarse, pero yo me equivoqué en una cosa muy pequeña. Lo borré y volví a escribir, pero no quería presentar el registro porque tenía miedo de que me retaran” recordó con una carcajada. “Resulta que cuando le digo a mis compañeras, ellas me dicen `¿pero dónde está la corrección?`. Claro, lo había borrado con un gilet tan prolijo que ni se notaba, pero para mí era algo tremendo”, recordó.
Rindiendo honor a la célebre frase “camino se hace al andar”, Fernández, remarcó la importancia de la experiencia en el aula en aquellas primeras épocas que sedimentaron la base de su trayectoria como un método más de aprendizaje y que no se encuentra en la teoría. “Uno aprende mucho, porque por más que vos te recibas y vas a dar clases, aprendés por los alumnos. Por más prácticas que hagas, no te enseñan cómo vas a llevar adelante un grado y cómo vas a resolver las situaciones que se te presentan” y agregó “es una aventura que hay que vivirla y sobre todo, hay que disfrutarla”.
Entre tantas anécdotas, recordó una muy peculiar y que hace referencia a cierta confusión generalizada que hay en la sociedad sobre el alcance del docente en la vida del alumno, teniendo en cuenta que la enseñanza de los valores, siempre empieza por casa y desde la familia.
“En el liceo me acuerdo que en una oportunidad, yo tenía sexto grado, habíamos iniciado las clases y habían entrado chiquitos nuevos. Entonces le preguntó a la madre del niño nuevo ¿por qué lo cambió de escuela?”. En este momento del relato, la docente aclaró que hizo aquella pregunta “porque es interesante saber el proceso que hacen los chicos, no es cambiarlo por cambiarlo, sino preguntarse qué quiero de mi hijo, o en qué escuela quiero ubicarlo para que mejore”. Continuando con la anécdota, la mamá le respondió: “porque yo quiero que me lo enderecen”.
Fernández le respondió que “el Liceo no es para enderezar a los alumnos y que eso lo tenían que hacer los papás. En la casa, es donde se enseñan el respeto y los valores. Nosotros lo que hacíamos era enseñar contenidos, encaminándolo para la vida. Yo no puedo de ninguna manera tomar las riendas de una familia. Así que, la mamá lo entendió y empezó a manejarse de otra forma”, recordó.

Sistema educativo actual: “Lamentablemente, yo creo que si los chicos aprenden un 20%, es mucho”
Fernández, hizo una profunda reflexión sobre el sistema educativo actual y desde su experiencia resaltó aquellas diferencias que fueron surgiendo al transcurrir los años, sobre todo en la imagen que se tiene del maestro o la maestra.
“A mí siempre me enseñaron que el profesor te da un 70% u 80% de los contenidos y vos terminás aprendiendo un 50, 60%. En este momento lamentablemente, yo creo que si los chicos aprenden un 20% es mucho”, y agregó: “lamentablemente se nota la diferencia, ahora sí, de una escuela pública a una privada. Porque no hay continuidad, porque hay paros, porque falta agua, porque hace mucho frío y la calefacción no funciona. Cosas que en las escuelas privadas no suceden. Y si llegara a suceder los padres toman las riendas, porque ellos pagan para que los chicos aprendan”, dijo.
Asimismo y a diferencia de épocas anteriores, remarcó la carencia del respeto a la docencia independientemente del carácter del establecimiento escolar. “Lamentablemente tanto en escuelas privadas como provinciales se está viviendo actualmente una falta de respeto y falta de valores, que creo que es un problema nacional”.
Continuó diciendo que “ni siquiera los adultos respetan a otro adulto o muestran los valores que tiene. Antes la maestra era, LA maestra, con mayúsculas. Hoy en día, le pueden decir cualquier cosa, hasta le han puesto la mano encima, y eso es falta de respeto. La maestra antes era una autoridad, y no digo una autoridad como la policía, sino una autoridad de aula que era respetada por los padres y que su palabra tenía peso. Ahora ya no”.
En este sentido, explicó que influyen dos factores. Uno de ellos, tiene que ver con la familia como institución y como base de toda educación y que “ahora no pasa eso”. Por otro lado, el factor de la mala administración de los Gobiernos de turno en la temática.
“Los chicos tienen que aprender lo que realmente es, y lamentablemente hay contenidos que no son para los chicos y que bajan del gobierno. Eso es triste y lamentable. Por ejemplo, en mi época y no me jubilé hace tanto, hacía cosas para que los chicos logren otro aprendizaje. Es diferente estar en el aula y enseñarles que las vacas se ordeñan y de la vaca sale leche, que si yo los llevo a un tambo lo ven y hasta lo pueden practicar”.
En relación a esto último, Fernández recordó la gran cantidad de oportunidades que tuvo de sacar a sus alumnos a la experiencia pura. Por iniciativa propia y presentando proyectos a los directivos logró realizar viajes de estudio a Sarmiento, a El Calafate e incluso cuando trabajaba en Corrientes, realizó viajes junto a su alumnado a Yacyretá Apipé, a una yerbatera y a las Cataratas del Iguazú. “Antes de irme del Liceo, parece una locura, pero yo los quería llevar a la Antártida a mis chicos. Hicimos un proyecto, un estudio tremendo, trabajamos como locas y cuando llegó el momento nos dijeron que no, pero bueno. Por suerte no se lo habíamos dicho a los chicos, pero lo importante es intentarlo”, manifestó.
Cada viaje y salida al exterior, fueron experiencias únicas, en donde el alumno aprendía desde todo ámbito. “Ahora, lamentablemente para que un chico pueda salir de la escuela, hay que hacer tantos trámites que no se los lleva a ningún lado. Y esos chicos se pierden de un montón de cosas. Duele decirlo, pero hay niños que no conocen lo que es un cine, que no conocen lo que es el centro de Comodoro Rivadavia, hay niños que no han tocado el agua de mar”.
Rememorando su viaje a las Cataratas del Iguazú, se le vino a la mente un llanto de un alumno un día antes de volverse. “Seño, si no es por vos no íbamos a conocer nunca esto”, recordó la docente. “Lo digo ahora y se me pone la piel de gallina. Son oportunidades que uno les tiene que brindar desde la escuela, si no se la pueden brindar los papás, la escuela se lo puede brindar”.
Y agregó, “sin embargo, hoy en día para hacer un viaje, hay que tener en cuenta que los docentes no son como éramos antes que dejábamos todo a lo mejor por lograr algo, hoy en día a veces lo que cuesta, no se hace. Claro, y esa es otra gran diferencia”, dijo.

La docencia como una vocación de vida: “Es dar el 100% y más”
Si bien su sueño de carrera era la Arquitectura, Fernández miró hacia atrás, realizó un balance y confesó: “realmente creí que me iba a recibir de docente y que a lo mejor no iba a ser buena docente. No sé si fui buena o no, pero sí puedo decir que di el 100% de mí, de lo que yo había aprendido se lo brindé a mis alumnos”, dijo.
“En las prácticas me iba muy bien y tiene que ver con esto de tratar de ver qué quieren los chicos. Vos no podés plantarte frente al aula y recitar una clase, vos tenés que poner en movimiento al chico, tenés que hacerlo descubrir cosas, en ese hacer, que se equivoque y que lo vuelva a hacer y que por eso no se sienta frustrado. Porque la vida no es fácil y en la vida va a tener un montón de situaciones, y hay que prepararlo. En la vida va a tener situaciones en las que no debe frustrarse, al contrario, debe fortalecerte y salir adelante”.
Ser docente, es dedicar trabajo, dedicación y sobre tiempo. “Es dar el 100%, es preparar clases todos los días que te lleva tiempo extra. Yo me he acostado a las 3 o 4 de la mañana, preparando clases o corrigiendo y me tenía que levantar a las 7 de la mañana para ir a la escuela o más temprano”. Y agregó, “a su vez, en casa están nuestros hijos, sus tareas, los quehaceres del hogar. Pero había que entregar en tiempo y forma las notas de la evaluación”.
De esta manera, la docencia es esa vocación, que siempre va a formar parte de las personas, más allá de que no siga ejerciendo. “Es lindo ver el camino recorrido y comparar por ejemplo, la educación que tienen ahora mis nietos y a dónde van y cómo les enseñan y qué cosas están bien y qué cosas están mal y bueno, es parte de no dejar de ser maestra”, dijo esbozando una sonrisa.
Es así que, resumiendo, Fernández señaló que la profesión da muchas alegrías y también momentos de llanto, “pero cuando terminás el año y ves que los alumnos pudieron salir adelante, que aprendieron y que lograste los objetivos que vos te propusiste como docente, eso es algo magnífico. Para mí eso es ser docente”.
Fernández: “Uno siempre lo que quiere es brindarle lo mejor a los chicos”

Asimismo, en muchas situaciones, la labor del docente va más allá del aprendizaje. Un maestro o maestra también es sinónimo de contención, de comprensión, de motivación, aliento, confianza y acompañamiento. Es así que el oficio también permite identificar las necesidades de cada alumno. Mónica Fernández remarcó que así como hay momentos alegres y de satisfacción, también están aquellos inesperados y que uno, como docente debe afrontar de la mejor manera posible.
“En la Escuela Nº 211, tenía un tercer grado y había un chiquito que tenía dificultades en su aprendizaje. Cito a los papás. No vino el papá, vino la mamá. Ahí me enteré que ese nene había sido abusado por el papá. Algo que lo afectó profundamente”.
La docente continuó en su relato: “Vos no podés actuar de la misma forma con una criatura que con otra, por eso es que cada chico tiene su propia necesidad. Y vos tenés que adecuar ese aprendizaje a esa necesidad”, dijo. “En ese momento, yo inclusive tuve que ir al juzgado a hablar, a dar detalles de cómo era el nene, cómo actuaba, cómo se comportaba en el aula. Yo me podría haber negado porque estaba fuera del horario laboral, sin embargo concurrí porque sé que es el bien para la criatura”, indicó.
Cómo estas, las anécdotas son muchas y variadas en la vida profesional de Fernández. Situaciones en las que “uno siempre lo que quiere es brindarle lo mejor a los chicos”. Teniendo experiencia tanto en escuelas públicas como privadas, remarcó que “la maestra es la misma y se enseña de la misma forma, independiente de la escuela. Las diferencias están en las necesidades que tienen los chicos”, dijo.
Siendo vicedirectora de la Escuela Nº39, le avisan que una criatura estaba descompuesta, Fernández recordó tal cual el diálogo: “Voy a hablar con ella, la aparto del grado y le pregunto: ¿qué comiste hoy? `Nada` me respondió. ¿A qué hora te levantaste? Tarde. ¿Tenía mamá para hacerte de comer? Sí, pero estaba ocupada, me dijo”.
Continuó relatando que “teníamos dos tipos de situaciones: de que los padres se levantaban muy tarde y no les daban ni siquiera un té con leche y por otro lado, de papás que realmente no tenían para darle de comer”. Fue así que Fernández, llevó a la estudiante a la cocina y pidió que le dieran una taza de leche y galletitas, “o lo que había, porque tampoco tenemos en las escuelas demasiado como para brindarles en ese sentido. Pero esa criatura después pudo seguir en el aula. Tenía descompostura, se sentía mal, de hambre. Esas son cosas duras”, expresó.
En este sentido, realizó una profunda reflexión sobre las condiciones de los alumnos que concurren al establecimiento y que exceden el ámbito escolar. “Yo siempre digo que un chico que no está alimentado, no puede aprender. No pasa por bloquearse, es que siente que tiene hambre. La comida te alimenta, te sacia pero también alimenta neuronas, el cuerpo para que pueda hacer educación física. Alimenta todo el ser, y si no está alimentada esa criatura no puede salir adelante”.
Agregó: “lamentablemente estamos viviendo en este momento una situación en el país donde no hay enseñanza, donde no hay clases, no hay chicos que vayan a la escuela, porque tienen hambre, porque no tienen cuaderno, porque no tienen. Es una lamentable tristeza, porque esas van a ser las criaturas, los chicos adultos que el día de mañana van a manejar el país”.
La importancia de entender sobre la igualdad en un aula
Fernández recalcó sobre la palabra igualdad en la escuela: “se trata de ver qué necesita cada chico y podérselo brindar” dijo, y agregó: “ahí es donde ahora también hay problemas porque creen que la igualdad se cubre con una computadora y no es así, no le podés dar una computadora a un chico que no tiene luz”.
Continuó con otro ejemplo: “Cuántos chicos necesitan psicopedagoga, acompañamiento y lamentablemente para que lo tengan, tenés que rogar porque hay una profesional cada cuatro, cinco o seis escuelas”. Explicó que, lamentablemente esos alumnos que no están recibiendo el debido acompañamiento que los padres no le pueden brindar, por diferentes razones, “quedan fuera de la sociedad y del sistema”.
Es así que, a partir de largos años de experiencia, Fernández concluyó en que cada niño es una individualidad y un mundo diferente, en donde además de brindarles los contenidos necesarios para formarse como adulto, también en su formación deben estar el conocimiento sobre la solidaridad, la perseverancia y el compañerismo.
“Hoy en día, yo creo que falta esa energía, esas ganas, esa fuerza para sacar a los chicos adelante, teniendo en cuenta que cada niño es un individuo diferente”, opinó.