Vapeadores: advierten por sus efectos en el cerebro de los adolescentes

La neumonóloga infantil Sandra Barría, en diálogo con Crónica, advirtió sobre los riesgos del cigarrillo electrónico en niños y adolescentes. Explicó qué sustancias contienen, cómo actúa la nicotina sobre un cerebro que todavía está en desarrollo y por qué es fundamental que las familias hablen del tema sin retar ni juzgar.
sábado 22 de agosto de 2026

El vapeo dejó de ser una práctica aislada para convertirse en una preocupación creciente entre pediatras y familias. Los dispositivos electrónicos, que suelen presentarse con diseños llamativos, colores y sabores dulces, pueden generar en los adolescentes una falsa sensación de seguridad bajo la idea de que se trata solamente de vapor. Sin embargo, detrás de ese vapor hay sustancias químicas que pueden afectar la salud.

En diálogo con Crónica, la neumonóloga infantil Sandra Barría explicó que los vapeadores son dispositivos que cuentan con una batería que calienta un líquido contenido en un receptáculo. Al calentarse, esa sustancia se transforma en vapor que es inhalado por la boca hacia los pulmones.

Según detalló, existen diferentes modelos y muchos de ellos están especialmente diseñados para resultar atractivos para los más jóvenes. "Hay modelos muy llamativos, muy atractivos, colores, con sabores, dulces, aromatizantes, todas condiciones para atraer, sobre todo a la población adolescente, a que lo consuman", señaló.

No es solo vapor

Una de las principales dificultades para abordar el vapeo es la percepción de que representa una alternativa inofensiva al cigarrillo tradicional. Barría explicó que, si bien en el cigarrillo electrónico no existe combustión ni fuego, el calentamiento del líquido genera la liberación de diferentes sustancias.

Mientras que el cigarrillo convencional quema tabaco y papel y produce humo con miles de sustancias tóxicas, entre ellas alquitrán y monóxido de carbono, los vapeadores también pueden contener nicotina, saborizantes, aromatizantes, metales pesados, formaldehído y glicerina, entre otros componentes.

"Se liberan sustancias también tóxicas, se libera la nicotina, que es un potente adictivo del tabaco, pero también tienen otras sustancias", explicó la especialista. Y agregó que muchas de ellas pueden resultar irritantes para las vías respiratorias y algunas pueden tener potencial cancerígeno. Por eso, insistió en que "el vapear no es inocuo, no es inofensivo, no está libre de daño".

Un cerebro que todavía está en desarrollo

La presencia de nicotina adquiere especial relevancia cuando se trata de niños y adolescentes. Barría explicó que el cerebro continúa madurando hasta aproximadamente los 25 años, por lo que durante la adolescencia existe una mayor vulnerabilidad frente a las adicciones. "Antes de este tiempo tienen mayor inmadurez cerebral y, por lo tanto, tienen mayor capacidad para, por ejemplo, tener adicciones", indicó.

La nicotina puede afectar también aspectos vinculados con la concentración, la memoria, la conducta y el control de los impulsos. La especialista remarcó que el consumo puede generar dependencia rápidamente y que no es necesario vapear todos los días para que exista un riesgo. "La adicción comienza rápido en los niños, en los adolescentes", sostuvo a nuestro equipo.

Además, advirtió sobre el denominado consumo dual: adolescentes que comienzan utilizando vapeadores y luego incorporan cigarrillos tradicionales. "Los chicos empiezan vapeando y terminan fumando los cigarrillos comunes", explicó, y señaló que también puede existir una mayor posibilidad de avanzar hacia otras adicciones.

Una práctica que puede pasar inadvertida en casa

Barría contó que, durante sus consultas pediátricas, pregunta a sus pacientes por el conocimiento y el uso de estos dispositivos, ya que el inicio del consumo puede producirse a edades tempranas.

Según explicó, los niños pueden comenzar a acercarse al hábito de fumar entre los 13 y los 14 años, por lo que considera importante que las conversaciones sobre el tema comiencen antes de que terminen la escuela primaria y se profundicen durante la secundaria.

El problema es que muchos padres pueden no advertir que sus hijos vapean. Los dispositivos son pequeños, algunos tienen un tamaño similar al de un pendrive y el vapor se disipa rápidamente, sin dejar un olor persistente. "Los chicos pueden vapear en sus habitaciones, encerrados, pueden esconderlo", explicó.

La especialista también señaló que los adolescentes pueden acceder a los dispositivos dentro de los propios colegios, incluso a través de la venta entre pares. En ese contexto, consideró que todavía existe una falta de información y prevención. "Yo creo que tendríamos que tener mucha más información, tendríamos que hacer más prevención con los chicos en esta edad", afirmó.

¿Cómo pueden saber los padres si sus hijos vapean?

Para Barría, la clave no está en comenzar una conversación desde la acusación o el reto. Por el contrario, recomienda que los adultos primero se informen y luego generen un espacio de confianza.

En lugar de preguntar directamente "¿ya fumaste?", propone comenzar con preguntas como si conocen los vapeadores, si los vieron o si saben qué contienen. "Cuando los chicos tienen un diálogo más fluido, no con el ánimo de retar, sino de charlar, ellos cuentan", explicó.

Entre las señales que pueden aparecer cuando existe una dependencia mencionó cambios de conducta, irritabilidad cuando no pueden vapear y un consumo cada vez más frecuente, incluso dejando de ocultarlo.

Riesgos respiratorios y otros efectos

El uso sostenido de vapeadores puede provocar diferentes consecuencias sobre el organismo. Barría mencionó la exposición permanente a sustancias irritantes, químicas y potencialmente cancerígenas, además de la dependencia a la nicotina.

Entre los efectos asociados al consumo señaló lesiones precancerosas en la boca documentadas en la literatura, irritación dental y una mayor tendencia a las caries.

En el aparato respiratorio, sostuvo que quienes vapean pueden presentar una mayor predisposición a infecciones respiratorias, asma, neumonías y cuadros de bronquitis y tos crónica.

También explicó que el vapeo puede afectar las defensas del organismo, lo que se relaciona con una mayor tendencia a las infecciones respiratorias.

El peligro de los líquidos y las baterías

La preocupación no se limita al adolescente que utiliza el dispositivo. Los líquidos de los vapeadores también pueden representar un riesgo para niños pequeños y mascotas si son ingeridos accidentalmente.

Barría remarcó que estos productos contienen sustancias tóxicas y que deben mantenerse fuera de su alcance. Según explicó durante la entrevista, pequeñas cantidades pueden contener una concentración importante de nicotina.

Además, señaló que los propios dispositivos tienen baterías que pueden alcanzar diferentes temperaturas y que existe riesgo de explosión cuando son manipuladas de manera incorrecta.

El mensaje para las familias

Ante la sospecha de que un hijo está vapeando, Barría recomendó evitar las reacciones basadas en el enojo o la confrontación. Para la especialista, el primer paso debe ser que los padres se informen y recurran a fuentes confiables, especialmente al pediatra de cabecera. "Es muy importante que los padres primero conozcan, se informen ellos", sostuvo.

A partir de allí, consideró fundamental mantener una conversación sincera y fluida con los adolescentes, sin retarlos, para explicarles que el vapeo no consiste simplemente en inhalar vapor. "No es solo vapor, son sustancias que lo pueden enfermar, que le causen daño a la salud", remarcó.

El objetivo, explicó, es que los jóvenes puedan comprender los riesgos y tomar decisiones vinculadas al cuidado de su salud y su futuro. 

Para quienes buscan información, Barría recomendó principalmente acudir al pediatra de cabecera y consultar literatura y fuentes confiables. "El primero que tiene que ser es el pediatra", concluyó.