Día del Payamédico: cuando la risa y la fantasía transforman el ámbito hospitalario

El 5 de noviembre se celebra el Día del Payamédico, una fecha para homenajear el arte, la sensibilidad y el juego que humanizan la salud cotidiana en la Argentina.
jueves 05 de noviembre de 2026

Hay gestos sutiles que logran transformar por completo la atmósfera de una sala de hospital. Un pulgar arriba, un destello de luz en la mirada o un ligero movimiento en medio de monitores y sueros pueden convertirse en la chispa que devuelva la fantasía a quien atraviesa un momento complejo. En Comodoro Rivadavia, al igual que en distintos puntos del país, cada 5 de noviembre se celebra el Día del Payamédico, una jornada establecida por la Ley 5598 de la Ciudad de Buenos Aires en conmemoración del Día Internacional del Payaso. Lejos de marcar un cierre de actividades, esta fecha reconoce una labor cotidiana cuyo propósito permanente es acompañar la experiencia de estar internado y hacer más amable la estancia hospitalaria.

En la filosofía de Payamédicos, el lenguaje se cuida con rigor científico y poético: no hay espacio para términos que evoquen la pasividad ni la muerte, ni siquiera en sentido metafórico. Quien habita una cama hospitalaria no es visto como un sujeto pasivo de la enfermedad, sino como un "produciente".

"A quien está enfrente nuestro le decimos produciente, no paciente. Porque viene de producir. El paciente tiene que estar ahí, quieto, enojado, aguantando un montón de cosas que los profesionales le hacen por su bien. Pero llegamos nosotros y generamos algo", contó Lidia Oviedo, referentes de los Payamedicos en Comodoro Rivadavia, en una nota a Crónica

Esta intervención exige una técnica sutil, especialmente en áreas de alta complejidad como la terapia intensiva de adultos. En espacios reducidos y saturados de tecnología médica, el arte de la payamedicina se despliega en los detalles mínimos: "Hacemos un proceso de trabajar el cuerpo. Entramos a movernos en un espacio reducido y haciendo un montón solamente con los gestos, a veces con los ojos, o sin hablar. Para quien está hace 30 días en terapia, eso es un montón. Entramos a terapia intensiva, levantamos los dedos, hacemos un gesto, y que quien está enfrente levante su dedo o te mire... Misión cumplida. Produjo algo", recordó Oviedo sobre sus intervenciones a diario.

Aunque suele pensarse que su labor se dirige únicamente a los niños, para las y los payamédicos la niñez es una dimensión emocional presente en cualquier etapa de la vida. Encontrarse con ellos es una invitación a conectar con la memoria afectiva, evocando el juego a las bolitas, las tardes de bicicleta o las travesuras por los cerros comodorenses. Sin embargo, al interactuar con las infancias reales, la observación atenta resulta indispensable para resguardar sus límites y temores: "Muchísimos niños le tienen miedo a los payasos. También está la insistencia de los padres de querer sacarse fotos cuando el niño no quiere. En ese sentido somos prudentes. Bajamos la ansiedad del adulto y escaneamos la situación. Si el niño no quiere, no se lo obliga. Nos bajamos a su altura, algo que el adulto común no suele hacer porque siempre mira desde la superioridad."

Esta empatía trasciende los muros del hospital. Atentas a las angustias cotidianas que no avisan horario ni lugar, las y los payamédicos detectan la tristeza oculta incluso en medio de festejos masivos, ofreciendo un "payabrazo" oportuno a quien necesita alivianar el peso del día. Así, una visita, una sonrisa o un instante compartido recuerdan que la salud también se cultiva a través del encuentro, el respeto y la poesía.