Un colapso glaciar provocó la tragedia en el Himalaya
Un colapso glaciar en el Himalaya desencadenó una catastrófica riada que ha dejado al menos 162 muertos y cientos de desaparecidos en la frontera entre Nepal y China, transformando el paisaje montañoso en una zona de desastre absoluto.
El fenómeno no fue una inundación convencional, sino una avenida súbita de una violencia extrema. Según expertos, el derrumbe movilizó agua, hielo, sedimentos y enormes bloques de roca, alcanzando caudales que podrían llegar a los 15.600 metros cúbicos por segundo. Este flujo, descrito como un "proyectil líquido", posee la capacidad de arrasar infraestructuras críticas, puentes y viviendas a su paso por los estrechos valles de la región.
El colapso fue tan violento que generó una señal sísmica inicialmente confundida con un terremoto. "El glaciar no es una mole inmóvil, sino un río de hielo sometido a tensiones constantes", explicaron los especialistas, destacando cómo la inestabilidad del terreno y el efecto dominó geológico convierten el deshielo en una amenaza mortal para las poblaciones situadas aguas abajo.

El mapa de riesgo en las alturas
El calentamiento global ha acelerado la formación de más de 5.000 lagos glaciares en el Himalaya, muchos de ellos contenidos por morrenas inestables. Aunque el retroceso de los glaciares es evidente, los científicos advierten que la relación entre el cambio climático y cada desastre es compleja. "No basta con saber cuánto hielo desaparece; hay que conocer qué puede desencadenar el colapso", señalan los investigadores, subrayando que la vulnerabilidad depende de la interacción entre la geología local y la exposición humana.
La tragedia en Nepal pone de relieve cómo el crecimiento de estos lagos, observado mediante satélites desde 1977, crea nuevas configuraciones de riesgo. A pesar de que estudios publicados en Nature Climate Change no hallaron una tendencia significativa en la frecuencia de estas inundaciones desde los años 80, la combinación de precipitaciones extremas y la inestabilidad del terreno sigue siendo una amenaza latente para las comunidades que habitan los corredores de montaña.
Con información de NatGeo