A 11 años del femicidio de Julieta Mena: el desgarrador reclamo de su madre contra la burocracia judicial

Al cumplirse un nuevo aniversario del crimen en Ramos Mejía, Marcela Morera relató el calvario de convivir con el dolor. Su hija estaba embarazada de dos meses y medio cuando su novio la mató a golpes. “Quiero recuperar sus restos para cremarlos y llevarlos al mar”, suplicó.
sábado 10 de octubre de 2026
La autopsia determinó que Julieta murió como consecuencia de los terribles golpes que recibió y que la destrozaron por dentro, a ella y a su bebé. (Foto: gentileza Marcela Morera).
La autopsia determinó que Julieta murió como consecuencia de los terribles golpes que recibió y que la destrozaron por dentro, a ella y a su bebé. (Foto: gentileza Marcela Morera).
El calendario de Marcela Morera se rompió definitivamente el 11 de octubre de 2015. Aquel domingo, su hija Julieta Mena, de 22 años, fue asesinada a golpes por su pareja, Marcos Mansilla, en una vivienda de la localidad bonaerense de Ramos Mejía.
 
El agresor era el único que sabía en ese momento que la joven cursaba un embarazo de dos meses y medio. A 11 años del brutal femicidio que conmovió al país, la herida sigue abierta y la desidia del sistema judicial le impide a la familia alcanzar un cierre de paz.
 
"Siempre pienso en cómo hubiera sido hoy si estuviera viva, si hubiera tenido a su hijo, que ahora ya tendría 10 años. Lamentablemente pensás en lo que no pudo ser, en lo que nos arrancaron", reflexionó Marcela. A pesar de que el asesino fue condenado rápidamente a prisión perpetua, el laberinto de la burocracia mantiene a la madre en una espera insoportable: aún no logró que la Justicia le devuelva los restos de su hija.
 
 
 
Julieta tenía 22 años y estaba embarazada de dos meses y medio cuando su novio la asesinó. (Foto: Facebook/Julieta Mena).

Un ataque brutal motivado por el rechazo a la paternidad

Aquella jornada trágica, Julieta terminó su turno en una pizzería y planeaba asistir al cumpleaños de su suegra. Su familia conversó con ella por teléfono antes de que saliera, bajo la confianza de que Mansilla la acompañaría.
 
Horas más tarde, el peor escenario se hizo realidad al hallar su cuerpo sin vida. La autopsia determinó la saña del ataque: los reiterados golpes en el abdomen y la zona genital le ocasionaron el estallido del hígado y los riñones.
 
La investigación penal determinó que el detonante del femicidio fue el embarazo. Julieta estaba decidida a seguir adelante con la maternidad de forma independiente, mientras que Mansilla pretendía obligarla a abortar. Ante la negativa de la joven, decidió matarla.
 
Marcela se enteró de que iba a ser abuela días después del crimen, directo en la Fiscalía. "Fue tremendo. Me desmayé, me caí redonda", recordó. Tiempo después, las pericias al teléfono celular de Julieta confirmaron la hipótesis: "Ella quería tener a su bebé y a él no lo necesitaba para nada", sentenció con dolor.
 
 
Julieta junto a su mamá, Marcela Morera. (Foto: Facebook/ Julieta Mena).

El cinismo del femicida y una condena que no trajo alivio

Un año y medio después del asesinato, el Tribunal Oral en lo Criminal N° 5 de La Matanza dictó la pena máxima para Marcos Mansilla por homicidio calificado por el vínculo y aborto, en concurso real con femicidio. Durante el debate, que se resolvió en una sola mañana debido a la contundencia de las pruebas, el acusado mantuvo una postura desafiante.
 
"No me bajaba la mirada. Me desafiaba como diciéndome: ‘Viste, te la maté’", rememoró Marcela, quien también revivió las últimas palabras del imputado antes de oír la sentencia: "Bueno, si me encuentran culpable y me mandan preso quiero que me dejen en la celda en la que estoy, porque estoy cómodo".
 
Hoy en día, el femicida cumple su pena en el Penal de Florencio Varela. La indignación de la familia recrudeció al enterarse, mediante allegados de otros internos, que Mansilla rehizo su vida amorosa tras las rejas: "Me han mandado fotos de él con su nueva novia", reveló la madre de la víctima.
 
 
Marcos Mansilla, en una de las audiencias del juicio que lo condenó a prisión perpetua. (Foto: gentileza Marcela Morera).

Transformar el dolor en lucha colectiva

Para Marcela, la llegada de cada mes de octubre representa "volverse a partir". Con los años comprendió que el tiempo no cura el vacío, pero eligió canalizar su sufrimiento ayudando a otros. Tras desempeñarse como madrina de un refugio para víctimas de violencia de género, fundó en 2018 la organización Atravesados por el Femicidio, una red nacional que brinda contención mutua y asesoramiento a familiares.
 
Desde ese espacio, Marcela alza la voz contra quienes le piden que "deje ir" el recuerdo de Julieta: "No me estoy aferrando a una cosa que no quiero tirar a la basura, es el amor. Mataron a mi hija y a mi futuro nieto. Los arrancaron de esta tierra".
 
 
 
El homenaje a Julieta en la plaza donde solía encontrarse con sus amigas. (Foto. gentileza Marcela Morera),

Una última petición elemental a las autoridades

La lucha actual de la familia excede el castigo penal. A más de una década del crimen, Marcela cuestiona las trabas del sistema judicial que le impiden recuperar las pertenencias de Julieta, como su teléfono celular, y fundamentalmente, su cuerpo.
 
 
 
"Necesito cerrar ese capítulo, que es más terrenal. No puede ser que estemos un año para conseguir un papel que diga que la causa está cerrada, y que sigamos dando vueltas sobre algo que lo único que hace es meter el dedo cada vez más en la llaga", concluyó, con la firme esperanza de poder cremar finalmente los restos de su hija y esparcir sus cenizas en el mar.
 
Fuente: TN.