Enseñar también es acompañar: la historia de una maestra que eligió la escuela rural
Este 11 de septiembre, mientras celebra sus 32 años, Dana Nicole González también celebra una profesión que eligió convencida de que enseñar puede transformar, aunque sea un poco, la vida de alguien. Se recibió de docente de Educación Inicial en 2021 y al año siguiente comenzó a trabajar en la sala de Jardín Los Pekes y Las Pekas, anexa a la Escuela Primaria N° 92, donde continúa actualmente.
“Considero que, desde nuestro lugar, podemos hacer un aporte inmenso y cambiar, no digo el mundo, pero sí un poco la vida de alguien, que seguramente cambiará el mundo”, expresó Dana en diálogo con Diario Crónica.
La escuela rural fue su primera posibilidad para ingresar al sistema educativo. Sin embargo, aquello que inicialmente fue una oportunidad terminó convirtiéndose en una elección que sostiene hasta hoy. “Considero que fue una especie de suerte o destino, que actualmente continúo eligiendo. Sobre todo, porque decidí vivir en este lugar”, contó.
Una escuela que es mucho más que un lugar para aprender
Ubicada en Manso Inferior, la Escuela Primaria Rural N° 92 es una institución histórica de la zona y cumple un rol fundamental para las familias de los distintos parajes cercanos a la frontera. Allí, además de aprender, los niños encuentran un espacio para encontrarse, jugar, compartir y crecer junto a otros.

Para Dana, esa particularidad atraviesa profundamente la tarea docente. La jornada comienza antes de llegar al aula: cada día recorre 16 kilómetros para llegar hasta la escuela y otros tantos al regresar, atravesando caminos de ripio. Pero además del traslado, la tarea implica preparar con anticipación cada detalle de la jornada.
“Como toda docente, comienzo mi jornada mucho antes de llegar a la escuela, ya que te asegurás de preparar todo lo necesario para dar las clases y ojo con olvidarte algo, porque volver no es opción”, relató.
Una vez en la sala, prepara el espacio para recibir a sus alumnos. El día comienza con el almuerzo que diariamente preparan las cocineras de la escuela y continúa con actividades y juegos pensados especialmente para ellos.
“En el paraje no hay otros lugares o espacios que reciban a las infancias, entonces la escuela además de ser el lugar de aprendizaje, es el lugar para socializar, para jugar y para crecer con otros”, explicó.
Y agregó: “Creo que ahí radica la diferencia, el lugar que se le otorga a la escuela y por ende a los y las maestras que estamos en ella”.
Los desafíos que se afrontan en comunidad
Las distancias, el transporte y las condiciones de acceso forman parte de los desafíos cotidianos de la comunidad educativa. Si bien existe transporte escolar, en determinadas ocasiones no se encuentra en las condiciones necesarias, afectando directamente a los estudiantes. Una situación que también alcanza a docentes que no cuentan con movilidad propia.
A las particularidades del territorio se suman las realidades laborales de las familias, donde existen trabajos estacionales y actividades vinculadas con los recursos de la zona, como la leña, la lana y los helechos. También hay familias productoras que buscan optimizar los recursos disponibles procurando preservar el ambiente natural de la comunidad.

La distancia respecto de los centros urbanos representa, además, un desafío cuando la escuela proyecta salidas pedagógicas. Los costos de traslado pueden ser elevados y, para concretarlas, la comunidad suele organizar rifas, bingos, ventas y distintas acciones solidarias.
“Es ahí donde se ve y refleja el trabajo conjunto de la comunidad, porque no importa para quién sea o para qué se vaya a utilizar el dinero, siempre hablando en términos educativos, todos colaboran de una u otra forma”, destacó Dana.
La articulación también se extiende a otras instituciones de la comunidad. Desde la escuela se impulsan propuestas junto con las familias, el centro de salud, Parques Nacionales, el SPLIF, escuelas primarias y jardines anexos, el CET N° 35 y otros espacios. A esto se suman propuestas y adecuaciones curriculares destinadas a acompañar las necesidades concretas de los estudiantes, que no siempre son exclusivamente educativas.
El valor de ser un referente para la comunidad
Trabajar en una comunidad pequeña también genera vínculos particulares. Los estudiantes se conocen entre sí, muchas veces son familiares y comparten espacios fuera de la escuela. En ese contexto, los docentes terminan conociendo también parte de las realidades que atraviesan a las familias.

“Al tratarse de comunidades chicas, a veces se siente una especie de aire familiar, sin ser familia”, describió la docente a nuestro equipo. Esa cercanía convierte a los docentes en referentes importantes dentro de la comunidad y, para ella, también implica asumir un compromiso mayor.
“Me gratifica saber que con mi trabajo estoy aportando algo significativo a quienes comparten diariamente conmigo”, sostuvo.
Y muchas veces ese reconocimiento no llega en grandes gestos. Aparece en una sonrisa, un dibujo, un mensaje inesperado, un abrazo después de un reencuentro o un sencillo “te extrañé, maestra”.
Son esos pequeños momentos los que, según cuenta, vuelven a darle sentido a la elección profesional.

“Te veo mañana”: el gesto que impulsa a seguir
Dana no desconoce las dificultades que atraviesa actualmente el sistema educativo. Habla de las falencias, de los recursos que muchas veces no alcanzan y de situaciones en las que los docentes pueden sentirse solos. Pero también encuentra en el vínculo cotidiano con sus estudiantes una respuesta que la impulsa a continuar.
“Si cuando terminás el día por lo menos un estudiante te dice gracias, te devuelve una sonrisa o simplemente te dice ‘te veo mañana’, sabés que algo bueno hiciste y es el impulso que terminás necesitando para seguir un día más”, expresó.
En este Día del Maestro, su historia permite mirar la docencia rural desde un lugar que va más allá de las dificultades: como una tarea que se construye diariamente en el vínculo con los estudiantes, las familias y las instituciones de una comunidad.
Una tarea en la que enseñar también significa acompañar, escuchar, estar presente y formar parte. Y en la que, a veces, una frase tan sencilla como “te veo mañana” puede convertirse en la mejor razón para volver al aula al día siguiente.