El comercio en el centro de Comodoro, entre el bajo consumo y la competencia informal
La economía y la comercialización que atraviesa Comodoro Rivadavia ha dejado de ser una percepción para convertirse en una realidad estadística alarmante.
Si bien en las calles céntricas de Comodoro se observan nuevas aperturas, este dinamismo es engañoso. Crónica recorrió la calle San Martín y la Rivadavia, pero el ritmo de ventas es muy bajo, de mañana.
Si bien no hay datos concretos, desde la Cámara de Comercio admiten que la ciudad ha perdido entre 250 y 300 comercios solo en el último semestre.
Esta cifra no es solo un número frío, sino que representa el desmoronamiento de una estructura económica que solía ser el motor de la región, exponiendo un deterioro de la actividad que parece no encontrar piso.
El cierre de locales y la "trampa" del emprendedor por necesidad
Algunos comerciantes de trayectoria cambian de rubro en un intento por sobrevivir a la caída de ventas en su sector original. Por otro, surge el fenómeno del "emprendedor por necesidad": personas desvinculadas de la industria petrolera que invierten sus indemnizaciones en negocios para los que no tienen experiencia previa.
Este ciclo suele cerrar de forma trágica, con familias que en pocos meses pierden tanto el capital obtenido por sus años de trabajo como el nuevo comercio que no logró sostenerse.

Las razones detrás de este escenario son múltiples y complejas. La caída del consumo interno es el factor central, pero se ve agravada por una competencia que el comerciante tradicional considera desleal o imposible de equiparar.
Un comerciante de la calle San Martín advierte "off the record" que el avance de las ferias informales, y la venta ambulantes, han desplazado al local establecido en los últimos meses.
En muchos locales de la calle San Martín solo están los empleados esperando a clientes, mientras ordenan los estantes y la indumentaria pero no se ven ventas como en otros momentos.
A esto se suma el crecimiento imparable del comercio online, donde las plataformas nacionales e internacionales ofrecen precios que el vendedor local, asfixiado por los costos operativos y logísticos, no puede alcanzar.
Un aspecto crítico de esta transformación es la "fuga hacia la informalidad". Ante la imposibilidad de afrontar la presión tributaria y los costos de mantener un local abierto al público, muchos comerciantes optan por cerrar sus puertas físicas pero mantener su actividad de manera clandestina a través de redes sociales.
Esta dinámica genera un doble perjuicio: por un lado, desprotege al sistema de recaudación estatal y, por otro, castiga a aquellos que intentan mantenerse dentro de la ley, quienes deben competir con costos mucho más elevados.
El rubro de la indumentaria y el calzado es el que más sufre esta transición, representando el 20 por ciento de los cierres totales, comentaron desde la Cámara de Comercio.

El cambio cultural en el consumidor también juega un rol determinante. Se ha detectado una tendencia donde las familias recorren los locales, se prueban los productos y consultan asesoramiento técnico, para luego concretar la compra a través de internet buscando un precio menor. Esto convierte al comercio físico en un "probador gratuito" que no genera ingresos, pero sí gastos de alquiler, luz y salarios.
En definitiva, el panorama para el sector mercantil de Comodoro Rivadavia se encuentra en una encrucijada donde la resiliencia parece no ser suficiente. La combinación de una presión impositiva que no da tregua, el avance de la informalidad y los nuevos hábitos de consumo digital han configurado una "tormenta perfecta" que amenaza con seguir vaciando las vidrieras de las calles San Martín y Rivadavia.
La ciudad corre el riesgo de transformar su histórico dinamismo en un paisaje de persianas bajas, donde el esfuerzo de años de trabajo y las indemnizaciones del sector petrolero se diluyen en un mercado que, por ahora, solo ofrece incertidumbre.
Para Macharashvili "declarar la emergencia no es la solución"
La situación del comercio en Comodoro Rivadavia atraviesa un momento crítico de "acomodamiento" y transición. El intendente Othar Macharashvili, hablo al respecto y dejó en claro que la solución no reside en una simple declaración de emergencia, sino en un análisis profundo de la rentabilidad y los nuevos hábitos de venta.
El mandatario señaló que la combinación de una inflación en dólares creciente y el aumento desmedido de costos fijos, especialmente tras la desregulación de las tarifas de gas y energía, ha puesto al sector en una posición defensiva.
En este sentido, fue tajante respecto a la imposibilidad de aplicar subsidios municipales: "Nada es gratis; si alguien hace un subsidio, alguien lo paga".
Este escenario de baja en el consumo tiene un componente local ineludible: la salida de YPF y el cambio en el formato de producción de crudo. Este proceso ha dejado un tendal de despidos y familias sin ingresos ni obra social, lo que Macharashvili describe como una "nube gris" que impacta directamente en el mostrador de cada comercio.

Además, mencionó la dificultad de negociar los alquileres, ya que muchos propietarios dependen de esa renta para vivir y se resisten a relegar fondos, complicando aún más la estructura de costos para el comerciante.
Al ser consultado por Crónica sobre medidas específicas como la suspensión del Sistema de Estacionamiento Medido (SEM) para fomentar las ventas, el intendente se mostró cauteloso, comparando la situación con una "manta corta". Advirtió que retirar esos recursos requiere encontrar una forma de sustituirlos y que no está probado que liberar el estacionamiento sea la solución real al problema de fondo.
A pesar de la incertidumbre, el municipio apuesta a la diversificación para reactivar el empleo. Macharashvili destacó gestiones con inversores interesados en desembolsar 40 millones de dólares en un proyecto de salmónidos, además de la reformulación de la Zona Franca para atraer nuevas empresas. "Estoy segurísimo de que Comodoro va a retomar la senda de producción, pero también en otros rumbos", concluyó, subrayando la necesidad de generar confianza para que la inversión privada vuelva a fluir en la ciudad.