Día del Jubilado: volver a trabajar después de los 65, la solución de los adultos mayores para afrontar la pérdida del poder adquisitivo
Un hombre canoso que pedalea en su bicleta para entregar un pedido de una aplicación de delivery, una mujer de 68 años que traslada pasajeros en un vehículo alquilado por día, otro adulto mayor que ofrece changas como albañil/electricista en los comercios del barrio. Estas situaciones -cada vez más frecuentes en todo el país- son el reflejo de la nueva realidad que afrontan los jubilados en una época donde el "equilibrio fiscal" es prioridad, pero dejar de trabajar después de los 60 o 65 años pasó a ser un sueño alcanzable solo para unos pocos.
En el marco del Día del Jubilado, que se celebra cada 20 de septiembre, más de 22 mil adultos mayores lo celebrará trabajando. No necesariamente porque quieran seguir formando parte del mercado laboral, sino porque sus ingresos ya no les alcanzan para pagar medicamentos, alquiler, comida y servicios. A este contexto difícil se le sumó un factor todavía más desesperante: muchos de ellos se vieron obligados a volver a trabajar para cancelar deudas que adquirieron, precisamente, para solventar esos gastos.
En el último año, se multiplicó la cantidad de jubilados que sumaron alguna "changa" o buscan empleo. La misma generación que fue víctima del trabajo en negro la mayor parte de su vida laboral y no supera los 500 mil pesos mensuales, es ahora la más golpeada por la pérdida de poder adquisitivo que la motosierra del presidente Javier Milei aplicó sobre el sector previsional.

Un relevamiento del Instituto Argentina Grande (IAG), en base a datos oficiales del Indec midió el fenómeno tomando como referencia al "desempleado ampliado", estas son las personas mayores que "buscan trabajo, han trabajado ninguna o muy pocas horas la última semana, las horas que trabajaron fueron en una actividad desprotegida".
De acuerdo al informe, un trabajador desprotegido "no tiene aportes, no son patrones, no tienen antigüedad en su tarea, no trabajan para afuera en la rama de consultoría y programación, y no laburan por su cuenta con capital propio ni en estructuras grandes".
Al relevar ambas categorías, se acumula un total de 68.700 mayores de 66 años buscando trabajo.
En tanto, se registró un 7,7% de jubilados con trabajo desprotegido en el primer trimestre de 2026, este universo abarca a más de 42.000 personas. El año anterior, el porcentaje fue del 3,8%, 19.700 individuos. Es decir, más de 22 mil personas mayores de 66 años se sumaron al sector informal en el último año.

Ingresos en picada y deudas impagables
En paralelo al regreso forzado al trabajo, los jubilados perdieron el 23% del poder adquisitivo desde que gobierna Milei. Esto implicó una caída acumulada cercana a los 7.3 millones de pesos por cada adulto mayor desde entonces, según un informe elaborado por el Mirador de la Actualidad del Trabajo y la Economía (MATE).
Los jubilados de la mínima son los más afectados por la motosierra libertaria: perdieron el 30% de su poder de compra y acumulan una pérdida equivalente a 8.4 jubilaciones de 2023.
Los haberes mínimos actuales, complementados por un bono extraordinario que permanece congelado desde marzo de 2024, se ubican muy por debajo de los gastos indispensables para este sector de la sociedad. El valor de la Canasta Básica de los Jubilados que releva la Defensoría de la Tercera Edad de CABA se ubicó en agosto en $1.824.682 (incluye alimentación $410.600; medicamentos $503.600; limpieza $116.008; vivienda $360.150; transporte $99.684; vestimenta $63.250, recreación $120.000 y servicios $151.350). Esta cifra representa casi cuatro veces más que lo que cobra un jubilado de la mínima.
Esta insuficiencia de recursos empujó a una gran cantidad de jubilados a contraer deudas con tarjetas de crédito o préstamos con billeteras virtuales. El incremento en la morosidad dentro de este segmento refleja que los créditos no se destinan a gastos suntuarios, sino a la compra de fármacos y al pago de servicios atrasados.
Ante la imposibilidad de afrontar las cuotas de estos compromisos financieros, muchos adultos mayores se ven obligados a buscar otro ingreso. Los testimonios recopilados reflejan la gravedad de la situación. Mirta, de 68 años y chofer de aplicaciones, explicó al diario Crónica los motivos que la impulsan a trabajar seis días a la semana: "Cobro la jubilación mínima, que en este momento no supera los 500 mil pesos. Si pago el alquiler, no como. Si compro comida y pago los servicios, no cubro el alquiler. La única forma fue seguir trabajando después de jubilarme", sostuvo.
En la misma línea, añadió: "En este momento tengo que seguir para poder cubrir por lo menos lo indispensable, no queda otra. Mientras la salud me lo permita".

Por su parte, Beatriz, de 75 años, relató su experiencia tras volver a trabajar: "Para poder vivir con la mínima retomé los trabajos como costurera. En el barrio (Morón), los vecinos me conocen porque hice arreglos toda mi vida, pero en 2020 pude parar y llegaba con la jubilación. Desde el año pasado tuve que volver a poner el cartel de costurera en la puerta de casa porque los servicios se me fueron al demonio".
La mujer asegura que "todavía" no sacó un préstamo con una billetera virtual porque sus familiares la ayudan en caso de que "le falte algo", pero muchos otros jubilados no corren con esa misma suerte. El endeudamiento con entidades no bancarias, cuyas tasas de interés alcanzan porcentajes usureros, agrava la situación. La falta de alternativas de crédito estatal tras la suspensión de los préstamos de la ANSES incrementó la vulnerabilidad de los jubilados que encuentran una supuesta solución en estos créditos que luego se tornan impagables.
Según datos del Banco Provincia, entre agosto de 2024 y julio de 2026, los jubilados con pagos atrasados pasaron de 234.724 a 603.441. El aumento fue del 157%. En porcentaje, la irregularidad trepó del 2,8% al 6,7%.
Informe especial Grupo Crónica. Por Jimena Golender.