Déficit habitacional

Cuatro de cada diez hogares argentinos tienen problemas de vivienda

Un informe de la UNSAM reveló que el 40,67% de los hogares presenta algún tipo de déficit habitacional. Los problemas alcanzan a unos 6,4 millones de hogares y van desde el hacinamiento y las deficiencias constructivas hasta la falta de acceso a servicios básicos.
domingo 13 de septiembre de 2026

El 40,67% de los hogares argentinos presenta algún tipo de déficit habitacional, lo que representa alrededor de 6,4 millones de hogares distribuidos en todo el país. Así lo reveló el Atlas de la Vivienda Digna y Sustentable en Argentina, elaborado por el Centro de Estudios Económicos Urbanos de la Escuela de Economía y Negocios de la Universidad Nacional de San Martín (CEEU-UNSAM) junto con Saint-Gobain.

El relevamiento plantea una mirada integral sobre la problemática: no solamente contabiliza a quienes necesitan acceder a una casa, sino también a aquellos hogares que viven con hacinamiento, materiales inadecuados o dificultades para acceder a servicios esenciales.

De los 6,4 millones de hogares alcanzados por algún tipo de déficit, cerca de 687.000 necesitan una nueva vivienda. Para la mayoría restante, las necesidades están relacionadas con mejoras en las condiciones de las unidades que ya habitan.

Servicios básicos y hacinamiento, entre los principales problemas

Uno de los datos centrales del estudio es que el 25,45% de los hogares presenta conexiones deficitarias a servicios básicos, mientras que casi el 15% atraviesa situaciones de hacinamiento.

Las diferencias también aparecen al analizar el acceso a infraestructura sanitaria. Mientras el 85% de los hogares cuenta con agua potable mediante la red pública, solamente el 61,7% tiene conexión a la red cloacal.

En materia de calidad constructiva, el 62,7% de las familias vive en unidades construidas con materiales considerados resistentes y adecuados. El porcentaje restante presenta diferentes niveles de deterioro o precariedad.

En total, más de 6,2 millones de hogares tienen algún déficit cualitativo, es decir, problemas que podrían abordarse mediante mejoras de infraestructura, servicios o condiciones constructivas sin requerir necesariamente una vivienda nueva.

Fuertes diferencias entre las provincias

El Atlas también expone una importante desigualdad territorial. Mientras la Ciudad de Buenos Aires registra los menores niveles de déficit habitacional, la situación se agrava especialmente en el norte argentino.

Santiago del Estero, Chaco y Formosa superan el 55% de hogares con algún tipo de déficit, además de concentrar elevados niveles de hacinamiento y viviendas construidas con materiales deficientes.

Las diferencias muestran que la problemática habitacional no se distribuye de manera uniforme y que las necesidades de infraestructura y vivienda varían considerablemente según cada región.

Cada vez menos hogares son propietarios

El informe también puso el foco sobre las dificultades para acceder a una vivienda propia. La proporción de hogares propietarios cayó del 73% en 2010 al 68,9% en 2020.

A esto se suman transformaciones demográficas que modificaron las necesidades habitacionales, como el crecimiento de los hogares unipersonales y monoparentales, la reducción de la cantidad promedio de integrantes por familia y el envejecimiento de la población.

Frente a este escenario, el estudio sostiene que las políticas habitacionales deben contemplar no solamente la construcción de nuevas unidades, sino también la calidad de las viviendas, el acceso al agua y saneamiento, la eficiencia energética, la seguridad sobre la tenencia y la accesibilidad económica.

“El Atlas de la Vivienda pone en evidencia el alcance de los déficits habitacionales y la necesidad de abordarlos con información, planificación y una mirada de largo plazo”, señaló Tomás Quinteros, CEO de Saint-Gobain Argentina y Uruguay.

El informe propone así avanzar hacia una concepción más amplia de vivienda digna y sustentable, incorporando además criterios de eficiencia en el uso de recursos y capacidad de adaptación frente a fenómenos climáticos extremos.