Pequeñas grandes historias de la ciudad
La historia de Mortero, el perro de Comodoro que combatió en Malvinas y volvió como prisionero de guerra
Hay historias de la Guerra de Malvinas que quedaron grabadas en la memoria de los excombatientes más allá de los partes militares. Una de ellas es la de Mortero, el perro que integró el Regimiento de Infantería 8 de Comodoro Rivadavia y que acompañó a los soldados durante el conflicto bélico de 1982, hasta el punto de ser considerado un integrante más de la unidad.
Mortero era un perro mestizo de pelaje marrón amarillento que había sido adoptado por el cabo primero Víctor Alberto Funes en el cuartel de Comodoro Rivadavia. Con el paso del tiempo se convirtió en parte de la rutina del regimiento, acompañando ejercicios, recorridas y actividades diarias junto a los militares.

Cuando el Regimiento de Infantería 8 fue convocado para partir hacia las Islas Malvinas, el 2 de abril de 1982, el animal se subió sin que nadie lo advirtiera a uno de los camiones que luego fueron embarcados en un avión. Su presencia fue descubierta cuando el vuelo ya estaba en marcha, por lo que terminó viajando junto a la tropa al escenario del conflicto.
Durante los 74 días que duró la guerra, Mortero permaneció junto a los soldados. Compartió las trincheras para ayudarlos a soportar las bajas temperaturas, acompañó patrullas que se extendían por varios días y cruzó junto a ellos sectores minados. Quienes combatieron recuerdan que también actuaba como una especie de alerta temprana: aullaba cuando se aproximaban ataques o permanecía atento al movimiento de helicópteros en la zona.

Los excombatientes relataron que el perro acompañaba a los grupos hasta los límites de las primeras líneas y luego los esperaba para recibirlos cuando regresaban de las misiones. Con el paso de los días, dejó de ser simplemente una mascota y pasó a ser considerado un compañero más dentro del regimiento.
Tras la rendición argentina, Mortero también fue tomado como prisionero de guerra junto a los soldados. Durante el traslado en el buque británico Norland protagonizó una escena que quedó en el recuerdo: después de orinar sobre una alfombra, los militares ingleses pretendieron dejarlo en las islas. Sin embargo, los soldados argentinos se opusieron y defendieron su permanencia con una frase que se volvió emblemática: "Tiren a un soldado, pero no a Mortero". Finalmente, le permitieron regresar al continente con la condición de que no causara inconvenientes durante el viaje.

Finalizada la guerra, el perro volvió al Regimiento de Infantería 8 y tiempo después fue adoptado por la familia de un oficial. Murió de viejo en Comodoro Rivadavia, rodeado del afecto de quienes lo cuidaron tras el conflicto.
Su historia permanece vigente en la ciudad. Mortero tiene un espacio en la sala histórica del Regimiento de Infantería 8, fue inmortalizado mediante una estatua y su nombre forma parte de la memoria de quienes recuerdan el papel que desempeñó junto a los soldados argentinos durante la Guerra de Malvinas.
