Se jubiló Miguel Guerrero, el hombre que supo describir el terror de los '90
El viernes pasado fue el último día laboral de Miguel Guerrero antes de abrazar su jubilación como redactor. Con él se despide una etapa del periodismo policial de Comodoro.
Guerrero supo describir grandes atracos, procedimientos policiales, y homicidios escabrosos de la década del 90 y 2.000. De escribir desde la Alcaidía Policial a la vieja Olivetti en la redacción de Crónica, a contar detalles de un indignante caso de violación a nivel nacional junto a Mauro Viale. Guerrero se lleva su viejo grabador a casete y con él miles de entrevistas a buenos y malos.

Entre los archivos, y bajo el cuadro de Don Zamit, Miguel Guerrero cuenta sus historias de cronista policial en el último día laboral en Diario Crónica.
Es viernes 31 de julio a la tarde. Lo escucha la nueva generación del diario. Lo sigue muy de cerca uno de sus laderos más inmediatos que tuvo la profesión, Alejandro Paillahuala.

Se ríen, disfrutan de lo que el periodismo les ha entregado. Principalmente, miles de historias en la calle y en coberturas de último momento, esas que exigían ponerle el cuerpo a la noticia. Recuerdan con risas cuando volvieron sin parabrisas desde Garayalde en el móvil que conducía el Portu Guerreiro porque una piedra les había saltado en pleno viaje a cubrir un vuelco. Llegaron congelados, aguantando el frío. Pero la foto y la información estaba.
Tienen miles de historias, quizás Miguel se las lleva en el grabador a casete que sacó el viernes de su cajón de archivo. Con el que entrevistó a malos y buenos, a policías, y fiscales, jueces y ladrones, violadores y asesinos. A bomberos y a médicos, a héroes y también a artistas.
Miguel llegó escribiendo "Crónicas de un tiempo en la Alcaidía", y rápidamente entabló un vínculo directo con los vecinos, con las víctimas, con policías e investigadores, pero también con los que tenían la otra versión en el barrio, en la calle y detrás de los barrotes. "Llamaban a Crónica para entregarse", confiesa cuando le sonaba el teléfono de alguno que pedía garantías para ser detenido.
De cubrir incendios, o descuartizamientos a entrevistar a José Larralde en el más lujoso hotel de la ciudad, Miguel se va con miles de historias que seguramente en los próximos días volcará en sus memorias. Aquí las páginas del diario lo aguardarán entusiasmadas de volver a encontrarse con su pluma exquisita que describió las más oscuras intenciones de la crónica roja en la región.