“Esa bacteria que está matando a las ballenas no es una bacteria natural del mar"
El impacto y la preocupación por la reciente mortandad de ballenas en el Golfo Nuevo continúan sumando miradas de especialistas de la región. El científico químico Iván Vega Rueda, investigador chileno y fundador de la firma Tequia Corp (con presencia en Chile y Estados Unidos), aportó un exhaustivo análisis técnico e integral sobre el escenario acuático local. Con más de 33 años dedicados a la investigación del medio ambiente, el especialista chileno habló con Crónica y brindó una perspectiva centrada en los procesos cinéticos y químicos que explican el fenómeno más allá del síntoma inmediato.
Para entender la dinámica ambiental del cuerpo de agua, Vega Rueda explicó las particularidades físicas y cinéticas de la cuenca. “Tengo que explicar procesos lógicos y químicos para poder entregar una mirada a la distancia de lo que está ocurriendo principalmente en el Golfo y como consecuencia, el efecto de las ballenas", admitió.
Iván Vega Rueda es fundador y director de la empresa Tequia Corp en Chile y Estados Unidos. Lleva 33 años investigando medio ambiente, y ha participado en Chile en situaciones similares a lo que está pasando hoy día en el Golfo Nuevo.

En ese sentido, comparó la estructura del golfo con un cuerpo de agua estancado: “Es decir, yo lo miraría casi como si fuese una laguna grande. Esto es muy relevante porque la renovación del agua define la limpieza o no del medio ambiente. Si esto fuera mar abierto, todos esos contaminantes o esos polutos estarían absolutamente diluidos. Se podría pensar que es una condición normal del mar, que resiste ciertos compuestos de microorganismos y que se diluye en un extenso mar; el problema es que el Golfo es muy estrecho en su entrada y salida del mar”.
Asimismo, advirtió sobre las alteraciones en el suelo bentónico: “Cuando tenemos un golfo que tiene muy poca renovación de agua, actúa en algunos lugares donde no hay corrientes como si fuera un lugar donde se estanca mucha materia orgánica. Eso lleva, primero, a que el fondo marino no genere el proceso que se llama surgencia. La surgencia es el cambio o la subida y bajada de materia orgánica como nutriente que logra un suelo bentónico del mar sano. Hay varias condiciones en las que el golfo está en un estado no saludable, con una imagen de fondo marino grisáceo y poroso, que es como la condición previa a un fondo marino anóxico, sin oxígeno y con presencia de sulfídrico”.
Desechos orgánicos, pesqueros y la analogía con la crisis ambiental chilena
El experto trazó un paralelismo directo con emergencias ecológicas ocurridas en el país vecino. “Me quiero referir a una situación que tuvimos nosotros hace algunos años con el vertimiento de 40.000 toneladas de salmones que fue muy publicado. Importante esta comparación o similitud porque ustedes tienen vertimiento de desechos orgánicos por cualquier motivo: agua servida, desechos orgánicos de pesca, etc. Eso genera en una zona acuática de muy poca renovación de agua una acumulación de nutrientes. Cuando se vertieron 40.000 toneladas de salmones en la zona de Chiloé, se generó un impacto muy grande porque ya venían en proceso de pudrición. Se generó una mancha de aceite de pescado o materia orgánica de más o menos 15 kilómetros cuadrados. El proceso de composición libera muchos nutrientes, y los más beneficiosos para los cuerpos de agua son nitrógeno y fósforo, que los tienen todos los pescados, productos del mar y las heces humanas”.
Esa sobrecarga nutricional desencadena severas crisis sanitarias: “Entonces generó un incremento en la propagación de algunas microalgas que son muy parecidas a las que tenemos hoy día, unos dinoflagelados que son como unos puntitos con espinas que provocan la muerte de peces y mamíferos porque se alojan en distintos lugares de respiración de los animales. Y en segundo lugar tuvimos una expansión muy grande de marea roja. Ojo, el vertimiento de salmones no produjo la marea roja, la marea roja ya existía en Chile; lo que hicieron esos nutrientes en el fondo fue incrementar la sobreproducción de microalgas que generó una crisis sanitaria y alimentaria”.
Vega Rueda relacionó este escenario con las prácticas pesqueras locales: “Ayer en una conversación me comentaban que ustedes tienen un problema en la pesca del langostino y que le llaman la pesca de descarte, que hay barcos que botan mucho pescado, mucha merluza botando la merluza en función del langostino. Esto genera varios incrementos: el ecosistema se desequilibra, genera una mayor población de gaviotas al tener alimentos disponibles, genera la descomposición del pescado y eso en la columna de agua genera un caldo de cultivo para que otras bacterias puedan proliferar. El mar tiene sus propias bacterias, muchas beneficiosas, el detalle es cuando se rompe ese equilibrio. Vertimiento de aguas servidas, vertimiento de desechos y esta pesca de descarte en un lugar sin renovación de agua genera este proceso de descomposición. Yo diría que en algunas partes del golfo podemos decir que el mar está en una condición de enfermedad”.
Origen de la bacteria, impacto en la salud animal y procesos térmicos
Respecto al hallazgo del agente bacteriano en las ballenas, el investigador puso el foco en la causa previa que permite su propagación. “Normalmente los mamíferos tenemos un sistema inmunológico que nos permite defendernos. Entonces cuando veo la prensa que dice que las ballenas están muriendo por efecto de una bacteria, bueno, los animales tienen defensas, pero hay que preguntar en qué condición están las ballenas y por qué su sistema inmunológico ha bajado tanto que por un picoteo de gaviota ingresa en su cuerpo esta bacteria”.
Sobre el origen del microorganismo, fue tajante: “Esa bacteria que está matando a las ballenas no es una bacteria natural del mar. ¿Cómo podemos hoy día analizar la muerte de las ballenas sólo por la bacteria? Hay que preguntar: ¿esa bacteria llegó por el vertimiento de agua servida, por una actividad humana o industrial? Es un Streptococcus, está en todos lados, pero no es que un animal no tenga capacidad de defensa. Son agresivas, eso sí, pero provocan tantas muertes porque el medio acuático está en una condición óptima para que prevalezca esa bacteria y no otra. La bacteria que yo le menciono es una bacteria que viene en los coliformes fecales de aguas servidas de actividades pecuarias industriales marinos y vertederos a cielo abierto donde las gaviotas se alimentan y su pico lleva esa bacteria”.

Además, explicó cómo influye la temperatura sobre los residuos acumulados: “Existe un proceso en el fondo marino que se llama ceración. ¿Qué significa? Que toda la materia orgánica que usted está tirando al mar, por las bajas temperaturas que tiene el golfo, 12 o 13 grados probablemente, toda esa materia orgánica tipo grasa se acerifica, es como si fuera una cera. Por lo tanto, se endurece y es muy difícil que se produzca una degradación rápida, porque las bacterias a esas temperaturas trabajan muy poco y hace que permanezca más en el tiempo”.
Medidas urgentes para la recuperación del hábitat marino
Consultado sobre la continuidad del fenómeno y las acciones inmediatas a tomar, el especialista descartó respuestas paliativas. “¿Y esto va a seguir ocurriendo? Mientras siga habiendo vertimientos de desecho orgánico al mar, sí, no hay otra adición. Esto no se arregla vacunando a las ballenas, por ejemplo, porque la bacteria va a prevalecer”.
A la hora de definir los pasos a seguir, recomendó frenar los efluentes y realizar diagnósticos profundos: “Si usted me pregunta qué es lo que habría que hacer en la inmediatez, es dejar de verter desecho orgánico al mar. Eso es lo primero, porque la condición de descomposición de la materia orgánica conlleva muchos problemas internos; uno es que el oxígeno que tiene el mar se va perdiendo. Hoy en día hay una bacteria, esa bacteria no es marina, es de actividad humana, por lo tanto esa es la primera conclusión que uno saca”.
Finalmente, hizo un llamado a evaluar integralmente la capacidad del ecosistema antes de emitir un veredicto definitivo: “Yo no soy biólogo marino, soy químico y con mucha experiencia en el mar, pero creo que hay que hacer estudios más allá de la bacteria. Hay que hacer un recuento de cuánto es el vertimiento de materia orgánica y un cálculo de recuperación o renovación de agua para saber cuánto permite el Golfo la recepción de esas sustancias que vienen por parte de la actividad humana. Realmente ustedes tienen una pesca tremendamente interesante con langostinos, por lo tanto tienen una vida marina rica para las ballenas; el problema es que les ensuciaron la casa a las ballenas”, concluyó.